Más dinero y más ciencia

En los últimos días han coincidido una noticia sobre datos recientes de Eurostat acerca del gasto español en I+D+i y un editorial de Nature (22-03-07) dedicado a la situación de la ciencia en nuestro país.

La noticia es que el gasto total en I+D+i en España ha pasado desde el 1,06 % del PIB en 2004 a un 1,12% en 2005. Cualquiera puede calcular, de seguir las cosas a ese ritmo, cuánto se puede tardar en alcanzar el objetivo del 2% previsto por el Gobierno para 2010. Bien es verdad que, como mal de muchos, puede argumentarse que tampoco la UE va a conseguir pasar del 1,85 % al 3% en el mismo plazo.

El editorial de Nature reconoce que en España se está haciendo un importante esfuerzo presupuestario público en materia de investigación, con incrementos muy notables, y recoge la satisfacción de muchos científicos al respecto. Pero asegura que además de dinero se necesita reformar y modernizar drásticamente la organización y administración de la ciencia. Según la revista, las estructuras y sistemas de gestión y de recursos humanos están anquilosados, son muy burocráticos, dependen demasiado del intervencionismo político. Nature urge a la ejecución de los planes previstos sobre agencias autónomas (el CSIC, la de evaluación, financiación y prospectiva,…) y a tomar otras medidas de flexibilización.

Un ignorante en economía como yo piensa que si el PIB español está aumentando fuertemente, el 3% anual o más, es difícil que los incrementos en la porción pública de la inversión en I+D+i, por importantes que sean, resulten suficientes para totalizar una parte significativamente mayor cada año de ese PIB en expansión. Dándole la vuelta: si la economía crece mucho sin apenas inversión en investigación por parte del sector productivo, porque los agentes empresariales más dinámicos son, por ejemplo, la industria de la construcción y la del turismo y la hostelería, será difícil tener un país innovador sólo a costa del erario público.

Si además, como apunta Nature, la gestión de la política científica y de la investigación es poco eficiente, el rendimiento de los recursos tampoco será dinamizador. Aquí Nature calla sobre la increíble “complejidad” estructural de las políticas públicas de I+D+i en España, con su nivel europeo, su nivel nacional, sus niveles regionales, sus “autónomas” universidades…, donde o los inputs en coordinación consumen parte considerable de las energías, o los resultados son escasamente coherentes y rentables (o ambas cosas).

Se me ocurre otra simplificación. Para que en un lugar haya investigación e innovación lo que se necesita es masa crítica de científicos emprendedores y activos y masa crítica de empresas activas y emprendedoras, mucho más que riego de dinero por inundación. Pero si se carece de voluntad, tampoco es para agobiarse con tanta competitividad: España puede de todas formas ser un país feliz, simpático y soleado (aunque con demasiado ladrillo y hormigón). La otra opción, desarrollar un ejército tecnológicamente puntero, es menos vistosa.

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