Patentes en las universidades

Cualquiera puede observar el reciente y creciente desarrollo de las universidades españolas como fuerzas productivas, su intervención en el tejido industrial y empresarial que las rodea. El artículo de Baldini incide en esta cuestión. Es una revisión de la literatura publicada en los últimos 25 años acerca de la actividad universitaria en materia de patentes y licencias para transferir tecnología.

Desde los años 70 en EUA y desde comienzos de los 90 en Europa, diversos cambios en el entorno (gobiernos, economía del conocimiento…) han promovido la aparición de la universidad emprendedora, que asume como tercera misión ser agente del desarrollo económico, empresarial e industrial, junto a las dos tradicionales funciones de enseñanza e investigación. Así, surgen con fuerza la transferencia de tecnología, las patentes y licencias, los parques tecnológicos, la incubación de empresas, las plataformas conjuntas con el sector productivo… Todo esto supone, o debe suponer, que los científicos pueden dedicarse en la universidad a dos fines: buscar la verdad y generar beneficios.

Según Baldini, la actual situación tiene una serie de características. Las prioridades investigadoras se orientan a satisfacer unas necesidades sociales y económicas determinadas (aplicaciones prácticas). Se ha extendido la comercialización de la investigación, de su planeamiento y de sus resultados. Hay un interés creciente por la adecuada gestión y evaluación de la investigación. La sociedad adquiere importancia en la ciencia, ésta deja de ser monopolio de los científicos y es escrutada por mútiples agentes sociales. Gobierno, universidad e industria aparecen como tres subsistemas interconectados y entrelazados, con zonas de intersección (“triple hélice”). Las universidades dedican mayor atención a los resultados económicos y al valor comercial del conocimiento, generando patentes y licencias.

Baldini, a través de la bibliografía revisada, llega entre otras a estas recomendaciones. Para desempeñar bien un papel económico activo, las universidades deberían contar con una nueva estructura de gobierno y un nuevo sistema de gestión. Son fundamentales las oficinas de transferencia de tecnología, adecuadamente dotadas, cualificadas e interconectadas. Hace falta el liderazgo e implicación de la alta dirección de la universidad para promover patentes, licencias y espíritu emprendedor. Se requiere un ambiente fértil y propicio y actuaciones concretas de sensibilización. Además, la actividad de patentar es específica de disciplinas y sectores adecuados, no todo es patentable y no todas las patentes son iguales; no se pueden comparar unas universidades con otras de manera simplista. En todo caso, hay que desarrollar códigos estrictos de conducta, para prevenir comportamientos inmorales y para evitar sospechas.

Por otra parte, la actividad emprendedora puede ocasionar demoras en la publicación de resultados y restringir algo la libre comunicación del conocimiento científico, pues las empresas colaboradoras y contratantes no suelen tener prisa o interés en desvelar la información. El incremento de las patentes universitarias no parece que disminuya su calidad, ni la de la investigación, ni la excelencia en ciencia básica; todo ello se refuerza recíprocamente y aumenta el prestigio global. No es tan seguro, en cambio, que sea inocuo para la labor educativa y la generación de talento.

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