Contenedores vs. contenidos

Como los diez mandamientos, la sociedad de la información, tan compleja ella, se resume en dos: el negocio de los contenidos y el negocio de los contenedores (ver otro post al respecto). Quienes venden contenedores necesitan contenidos (educación, ciencia, entretenimiento, ficción, parloteo) para que los contenedores (aparatos y dispositivos diversos, comunicaciones de todo tipo) sean necesarios. Y viceversa, quienes venden contenidos dependen de que haya contenedores disponibles. Ambos mundos se necesitan recíprocamente, como caras de la misma moneda. El software, tan suave él, se desliza entre los dos ámbitos, dependiendo…

Pero hete aquí cómo tan estupenda alianza quiebra: la potencia de los contenedores hace que los contenidos se propaguen y reproduzcan mucho más intensa y velozmente de lo que sus propietarios, propietarios intelectuales, desearían, para captar controlada y ordenadamente unos retornos satisfactorios por el tráfico de mensajes. Y aquí empieza el drama de nuestro tiempo, que divide a las familias, las empresas y las personas, a veces con intereses curiosamente en los dos negocios.

Por un lado está la ley natural de que “todos los memes tienden a difundirse y multiplicarse”, como los gases o los virus, y que en medios y condiciones ambientales adecuadas (las TICs) esto se acelera. Es lo de que la información no se pierde al comunicarse, porque no se transfiere, sino que se replica.

Por el otro lado está la institución convencional de la propiedad intelectual, salida del mundo de la imprenta, que consagraba un pacto equilibrado entre los intereses públicos sobre el consumo de información y los intereses privados asociados a su creación. Un pacto que ha estado a la base de la Modernidad, que a su vez nos ha traído aquí (¿…?)

Parece evidente que el contrato social acordado para el mundo de la tecnología de la comunicación impresa, ha saltado por los aires con las nuevas TICs, hemos vuelto al estado de naturaleza, al conflicto abierto. Y las TICs cambian tan deprisa que es difícil sentarse a negociar un armisticio.

Si yo tuviera que apostar por el vencedor, apostaría, más bien, por la fuerza de la naturaleza y la tecnología que la potencia: son más contundentes.

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