Difusión de información en red

12 noviembre 2009

Informa SINC, el Servicio de Información y Noticias Científicas de la FECYT, que dos investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid e IBM acaban de publicar en Physical Review Letters, una revista de primera línea, un estudio sobre la difusión de la información en las redes sociales. Creo que el trabajo está despertando bastante atención; desde luego a mí me interesa (con toda la modestia de mero aficionado) y, en un caso más de replicación de información en la red, me quiero hacer eco de ello.

Los autores explican al comienzo de su artículo que modelizar las dinámicas sociales como el resultado emergente de la interacción informativa entre individuos es habitual hoy en día, con la ayuda de la física estadística. Así se hace con fenómenos como la extensión de las epidemias, la difusión de las innovaciones, la formación de la opinión pública, las dinámicas culturales, los virus informáticos, la propagación de rumores o modas, el marketing viral, etc.

El artículo aborda en concreto los procesos de difusión de la información y la influencia en ellos de comportamientos humanos diferenciados. Y la principal conclusión parece ser que la información se propaga de una forma relativamente lenta casi siempre, lo que se debe a los muy diversos tiempos de respuesta de los individuos, cuya conducta altera cualitativamente la dinámica de la propagación informativa a nivel colectivo. Esta heterogeneidad parece deberse a la diferente relación entre la información y el individuo, que crea usuarios de respuesta rápida y de respuesta lenta.

El estudio supone un avance destacable en el análisis, medición y predicción matemáticas de los procesos de difusión de la información y, en definitiva, en la modelización científica de fenómenos humanos colectivos. Lo que más interesante me parece es la idea general de que los complejos sistemas psicosociales pueden estudiarse desde los procesos informacionales subyacentes, desde un punto de vista físico y naturalista.


La ciencia en castellano

6 noviembre 2009

Hace pocos días, el Instituto Cervantes y la Fundación Santillana han publicado y presentado un libro titulado El español: lengua para la ciencia y la tecnología. Con él parece que pretenden eso mismo, promover la extensión del español como idioma para la ciencia y la tecnología, noble intento alrededor del cual articulan otras propuestas convergentes (nuevos y distintos índices de evaluación de las revistas científicas, etc.) Al respecto se me ocurren unos pocos comentarios.

Una lengua sirve para la comunicación entre un grupo de individuos. Aunque no todos estimarían esto evidente, es más fácil que un grupo de individuos se entiendan en una lengua común que usando varias.

Las comunidades científicas de alcance internacional o mundial, no regional o nacional, con miembros de muchos países, es lógico que acepten una misma lengua como medio para relacionarse con más facilidad. Una comunidad científica global y multilingüe no es nada probable, y menos en los apresurados tiempos que vivimos.

La lengua común de un grupo tenderá a ser la que conocen un mayor número de miembros, sobre todo si la utilizan intensa y activamente. En el caso de las comunidades científicas será la de aquellos subgrupos lingüísticos que más han publicado históricamente y en la actualidad, y que resultan más influyentes por cantidad y/o calidad.

La ciencia siempre ha usado una lingua franca diferente de las lenguas particulares: durante una larga época fue el latín; luego el francés; el alemán incluso durante un breve periodo tuvo cierta prevalencia; y por fin, después de la segunda guerra mundial, el inglés. La lingua franca, inevitablemente ha expresado el predominio o la supremacía intelectual de los científicos hablantes de esa lengua. Hoy el inglés predomina porque del mundo angloparlante proviene mayoritariamente la innovación y la creación científica y cultural.

Es legítimo desear que el español sea lengua de la ciencia, pero para ello creo que sólo valdría el camino largo y difícil de hacer la mayor y mejor ciencia internacional en castellano: conquistar la hegemonía de la ciencia, de modo que los demás aprendan español para comunicarse con los científicos hispanohablantes: la importancia del idioma va de la mano de la supremacía intelectual. Otras soluciones baratas me parecen con poco fundamento: esto no es una tarta que se reparta por trozos y la difusión cultural en la historia de los homosapiens, como el calor en termodinámica, fluye de los lugares con “más” a los lugares con “menos”.

