Los nuevos replicadores

26 Julio 2009

Daniel Dennett inserta en su obra Romper el hechizo: la religión como fenómeno natural un apéndice que constituye una reimpresión de un artículo suyo para la Encyclopedia of Evolution. Este apéndice se titula Los nuevos replicadores y es un breve estudio sobre los elementos o unidades de la transmisión cultural, bautizados y popularizados como memes por Richard Dawkins.

Según afirma Dennett, puede haber evolución no sólo en organismos vivos, sino en cualquier sustrato, siempre que exista: 1) replicación, 2) variación o mutación y 3) aptitud diferencial sometida a competencia en un ambiente selectivo. Replicadores o sustratos evolutivos son el ADN, los virus y priones, los virus informáticos y los memes: palabras y lenguajes, gestos y rituales, artefactos y conductas aprendidas, expresiones y creaciones culturales, etc.

Clasificar e individualizar los memes sería muy complicado. Y de hecho se trata de un concepto problemático y discutido. Pero Dennett argumenta que también los genes son difíciles de aislar y que igualmente nos podríamos preguntar en qué sentido se dice que las palabras existen. Genes y memes son ante todo información y no equivalen a los medios físicos que les permiten existir: cadenas de ADN por un lado o lenguaje, textos, diagramas, registros electrónicos, sonidos musicales, etc., por otro. Es cierto, no obstante, que sólo hay un código (A, C, G y T) y tipo de base física para los genes, frente a las múltiples maneras de codificar y grabar la cultura.

Para Dennet, la idea de los memes promete unificar bajo una sola perspectiva los múltiples fenómenos culturales. Cree que así como la genética poblacional no sustituye a la ecología, la teoría de los memes tampoco tiene por qué reemplazar a las ciencias sociales, pero puede inspirar preguntas y plantear modelos más consistentes en el estudio de la evolución cultural, sea o no ésta estrictamente darwiniana.

El conjunto del libro Romper el hechizo representa un ejemplo de ello: es una reconstrucción evolucionista, una “historia natural” de la religión, una prototeoría científica sobre los memes religiosos.

Del mismo modo, otro de los apéndices de la obra se asoma a una indagación similar sobre la ciencia: la funcionalidad adaptativa de la información científica, su desarrollo al estilo de algoritmos genéticos o evolutivos (replicación, variación y selección de memes), su vinculación a eventos de expansión de la reproducción informativa (escritura, etc.) Todo lo cual hace de la ciencia, también, un fenómeno natural.

En realidad, la comparación del progreso científico con la evolución por selección natural se remonta, por lo menos, que yo sepa, a Karl Popper. Lo que en éste era una metáfora, puede resultar ahora una pura descripción factual. Ya lo abordaba así en buena medida David Hull en su obra de 1988 Science as a process: an evolutionary account of the social and conceptual development of science.


“Googléame”, de B. Cassin

19 Abril 2009
  • Cassin, Barbara. Googléame: La segunda misión de los Estados Unidos. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2008.

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Los libros sobre Google casi son un género. Éste en concreto, traducido y publicado en Argentina, muy recomendable, es un examen desde el lado de la filosofía francesa. Barbara Cassin presenta al buscador como lo que pretende ser, el gran ordenador mundial de la información, desempeñando una misión de globalización estadounidense, destinada a poner orden en el caos. Una misión que se añadiría a la primera vocación de la gran potencia, combatir las fuerzas del mal.

La autora analiza críticamente la actividad de Google bajo sus dos lemas (organizar toda la información del mundo haciéndola accesible a todos y no ser malvado) y cuestiona su potencial para democratizar de verdad la cultura y el conocimiento. Según Cassin, en Google la calidad y la relevancia aparecen como propiedades emergentes de la cantidad (de enlaces), de manera automática y opaca, sin deliberación, crítica, ni consenso. La cultura y el conocimiento se reducen a mera información. Google revela y ordena toda la web con unas pretensiones que Cassin tacha de totalitarismo organicista, detentando un monopolio de facto en la red, propio de un Gran Hermano.