P.S.: Álvaro Cabezas también comenta este tema en su blog, desde un enfoque paralelo.


Modelos de edición científica

28 octubre 2009

A través de Research Information me entero de que SPARC (Scholarly Publishing and Academic Research Coalition) ha publicado una guía sobre modelos de negocio para sostener publicaciones científicas en acceso abierto, Income Models for Open Access, de la que es autor Raym Crow.

Aunque no he entrado en una lectura detallada del documento en cuestión, desde luego muy valioso y pormenorizado, a partir de  los menús de la página web indicada, el prefacio del texto y otros preliminares y apartados, me llama la atención lo siguiente:

  • SPARC propone muchos y está a la búsqueda de más sistemas de financiación de las publicaciones abiertas, lo que denota que el open access requiere diversificación y puede no ser trivial.
  • SPARC reconoce con rigor las dificultades“It remains to be seen whether the social and economic limitations of the current market –and models– for distributing research literature will lead to a comprehensive, systemic change in funding for scholarly and research, or to a multiplicity of new, alternative business models” (Heather Joseph, Exec. Director SPARC). 
  • Expresamente, el informe establece dos grandes tipos de modelos de financiación: basados en la oferta (los autores, en definitiva) y en la demanda (los lectores, en definitiva), lo que resulta llamativo, porque, si bien algunos de los primeros sistemas consisten en subvenciones y mecenazgo, los segundos (user-triggered fees y demás) no son tan distintos de los característicos de publicaciones lector-paga.
  • Todo el documento deja traslucir una sensación de pluralismo y de complejidad, de que las posibilidades realistas no son simples, generales y dicotómicas, sino especializadas, particulares y en una amplia escala de grises. Que puede haber modos de evolución gradual hacia sistemas más abiertos y no una solución universal.

Durante mucho tiempo he pensado que lo natural era que la información científica tendiese a ser cada vez más abierta, en virtud del principio de acceso y de la propensión intrínseca de la información a propagarse. Pero hoy creo que es posible que subsistan modelos económicos (como tecnológicos) diferentes y que sobrevivan zonas de contenidos de acceso mediante pago. Quizá sea sensato esperar para bastante tiempo un esquema de bipolaridad gradual: publicaciones “para autores” vs. “publicaciones para lectores”, con una extensa gama de posiciones y posibilidades intermedias, en un acusado polimorfismo.


¿Artículos del futuro?

10 septiembre 2009

Los prototipos de Article of the Future, lanzados en julio pasado por Cell Press, un sello editorial del grupo Elsevier, constituyen una forma renovada de presentar los papers científicos en la web. El contenido de los artículos en versión html deja de ofrecerse como una larga columna de texto con imágenes intercaladas para organizarse mediante un sistema de pestañas. Se enriquece el componente gráfico del documento y se integra mejor el material suplementario, audiovisual, datos, etc. El artículo adopta un estilo más estructurado, menos lineal, más propiamente web, que lo distancia de las versiones impresas o pdf.

La iniciativa parece que está cosechando algunas críticas adversas, por cuanto Elsevier estaría intentando vender como futuro algo que técnica y comunicativamente no es tan novedoso. Tal reproche está justificado en parte: es cierto que vende futuro. Pero la empresa holandesa busca adaptarse a sus clientes, no desbaratar el canon clásico IMRYD. No pretende revolucionar, desde luego, el panorama de la comunicación científica, sino fortalecer y conservar sus mercados de autores y lectores, introduciendo los cambios que le permitan mantener o acrecentar su influencia. Creo que hay que juzgar el asunto desde este punto de vista, teniendo en cuenta estas consideraciones:

  • Las comunidades científicas no son tan revolucionarias como se supone a veces, tienden a conservar su sistema de comunicación e investigación, basado en reglas sociales e instituciones muy consolidadas.
  • El cambio propuesto por Elsevier no es un alarde tecnológico, pero es un progreso desde el tradicional artículo científico impreso o en simple texto html corrido. Así hay que verlo, no comparándolo con otras tecnologías o sectores.
  • Aun a pesar de todo, son los primeros, que yo sepa, en avanzar en esta línea, y por tanto se trata de una actuación táctica beneficiosa para el posicionamiento relativo de su plataforma informativa entre los competidores.