La conducta del buscador en la confidencialidad del correo electrónico, en sus relaciones con los poderes políticos (E.U.A., China), su multilingüismo superficial (diversos sabores y plato único), o sus ambiciones en la digitalización de libros, demuestran para Barbara Cassin que Google no es fiel al universalismo democrático que predica ni respeta una noción integral de la cultura. Google aparece como el gran mediador, mercader y calculador de las opiniones, más que de las verdades, a la altura de la sofística griega, pero carente de paideia.

“… Google es un campeón de la democracia cultural, pero sin cultura ni democracia. Porque no es un maestro ni en cultura (la información no es la paideia) ni en política (la democracia de los clics no es una democracia) (…) … Google es antidemocrático porque es profundamente estadounidense, sin darnos los medios de saberlo, de cuestionar su universalidad, de tal modo que estadounidense caiga por su propio peso como universal…”

  • La crítica de Cassin me parece en general atinada, pero expresada con la envoltura filosófica propia de la melancolía culturalista y humanista. Lo cierto es que, de hecho, la cultura no es más que información, por más que Google lo venga a poner de manifiesto al representar un gran paso en la industrialización de la información y en el desarrollo de una inteligencia compartida e intermedia, neurodigital. Y al patentizarlo empresarialmente.
  • La relevancia googleleana se inspira en la técnica de la citación científica, que extiende a toda la red, bien que de forma automática y, en efecto, “sin deliberación”. Pero tampoco el desarrollo de la ciencia es perfectamente racional y deliberativo… El problema es que estamos, de nuevo, simplemente, ante un caso de masiva industrialización informacional, que se contrapone a la artesanía y al arte del conocimiento y la educación, sin duda más cuidadosos. Google ejerce el poder de la simplificación.
  • La defensa del pluriculturalismo y la apuesta por lo francés o lo europeo, por parte de Cassin, deberían ir acompañadas de la contrición por la frecuente impotencia e incompetencia continentales frente a la globalización angloamericana.

El piquituerto metafísico

15 Enero 2009

En su célebre obra divulgativa sobre la evolución y la investigación evolucionista El pico del pinzón (*), Jonathan Weiner pone el hermoso título de El piquituerto metafísico al capítulo que dedica en concreto a la especie humana.

En él Weiner afirma que igual que el pájaro en cuestión encontró en su singular pico retorcido la adaptación que le ofreció la oportunidad de propagarse con contundente éxito, la expansión cerebral ha sido la principal y más reciente herramienta de los homosapiens para prosperar. El cerebro les ha permitido aprender y enseñar, ha facilitado que la información se codifique, acumule y transmita, generando una evolución cultural intensa y otorgando a esta especie una capacidad adaptativa tan vigorosa y versátil que la ha llevado incluso a transformar radicalmente el propio medio. La ciencia es parte de esa adaptabilidad biológica, explica Weiner (p. 453):

Como ha escrito el evolucionista Ernst Mayr, nos hemos “especializado en la desespecialización”. (…) … hemos desarrollado una extraordinaria capacidad de aprender, de modo que, como especie, colectivamente, podemos aprovecharnos de esa variedad de nichos, y seguimos encontrando más y más oficios. Ocupamos más nichos ecológicos y alimenticios que cualquier otro animal.

Ello es lo que nos permite proseguir con ese épico juego del aprendizaje que llamamos ciencia. La ciencia formaliza nuestra especial clase de memoria colectiva, o la memoria de la especie, en la que cada generación edifica sobre lo que aprendieron los que la precedieron, siguiendo los pasos del otro. Cada generación valora lo que puede aprender de la anterior, y también valora los descubrimientos que transmititirá a la siguiente, para de ese modo poder ver cada vez más lejos, escalando una montaña infinita. 

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(*)  Weiner, Jonathan. El pico del pinzón: una historia de la evolución en nuestros días. Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2002.


“Piel digital”, de Juan Freire

7 Enero 2009

He descubierto el blog de Juan Freire en Soitu.es, llamado Piel digital. De Juan Freire conocía su reciente y breve artículo en El profesional de la información, Redes sociales: ¿modelos organizativos o servicios digitales?, que me gustó mucho, la verdad, por dos razones: por las raíces hasta cierto punto naturalistas de su enfoque (al fin y al cabo, él es biólogo) y porque no viene a ser un publirreportaje de MySpace, Facebook y demás negocios 2.0.

Piel digital constituye también una lectura estimulante, ciertamente, y lo recomiendo a cualquiera. Trata sobre “lo digital”, así bastante en general: la cultura, la educación, la tecnología, la economía, el arte, la sociedad, las empresas, etc. Quede para otra ocasión comentar quizá algunos de los temas que trata en particular, muy interesantes,  como los cyborgs cognitivos, el comisariado digital, la educación informal, etc. Con algunas cosas estoy de acuerdo y con otras no.

Pero Piel digital lleva como lema o subtítulo “La tecnología nos hace humanos” y me parece que nada puede ser más contradictorio: la piel no nos puede hacer humanos. Es verdad que en la polifacética y casi enciclopédica proyección intelectual de Juan Freire también está el urbanismo y la arquitectura (publica en ADN otro blog: Ciudades enredadas). Y que, por lo que explica, bajo esa inspiración de los “espacios urbanos” ha elegido el título Piel digital. Pero yo creo que la biología ofrece claves (y metáforas) mucho más sólidas y fecundas para entender lo digital que el urbanismo.

Es muy cierto que la tecnología nos hace humanos, desde el momento en que el homosapiens surge fabricando y comunicándose sus “fabricaciones”. Pero no puede decirse que lo digital sea epidérmico y superficial (salvo en un sentido superficial), que nos circunde como un revestimiento o segunda piel, o como un simple ámbito o espacio en que nos movemos libremente… Lo digital es información, y es por tanto prolongación de lo neural y lo genético, de lo que nos constituye, no de lo que nos envuelve. Porque existimos y funcionamos como resultado de la información, de alguna clase, digital o no. Y otras perspectivas son ilusorias.

Por tanto, lo de la piel digital, es una imagen que me convence poco, que puede valer para el diseño urbano o el interiorismo, pero que difícilmente ayuda a comprender la evolución sociocultural. Al fin y al cabo la piel es un terminal bastante tonto del dispositivo neurológico y hasta como elemento de “relación” y de “percepción” resulta más bien rudimentario. O sea, que no me convence el título del blog, por muy interesante que sea su contenido.


Superando fronteras, 3.0 ya

26 Diciembre 2008

Una de las maneras más típicas en que los homosapiens intentan ordenar el caos de sus sensaciones y organizar sus vidas o su historia es figurarse que atraviesan etapas, épocas, periodos, edades… Les encanta intentar entender el despliegue de los sucesos en el tiempo, individual o colectivamente, como un transcurrir de fases y momentos que siguen una secuencia lógica, racional.

Esto ha sido así al menos desde que se inventó el sentido de la historia, desde que se descubrió que las cosas no permanecen inmutables o se repiten circularmente y se empezó a imaginar que se encaminan entonces hacia algún fin, siguiendo un itinerario que casi siempre ha sido visto con optimismo, como de gradual mejora…

Pero en la visión del mundo ahora dominante esto se ha acentuado o acelerado bajo la influencia catalizadora de las TIC: cabalgamos hacia el futuro al galope, superando fronteras continuamente, conquistando nuevos territorios con frenesí. Siempre hacia adelante, proa al mañana, a favor de la corriente, quemando etapas, dejando atrás el pasado. Avanzando, inaugurando, pioneros, …

Todos los años, o todos los meses, o todos los días, se cierra una época y amanece un nuevo mundo, con sus retos, pero cargado de esperanza. Y siempre hay quien lo descubre, perspicaz, y lo da a conocer: se ha acabado la época de no se qué, entramos en la de no se cuál. Y entonces todos lo comprendemos todo mucho mejor. ¡Ah!, era eso, hemos superado otra frontera …

Afortunadamente, el progreso ayuda al progreso y la numeración de las versiones de los programas informáticos se aprovecha ahora para codificar secuencialmente las etapas de la cultura, la tecnología, la industria y la vida toda casi. Igual que la nueva release de cualquier programa tiene más prestaciones, es más potente y más fácil de manejar, así la civilización progresa en todas sus dimensiones, a impulso y semejanza del cambio tecnológico: inexorable y organizada.

Mucha fama tiene lo “2.0″, que vale para todo y es buenísimo en todos los casos, habiendo dejado obsoleto aquel viejo mundo “1.0″, al que ni siquiera llamábamos así. Lo que yo me pregunto, anhelante ya, después de tanto tiempo escuchando sobre lo “2.0″, es ¿cuándo vamos a pasar a lo “3.0″, que se me hace largo? ¿No va el asunto un poco demasiado despacio?