Por otro lado, estamos ante un experimento. Es fácil de ver que a los prototipos les faltan incluso prestaciones que se ofrecen en sus equivalentes versiones de ScienceDirect: enlaces a información sobre conceptos incluidos en el artículo a través de NextBio (genes, sustancias, biosecuencias, enfermedades, etc.), prestaciones de exportación de la referencia, análisis de citas, feeds, 2Collab, etc.

Muchos investigadores prefieren y usan habitualmente de hecho las versiones pdf de los artículos (Ay, el pdf). Elsevier les ofrece ahora todas las ventajas de la web para usar esa información (¡sin suprimir, no obstante, por si acaso, el pdf!). La editorial renueva la forma de mirar un artículo, pero no alborotará su propio gallinero.


Guía sobre pagos Open Access

2 mayo 2009

Leo en Research Information que acaba de salir a la luz en el Reino Unido una guía con recomendaciones sobre el pago de publicaciones científicas en acceso abierto: Paying open access publications charges: Guidance for higher education and research institutions, publishers and authors. La publica la Research Information Network (RIN) y contiene directrices dirigidas a las instituciones académicas que abonan los costes para que sus investigadores den a conocer el resultado de sus trabajos en revistas electrónicas abiertas. La guía incluye también orientaciones destinadas a los propias editoriales, a los autores y a las entidades que sufragan la investigación.

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El crecimiento de la publicación abierta, impulsado por los organismos de financiación de la investigación pública, ha dado lugar a múltiples modelos económicos entre los editores y a una gran diversidad de procedimientos, poco organizados, para articular estos gastos por parte de los centros de investigación. La motivación del documento es, pues, promover una mayor coherencia y sistematismo. Es un texto de carácter práctico, dirigido a racionalizar la gestión del gasto en acceso abierto, a través de unas pautas que son resultado de la coordinación y consenso entre todos los sectores implicados: editores, bibliotecas, gestores, etc.

La guía me parece un documento útil y conveniente, aunque quizá necesariamente poco preciso en muchos aspectos.

  • Se vuelve a poner de manifiesto una vez más el polimorfismo de la comunicación científica, la variedad y complejidad de canales, géneros y modelos de propagación y crecimiento de la ciencia.
  • Los costes de la publicación abierta y su gestión eficiente aparecen como un asunto no trivial; la simplicidad del acceso gratuito requiere de un aparato administrativo, presupuestos y responsables específicos, etc.
  • Es especialmente oportuna la recomendación a las editoriales sobre transparencia en sus modelos de negocio, en sus ingresos por suscripción y por publicación y acerca de cómo fijan unas y otras tarifas y el balance entre ambas en caso de revistas híbridas.
  • No obstante, el mundo de las editoriales y revistas en acceso abierto es a su vez tan heterogéneo que va más allá del marco de la guía, centrada en las publication fees, ya que abarca desde grandes empresas comerciales con opción “autor paga” hasta iniciativas que no cobran al autor porque se financian con fondos públicos, asociativos, mecenazgo, etc.
  • Por otro lado, la curiosa simetría entre pagar cuotas por acceso a contenidos y cuotas por publicación de contenidos, a veces entre el mismo cliente, la biblioteca académica, y el mismo proveedor, una editorial, abre sitio a acuerdos como el de las bibliotecas de la University of California y Springer, un big deal del open access.
  • Sobre la transcendencia de algunos detalles no abordados en la guía, posibles problemas del sistema “autor paga”, puede leerse la entrada sobre este tema del blog The scholarly kitchen.
  • Stevan Harnad critica de la guía que las universidades puedan organizar el pago de cuotas de publicaciones abiertas sin que antes establezcan y declaren obligatorio el depósito de su producción científica en repositorios institucionales.

Scribd, autoedición social

8 abril 2009

La información registrada en documentos ofimáticos ha encontrado en Scribd, creo, un buen canal, 2.0, para su propagación, cooperativa y colectiva. Es sin duda un sitio impresionante, conocido por su similitud con YouTube, Flickr o SlideShare, pero orientado a otros contenidos. Nacido hace dos años, crece de forma muy acelerada.

scribd

En Scribd se pueden libremente alojar, difundir y consultar textos escritos y documentos similares, de diferente tamaño y carácter, conteniendo imágenes, números, gráficos, mapas y toda clase de información susceptible de aparecer impresa (libros, folletos, revistas, carteles, etc.) Admite archivos en formato pdf, ps, Word, Excel, PowerPoint, txt, rtf, OpenOffice, etc.

El valor de Scribd está en que, gracias a su herramienta de visualización en Flash, iPapers, permite presentar y manejar los documentos en la web, como los videos de YouTube, sin tener que necesariamente bajarlos y abrirlos en el ordenador propio con el programa correspondiente. De modo que proporciona un sistema de publicación 2.0, cooperativo, con el que se pueden insertar los documentos en las páginas web, así como mostrarlos y usarlos en los navegadores, todo ello de manera bastante flexible. Es decir, facilita al máximo la autoedición electrónica, en entornos web, de documentos textuales y similares.

  • Con Scribd  (y otros sitios parecidos: docstoc, Issuu), el texto puro y duro (y otros géneros concomitantes) se abre paso en el escenario de la información reticularmente generada y utilizada, “social”, lo que constituye un importante paso cualitativo. Se completa el panorama.
  • Scribd aumenta las facilidades para que cualquier información pueda publicarse, replicarse y propagarse en la red. Que cualquier texto, sea del tipo que sea, en cuanto a la forma o al contenido, tenga su lugar en la red es notable, contribuyendo a disolver la ya de por sí frágil diferencia entre conocimiento editado y no editado.
  • Scribd aparece como un contenedor versátil y promiscuo, un potente medio para alojar y multiplicar el volumen de la información social y digitalmente compartida, externalizada y virtual. Está asegurado que, al menos, la cantidad crece.
  • La actividad de Scribd puede afectar considerablemente a otras empresas o agentes dedicados a los contenidos, a la forma en que prestan sus servicios, a sus mercados y a sus productos (industrias del libro, prensa, educación, etc.) Ya empieza a firmar acuerdos con editores.

El libro como excepción

1 marzo 2009

Francia, que fue posiblemente el eje de la Modernidad, representa ahora la excepción occidental a la globalidad angloamericana: en política, idioma, cultura… Y Francia ha inventado la notable idea de excepción cultural, una aportación ya bastante considerable a la cultura contemporánea.

El concepto de excepción es utilísimo. Yo creo que sirve para interpretar y caracterizar no sólo a Francia y al francés en el seno de la universalidad googleleana, sino también, por ejemplo, para entender al libro como artilugio singular dentro del actual nivel de desarrollo del continuo informacional.

La excepción representa mucho más que la armonía en la diversidad o que el espejo roto del multiculturalismo. La excepción remite a la objeción de conciencia y a la deliberada autoafirmación de los heterodoxos. No siempre, por supuesto, lo excepcional es cualitativamente valioso, ni mucho menos, pero sí obstinadamente diferente.