“El carnaval de la tecnociencia”

17 Diciembre 2008
  • Lafuente, Antonio. 2007. El carnaval de la tecnociencia: Diario de una navegación entre las nuevas tecnologías y los nuevos patrimonios. Madrid: Gadir.

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Hace ya mucho tiempo, escribí una entrada sobre Tecnocidanos, el blog de Antonio Lafuente. El carnaval de la tecnociencia es un libro suyo que recoge parte de los contenidos del blog. Lo que entonces decía, expresado de una u otra manera, lo sigo pensando en buena medida ahora del libro.

Los textos de Antonio Lafuente son tremendamente interesantes, sugerentes e instructivos. Maneja y transmite miles de claves y referencias sobre autores, textos, noticias y datos… Ofrece una visión perspicaz de la ciencia, la cultura y la tecnología contemporáneas, reuniendo bajo un enfoque poliédrico diversos movimientos, tendencias y factores del presente. Su obra es comprometida y provocadora: expone sus ideas con entusiasmo contagioso (casi yo diría: del que uno envidiaría sentirse contagiado).

Con vehemencia militante, el blog y el libro defienden el procomún, la economía del don, lo abierto (open source, open access, etc.), la cultura hacker, la participación social en la ciencia, el saber profano, las nuevas formas de ciudadanía y autoridad… y combaten la privatización del conocimiento, la ciencia como negocio, las perversiones de la tecnociencia …

Lafuente tiene razón y comparto sus posturas de buena gana muchas veces. Pero el optimismo utópico o antropológico con que piensa que los homosapiens pueden valerse de la tecnología para hacer un mundo mejor, me pone algo nervioso (a lo peor es eso, envidia). Esa confianza en el poder emancipador de la tecnología rectamente encauzada por conciencias ilustradas/iluminadas…

Ahora, en todo caso, El carnaval de la tecnociencia es un libro (como Tecnocidanos un blog) que debe ser leído. Incluso por parte de los descreídos, por lo mucho que se puede aprender en él.

Una reseña importante de la obra en cuestión es de Javier Echeverría: Tecnociencia contemporánea: del conocimiento científico como bien común.


Google da un premio en España

26 Octubre 2008

Al parecer, según he entendido por una noticia de prensa, la conocida empresa y buscador de internet Google ha concedido en España el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. El mismo Larry Page en persona, dispensando su glamour, repartiendo futuro, ha venido a entregarlo en Oviedo a Su Alteza Real, Don Felipe, Príncipe de Asturias.

Creo que se trata de un galardón francamente merecido, además, porque en España no se usa otra cosa más que Google. España es un país donde en la medida en que se piensa, razona y aprende, se hace a través de Google. En tanto que, modestamente, los ciudadanos van conviviendo en sociedad (de la información) van de inmediato impregnándose de “la gigantesca revolución cultural” que Google ha hecho posible. Casi desde que nace cada español.

Mucho peor me habría parecido que España le hubiera dado un premio a Google. Es verdad que ha provocado una revolución cultural gigantesca. Es decir, su actividad le ha permitido prosperar como una gigantesca empresa internacional, así como revolucionar las formas en que se hace negocio con la propagación y el tráfico de información entre los homosapiens. Como consecuencia de su éxito, se han transformado los patrones de intercambio de objetos digitales y físicos por todo el planeta, lo que constituye un enorme cambio cultural.

Google, además de la comunicación, estructura la realidad y el deseo. Nos ordena el caótico, desaforado y replicativo mundo de lo digital, imponiendo su particular poder de simplificación: propicia no tanto el “acceso generalizado al conocimiento” como a los resultados de las búsquedas, que no es lo mismo. Y atiende servicial y constante nuestros anhelos, incertidumbres y carencias como un genio de la lámpara o un vendedor siempre de guardia a nuestro lado.

Pero, a pesar de todo, o precisamente por todo ello, por ser tan insistentemente penetrante, más que nada, yo tampoco le hubiera dado un premio. Menos mal, pues ;-)


Richard Dawkins, por supuesto

21 Junio 2008

Richard Dawkins no necesita ser descubierto, es un personaje bien conocido y hasta constituye una factoría comunicativa por sí mismo. Pero no por ello voy a dejar de decir algo sobre él, pues las reflexiones de este blog deben mucho a su visión sobre la vida y la ciencia.

Hace año y medio escribía acerca de los memes, noción que Dawkins popularizó en El gen egoísta (1976). El meme, como replicador unidad de la transmisión cultural, equivaldría al gen de la propagación biológica, pero es más bien, en cuanto tal, una metáfora. Si ya es difícil identificar y aislar molecular y funcionalmente los genes en las secuencias de DNA, imaginemos lo que sería encontrar las “unidades elementales de la herencia cultural”.

Pero más allá de la metáfora concreta, las ideas de Dawkins sobre la evolución y sobre el papel protagonista de los replicadores en el despliegue y expresión de la realidad me parecen importantes.

Richard Dawkins sostiene que el sujeto de la evolución biológica son los genes, no los organismos o las especies. Los genes en su expansión y proliferación forman y se sirven de vehículos, o “máquinas de supervivencia”, que son los individuos u organismos y, en una escala mayor, crean las comunidades, poblaciones, etc. Las interacciones y organización de la vida animal y vegetal se basan en las dinámicas de los genes. En particular, Dawkins cree poder explicar todas las formas de altruismo biológico como expresión de egoísmos genéticos. La información codificada en DNA contiene los programas que regulan el comportamiento de los sistemas biológicos. 

La evolución biológica ha construido, por selección natural, sistemas neurológicos cada vez más potentes, hasta llegar al cerebro humano. Según Dawkins, este cerebro es caldo de cultivo idóneo para la propagación de nuevas secuencias de información autorreplicadora, más lábiles que los genes, que podrían llamarse memes. Son estados o configuraciones neuroquímicas y se transmiten mediante la imitación y el aprendizaje, dando lugar a la cultura, que también evoluciona… En nuevos medios aparecen nuevos replicadores: los virus informáticos…

Aunque Dawkins se fija poco en el propio concepto de información como tal (al fin y al cabo, materia organizada de forma improbable), sus planteamientos promueven un análisis naturalista y, por tanto, natural de la realidad, incluso de la realidad humana y el conocimiento. Un análisis que al final puede resultar un tanto desencantado, menos poético que las visiones mágicas del mundo, impregnado tan solo del austero valor de la verdad.

Un punto entrañable y clarificador es el conato de estudio que Dawkins aborda en la nota 59 de la segunda edición de El gen egoísta, en clave de propagación memética, sobre la difusión de una idea científica determinada, seguida a través del Science Citation Index, casi un apunte de sociobiología de la sociobiología.


Cultura y redes neuronales

15 Mayo 2008

Este artículo pertenece a un género de estudios que relacionan el aprendizaje por evolución, basado en la transferencia de información genética y en la selección adaptativa, y el aprendizaje cultural, que se realiza mediante transmisión de información por medios no genéticos (que empiezan en la imitación). Tales estudios se abordan con simulaciones computacionales, redes neuronales en este caso, y forman parte de la investigación de la inteligencia y la vida artificial.

La finalidad de este trabajo es examinar el efecto del aprendizaje cultural, mediante enseñanza intergeneracional, en la evolución y adaptación de poblaciones de agentes neuronales. Los resultados de los experimentos muestran que se da una gradual transferencia de conocimiento desde los genes al proceso cultural, de manera que incorporar aprendizaje cultural mejora el éxito adaptativo global de la población, a costa del deterioro de la capacidad adaptativa innata. La mayor parte de los recursos para sobrevivir en el entorno se van almacenando en la cultura, no en los genomas.

Reflexiones que me sugiere este artículo:

  • Desde un punto de vista metodológico, la modelización artificial sirve para entender los sistemas naturales, y entre ellos la evolución sociocultural, permitiendo una comprensión más rigurosa de las dinámicas sociales.
  • Desde un punto de vista ontológico, paralelamente, la continuidad informacional se muestra como el sustrato común de los procesos y sistemas biológicos, socioculturales y computacionales.
  • Así, la evolución biológica aparece como una forma de “aprendizaje”, de incorporación de información en las variedades exitosas frente al medio, si bien es un aprendizaje más rígido que el basado en la transmisión cultural.
  • Y, así, la sociedad del conocimiento y otros fenómenos históricos y humanos se pueden entender desde su base natural, como el resultado o manifestación de las complejas dinámicas de la información.
  • Sin embargo, las conclusiones del estudio, absolutamente concordantes con la experiencia común, evocan una paradójica, desasosegante, y también familiar, constatación: un proceso desencadenado en origen y que se desenvuelve de manera natural, el del aprendizaje cultural, parece desembocar en la inadaptación, ruptura o radical desconexión respecto a la naturaleza originaria… ¿hasta la incompatibilidad, hasta extremos destructivos…?