Cualesquiera que sean sus cifras de negocio, el libro está perdiendo relevancia. Aparece ahora como un recurso especial de comunicación, quedando al margen de las impetuosas y fluidas dinámicas informativas digitales que dan forma al presente y ordenan la vida, el pensamiento o la educación de los homosapiens. Los tráficos y los procesos masivos de información que se producen a través de sistemas cognitivos naturales o artificiales utilizan el libro sólo de manera secundaria.

Y entonces, a medida que desaparece como norma, emerge el libro como excepción: como una vía peculiar, gradualmente extravagante, de información cosificada, empaquetada y paralelepípeda.

Su nuevo carácter excepcional altera los valores del libro. La comunicación mediante el libro se vuelve más intencionada, puesto que autor y lector escogen este canal de modo consciente, lo que favorece también la complicidad entre ambos. Al perder la fuerza de la universalidad, el libro circula entre convencidos, quienes se constituyen como minoría, con independencia de su número. El libro, en cuanto mero soporte, y en cuanto excepcional, adquiere significación propia, se convierte en signo. Asume un redoblado valor cultural, casi un valor etnográfico.


Acerca de la ciencia 2.0

21 febrero 2009

Hace poco se ha publicado un artículo sobre la situación y perspectivas de lo que podría llamarse la ciencia 2.0. Sus autores, miembros del grupo EC3, la caracterizan “a través de sus principales propiedades: la participación y colaboración del usuario así como el libre intercambio de información por medio de aplicaciones web” en el campo científico, por analogía con la web 2.0.

El artículo es breve pero muy interesante y aborda en una serie de apartados los diferentes tipos de aplicaciones de la web 2.0 para investigadores, aportando ejemplos: redes de blogs, marcadores y redes sociales, revistas cooperativas, open data, audio y video-ciencia… Y acaba analizando en qué medida estos servicios son realmente útiles o tienen futuro para los científicos.

Abundando en lo que argumentan con perspicacia en la discusión final, se me ocurre hacer algunas anotaciones:

  • La ciencia ya es y siempre ha sido social y comunicativa; tal vez los científicos no sienten tanta urgencia por disponer de muchos más mecanismos de interacción, a lo mejor hay suficientes…
  • La intensa proliferación de sitios, formas, técnicas y aplicaciones para la distribución y comunicación de contenidos hace que el propio impacto y apogeo de cada uno de ellos se reduzca.
  • La interactividad científico-académica es inter pares, comunitarista, universal, abierta y crítica, pero también ordenada, institucional y meritocrática; una sociabilidad científica distinta será revolucionaria.
  • Las dinámicas de cambio derivadas de los negocios TIC resultan en algunos aspectos muy aceleradas para las estructuras institucionales y organizativas complejas como las de la ciencia.
  • Como en la adopción social de cualquier innovación, la ciencia 2.0 debería aportar excelencia o economía, eficacia o eficiencia, o ambas; a los científicos no les basta quizá con sentirse modernos.
  • La ciencia es crecientemente industrial y cooperativa y muchas utilidades orientadas a compartir recursos o información pueden ser fecundas, pero tal vez no hay tanta prisa por las redes sociales.
  • Como acertadamente apuntan los autores al terminar el artículo, algunos de los desarrollos de ciencia 2.0 forman parte de las estrategias mercantiles por las que potentes editores comerciales (Elsevier, Nature…) se sitúan ante el fenómeno para proteger y promover sus propiedades intelectuales: tratan de ocupar y marcar el territorio 2.0 antes de que lo ocupen otros y puedan desde ahí abrir una vía de agua, una brecha, en sus mercados, como ha sucedido con el open access. Han aprendido y se anticipan.

Muy relacionado, véase además: Torres-Salinas, D. 2008. La edición y las revistas científicas ante la encrucijada 2.0. ThinkEPI.

P.S. 02-07-09: Sobre este tema he escrito también en ThinkEPI esto: Academia y ciencia colectiva.


Publicidad viral y conocimiento

8 febrero 2009

Para entender cuestiones como la sociedad de la información, la industrialización del conocimiento o el desarrollo de la educación conviene no perder de vista el marketing o publicidad viral. Se trata de un fenómeno muy vinculado a internet, medio ideal para el cultivo y propagación veloces de las especies informativas. Por tanto, es algo reciente y característico de nuestra época, aunque sin duda hunde sus raíces como siempre en usos y costumbres tradicionales (rumores orales, “cadenas” de cartas, etc.)

Un artículo de Mónika Jiménez Morales en Hipertext.net, titulado precisamente La publicidad viral: la comunicación por contagio, explica muy bien, con ejemplos, en qué consiste esta técnica comercial. Es significativo cómo recurre a los conceptos de “infección” y de “epidemiología” para referirse a estos temas, descubriendo lo que constituye (en mi opinión) algo más que una analogía formal.

La información siempre se comunica mediante la replicación de medios materiales, pero hay algo especial que emparenta a las campañas de publicidad viral con las de agit-prop, la rumorología, los chistes, las modas, etc. En todas estas epidemias se produce una transmisión puramente viral de información, casi inconsciente y automática, sin apenas elaboración intelectual, que da lugar a una forma rudimentaria pero resistente de conocimiento por contagio (parafraseando el subtítulo de Jiménez). Siempre ha existido, pero últimamente, merced a la tecnología, el contagio informativo se realiza de maneras muy variadas, rápidas y vigorosas, lo que no es ajeno a los cambios sociales que vivimos.

La publicidad viral, en particular, es intencionada por su origen, un acto deliberado de infección informativa. Normalmente se conocen los emisores, los destinatarios, los mensajes y los objetivos o propósitos. Resulta por tanto una manifestación bien definida y concreta de la viralidad o contagiosidad universal de la información. Por eso, es un modelo que permite ver las características del fenómeno global, trazar comparaciones en otros ámbitos, analizar el comportamiento de individuos y colectividades, etc.

El conocimiento por contagio, en general, puede tener repercusiones en la enseñanza (contagio y educación) y en el conjunto de la especie, en el desarrollo de una inteligencia externalizada, reticular y colectiva (inteligencia de enjambre).


WikiGenes, ¿la ciencia wiki?

20 enero 2009

Hace casi un año comentaba la noticia sobre una sugerencia para desarrollar GenBank al estilo “Wikipedia”. Han aparecido otras iniciativas y experimentos en esa línea, casi siempre en las ciencias de la vida: PDBWiki, Proteopedia, Topsan, WikiPathways, WikiGenes, SNPedia, etc. (*) Pero no está claro que la ciencia wiki vaya a despegar como nuevo género o formato de comunicación científica; tal vez sólo sirva para el saber consolidado, el conocimiento común: ¿demasiada competencia en la frontera para aportaciones desinteresadas?

Hoy día hay tecnología para cultivar la producción, acumulación y mejora colectivas del conocimiento a partir de contribuciones individuales. Y en algunas ramas del saber muy productivas, en biología y medicina sobre todo, se necesitan grandes fuentes de información actualizada y sintética, con datos e interpretaciones, que podrían crecer de forma continua y cooperativa. Sin embargo, desarrollar una gran base de conocimiento especializado a partir de numerosas aportaciones sucesivas y graduales encierra dificultades metodológicas (evaluación, integración y coherencia del nuevo conocimiento) y organizativas (en el sistema institucionalizado de investigación interesa que la responsabilidad de cada investigador quede de manifiesto, por múltiples razones).

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WikiGenes representa un curioso intento: es una wiki en la que la autoría importa, en la que se puede identificar cada aportación al desarrollo de la fuente de información. Se trata de una plataforma para que la comunidad científica reúna, difunda y evalúe información científica sobre genes, proteínas, sustancias químicas, enfermedades y otros temas de biología y medicina en general, en acceso abierto. Su pretensión es llegar a ser una herramienta científica rigurosa a través de la revisión continua y colectiva de sus contenidos.