El espíritu de la colmena

3 Abril 2008

(Que Víctor Erice, inteligencia verdaderamente ajena, si alguna, a cualquier enjambre, me perdone por esta indebida apropiación).

Escribía hace poco tiempo (Contagio y educación 1; Contagio y educación 2) que con la hipertrofia informacional propiciada por las TICs, que es definitoria de la sociedad de la información, proliferan los fenómenos de contagio viral (semiinconsciente, semiautomático) como forma de transmisión cultural, lo que pone en peligro la educación (en distintas versiones) y entraña otros riesgos.

Si todo ello es algo natural, como sostengo, ¿es malo? Depende para quién, claro, quién se considere el afectado. Pero incluso sin asumir un punto de vista “cosmológico”, pensando a escala del desarrollo de nuestra especie particular, tal vez sólo se trate de una manifestación más del cambio, del pregonado fin de la Modernidad, en concreto.

En la época moderna, esto es, en la época de la imprenta, ha predominado la idea del sujeto, visto como protagonista providencial de su propio destino, secularización antropocéntrica de los dioses antiguos y medievales: sujeto social, sujeto individual, sujeto del conocimiento, de la acción y de la historia, sujeto político, ciudadano y hombre libre, autor intelectual, propietario emancipado, conciencia ilustrada, clase revolucionaria, nación soberana, razón crítica y dignidad personal. Toda la cultura, la ciencia y la sociedad modernas han sido así.

Pero la hegemonía de Gutenberg finaliza, y con ella acaba la del sujeto, como antes terminó el dominio de los dioses. No es que los dioses o el ideal del sujeto desaparezcan, pero dejan de ser decisivos. Por tanto, ahora se vuelve no más real pero sí más evidente que, parafraseando a MacLuhan, el sujeto es la información (el continuo informacional).

Y en esta etapa, cuando se intensifica y acelera el contagio viral de contenidos, se ve desarrollarse una inteligencia compartida, global, reticular, interconectada, externalizada, simbiótica, neurodigital, ciborg, una inteligencia de enjambre, eficaz y adaptada en general para sobrevivir. Es algo así como un espíritu de la colmena: cada miembro puede ser poca cosa, poco autónomo, normalmente, pero el agregado total se desenvuelve y funciona bastante bien, con un comportamiento emergente que no ha de calificarse de acción, ni tampoco resulta de ningún “sujeto”, porque la autoorganización de sistemas complejos no tiene que ver con la Providencia.

La situación, por otra parte, puede describirse y revestirse con un lenguaje optimista o pesimista, integrado o apocalíptico, mesiánico o melancólico, según como se vean las cosas.


Contagio y educación (2)

9 Marzo 2008

La sociedad de la información aparece cuando las tecnologías electrónicas provocan rápidos flujos y masiva proliferación y recombinación de información, que acelera todos los procesos sociales. Se trata de un fenómeno natural de aumento de la densidad informacional, que prolonga en el ámbito sociocultural la organización biológica basada en códigos genéticos (El continuo informacional).

El resultado es que la información, sustentada electrónicamente, envuelve a los homosapiens. Las potentes dinámicas informacionales que se generan ponen de manifiesto el papel de la información como sujeto impulsor de los cambios y la evolución social (Hipótesis sobre la información).

En particular, con las TIC se multiplica el contagio viral de la información: formas simples y automatizadas de transferencia informativa, de aprendizaje colectivo y de generación replicativa de conocimiento social. Estos fenómenos de contagio tienen lugar dentro de una simbiosis homosapiens-máquina, en la que los individuos-sujeto y la sociedad-sujeto pierden relevancia frente a la inteligencia compartida en red. En estas formas de conocimiento, los individuos aportan poco de su parte a la formación del saber, son más bien nodos por los que fluye la información colectiva.