Una nota publicada en Nature Genetics hace meses por Robert Hoffmann, uno de sus responsables, explica que WikiGenes surge de abajo arriba, desde la colaboración individual de los investigadores, y que se plantea como un híbrido de publicación científica tradicional y de publicación dinámica y cooperativa (wiki). WikiGenes ha arrancado, como substrato, de unos cien mil artículos generados automáticamente a partir de otra fuente de información, IHOP.

WikiGenes permite al lector, pulsando las diferentes palabras y con menús contextuales, ver con (cierta) claridad qué autor ha introducido o modificado cada fragmento de texto y qué textos ha interpolado cada autor, en un documento y en el conjunto de la fuente. Con ello se intenta atribuir a cada cual sus méritos y además prevenir el vandalismo anónimo. Las contribuciones de los investigadores, además, pueden ser evaluadas por los colegas mediante un sistema de puntuación, una forma de open peer review con la que se pretende reemplazar en cierto modo el refeering. Obviamente, para agregar contenidos es preciso registrase con una cuenta personal. Los procedimientos de edición son sencillos, y también es posible la gestión controlada de terminología científica para crear hipervínculos unívocos con los conceptos de genes, sustancias químicas, etc.

Desde luego WikiGenes es técnicamente ingenioso. Pero me quedan dudas de si para una gran fuente textual el sistema de control de la autoría resulta inteligible y manejable, útil y atractivo, práctico, etc. Habrá que esperar y ver lo que la comunidad científica decide.

La ciencia wiki en general es un tema que mueve a la reflexión y plantea incertidumbre. Se trata de otra forma de inteligencia colectiva y de ciencia 2.0… Y parece una manera de fomentar la producción industrializada, rápida y a gran escala, de conocimiento. Pero no sé, y creo que no se sabe, si es viable o no pasa del experimento.

(*) Waldrop, M. 2008. Big Data: Wikiomics. Nature, 455(7209):22-25.

P.S. 02-07-09: Sobre este tema he escrito también en ThinkEPI esto: Academia y ciencia colectiva.


“El carnaval de la tecnociencia”

17 diciembre 2008
  • Lafuente, Antonio. 2007. El carnaval de la tecnociencia: Diario de una navegación entre las nuevas tecnologías y los nuevos patrimonios. Madrid: Gadir.

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Hace ya mucho tiempo, escribí una entrada sobre Tecnocidanos, el blog de Antonio Lafuente. El carnaval de la tecnociencia es un libro suyo que recoge parte de los contenidos del blog. Lo que entonces decía, expresado de una u otra manera, lo sigo pensando en buena medida ahora del libro.

Los textos de Antonio Lafuente son tremendamente interesantes, sugerentes e instructivos. Maneja y transmite miles de claves y referencias sobre autores, textos, noticias y datos… Ofrece una visión perspicaz de la ciencia, la cultura y la tecnología contemporáneas, reuniendo bajo un enfoque poliédrico diversos movimientos, tendencias y factores del presente. Su obra es comprometida y provocadora: expone sus ideas con entusiasmo contagioso (casi yo diría: del que uno envidiaría sentirse contagiado).

Con vehemencia militante, el blog y el libro defienden el procomún, la economía del don, lo abierto (open source, open access, etc.), la cultura hacker, la participación social en la ciencia, el saber profano, las nuevas formas de ciudadanía y autoridad… y combaten la privatización del conocimiento, la ciencia como negocio, las perversiones de la tecnociencia …

Lafuente tiene razón y comparto sus posturas de buena gana muchas veces. Pero el optimismo utópico o antropológico con que piensa que los homosapiens pueden valerse de la tecnología para hacer un mundo mejor, me pone algo nervioso (a lo peor es eso, envidia). Esa confianza en el poder emancipador de la tecnología rectamente encauzada por conciencias ilustradas/iluminadas…

Ahora, en todo caso, El carnaval de la tecnociencia es un libro (como Tecnocidanos un blog) que debe ser leído. Incluso por parte de los descreídos, por lo mucho que se puede aprender en él.