La intervención educativa, en cualquiera de las dos versiones descritas en Contagio y educación (1), ha estado basada en el papel activo de la sociedad (educador) o del individuo (educando) como sujetos agentes de un aprendizaje formal y estructurado. Si los individuos se forman ahora predominante y tempranamente por impregnación e inmersión difusas en una red de inteligencia tecnosocial, los especialistas en diseño curricular lo tienen difícil. Tanto el poder socializador de la educación como la autonomía reflexiva del individuo están en cuestión frente a la avalancha informacional.

Por otra parte, ya puestos en pesimista a inventariar riesgos, un exceso de contagio viral no sólo cuestiona la educación tradicional:

  • La inmersión semiinconsciente de los individuos en los impetuosos circuitos y mercados de la información, de las industrias y economía de la información, puede convertirlos en esclavos consumidores, alienados en un entramado que les absorbe sin mediaciones reflexivas. 
  • La conexión automática de los individuos a los potentes sistemas de replicación de la información, puede también convertirlos en nodos intelectualmente pasivos, en meros reproductores digitales de contenidos, enganchados al poder inmenso de la red simbiótica de conocimiento externalizado.

Claro, todo esto son riesgos (relativamente) si especulamos sub specie humanitatis, porque mirando el asunto en cuanto polvo de estrellas el orden cósmico no se verá afectado para nada.


Contagio y educación (1)

5 Marzo 2008

La propagación y transferencia de información en la esfera sociocultural, entre los homosapiens, es un proceso natural, y usa a veces los procedimientos más básicos disponibles, pues ya se sabe que “la naturaleza es chapucera”. Los patrones de proliferación y replicación sociocultural, en cuanto se basan en información, son similares a los del DNA, con las lógicas diferencias derivadas del distinto sustrato: molecular en los genes y neuroquímico o electrónico en la cultura. Al resumir algunas hipótesis sobre la información, he escrito sobre ello.

La información empezó por comunicarse mediante la imitación, y lo que podríamos llamar el contagio es un medio fácil y expeditivo por el que un contenido informativo se transmite y se adquiere, se reproduce de cerebro en cerebro. Aunque intervenga como vector la mediación lingüística, la copia de fragmentos y módulos de información significativa, sin mucha elaboración, procesamiento o escrutinio, es una vía rápida para la difusión informativa, para el aprendizaje. Una forma actual de contagio es la publicidad viral, aunque hay más casos de transmisión semiautomática, poco consciente, de contenidos.

Sin duda, estas nociones proceden de una visión naturalista del conocimiento, poco compatible con el idealismo epistemológico de la Modernidad. Pero la cuestión debería ser si esta visión resulta o no más acertada, y no si reconforta más o menos.

La educación/enseñanza, como ya he escrito, ha venido siendo una de las maneras por las que una información (descriptiva de la realidad, reguladora de la conducta, instrumental, expresiva, etc.) es transferida a las mentes de otros homosapiens. Se trata de un procedimiento institucionalizado, formal, organizado comunitariamente, nada rudimentario, dirigido sobre todo a los individuos más jóvenes de la especie, a los nuevos miembros de la sociedad.

Ha habido una tradición pedagógica en virtud de la cual era la generación anterior, y/o la sociedad en conjunto, la que transmitía o inculcaba los contenidos a los educandos, formándolos activamente, modelando su personalidad y su conducta mediante la socialización en los valores, reglas y conocimientos del grupo humano en el que se integraban. La exageración de esta tradición ha conducido a una educación autoritaria, liquidadora de la espontaneidad creativa.

Según otra tradición pedagógica se trataba más bien de facilitar que de algún modo más o menos espontáneo o estimulado los nuevos individuos fueran desarrollando por sí mismos los conocimientos y pautas de conducta precisos para la vida, teniendo como horizonte el ideal de “atreverse a pensar” por uno mismo. La exageración de esta pedagogía ha llevado a un vaciamiento intelectual y moral, pues no hay pensamiento (como facultad) sin pensamientos (como contenidos).

En cualquier caso, ambas formas de intervención educativa, consciente, activa y organizada, se ven sometidas ahora al reto del contagio informacional basado en las TIC, característico de la sociedad de la información, de lo que trataré en otro post.

P.S. Más en Contagio y educación (2)