Una reseña importante de la obra en cuestión es de Javier Echeverría: Tecnociencia contemporánea: del conocimiento científico como bien común.


ResearchGATE, red científica

13 diciembre 2008

No está claro si ResearchGATE es una red social 2.0 o si incluso ha traspasado ya los confines del mundo 3.0, como en algunos sitios se anuncia. Tal vez se encuentre en una zona 2,5.0, si ello es admisible.

El caso es que es algo nuevo, reciente, un lugar de internet pensado para que los científicos se inscriban y se relacionen, al estilo de otras comunidades virtuales, pero con fines en este caso académicos: intercambiar conocimientos, entrar en contacto con otros muchos investigadores, participar en foros y grupos, reunir, compartir y conectar información científica, etc. Y además tiene capacidad de “búsqueda semántica”, que es lo más hoy en día.

El usuario debe registrarse, rellenar su perfil personal con la mayor cantidad de datos posible, su curriculum, publicaciones propias, intereses científicos, bibliografía preferida, etc. A partir de aquí puede usar las herramientas de ResearchGATE y sus prestaciones de interconexión semántica de información, basadas en el perfil personal, que relacionan sus datos con los de otros investigadores, grupos o publicaciones. También se pueden realizar rastreos bibliográficos, que se ejecutan como metabúsquedas contra PubMed, CiteSeer, IEEE Xplore, arXiv, RePEc, NTRS, etc.

ResearchGATE no presta servicios de valor añadido cruciales, que se adapten a las necesidades y flujos de trabajo científico especializado, es sólo una herramienta de interacción social entre investigadores. No sé si puede llegar a ser algo eficaz y seriamente útil para la investigación, sin embargo está demostrando una cierta capacidad de penetración publicitaria y de crecimiento en su mercado, a los pocos meses de su lanzamiento. Pero toda su fuerza deriva de su función como plataforma de relación social para científicos. Y tampoco es la única, ni mucho menos: ahí están otras redes semejantes, como SciLink, SciBook, Nature Network, LabSpaces, etc. 

Es curioso, porque, dado que la actividad científica es esencialmente grupal, intrínsecamente societaria, cabe preguntarse por qué los investigadores, en lugar de conocerse y relacionarse a través de sus propias instituciones, asociaciones, reuniones, mecanismos y grupos organizados (físicos o virtuales), acuden ¿además? a un mediador tecnológico neutral como ResearchGATE u otras redes sociales, entidades para-académicas, extra-académicas, que surgen por similitud con Facebook, MySpace, Linkedin y demás familia.

ResearchGATE y otros servicios parecidos no creo que se dirijan a investigadores desarraigados,  pero probablemente deberán gran parte de su éxito a reclutar muchos usuarios entre quienes han crecido usando otras redes sociales y encuentran (más) fácil entablar relaciones de este modo, porque son científicos nativos digitales. Estos servicios aparecen como una nueva forma de sociabilidad científica creada por el propio poder de la tecnología.

Por otra parte, la virtud de ResearchGATE y sus compañeras ¿reside en que extienden las capacidades de relación más allá de las fronteras de los grupos naturales y tradicionales o en que descomponen y desestructuran éstos? ¿Quiebran autoridad, jerarquía y endogamia? En el futuro, ¿va a haber comunidades científicas technology driven, estrictamente germinadas y nutridas desde la web social, fuera de las tradiciones y organizaciones académicas? Sin duda, ello tendría consecuencias.

Las redes sociales de científicos tal vez muestran una incipiente nueva frontera para la sociología de la ciencia y por tanto para la (re)producción del conocimiento, como un género más dentro de la exuberante proliferación de variedades informacionales debida a la fecundidad de las TIC.

P.S. 02-07-09: Sobre este tema he escrito también en ThinkEPI esto: Academia y ciencia colectiva.


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