Citizendium, nueva enciclopedia

28 abril 2007

Hace un mes que la versión beta de Citizendium (CZ), The citizen’s compendium, está disponible en línea. Pretende ser la alternativa a Wikipedia. Construida con similar tecnología wiki y con apariencia muy semejante, Citizendium puede ser utilizada por cualquiera en internet. Pero no cualquiera puede redactar y editar libre y anónimamente sus contenidos: es preciso registrarse, identificarse y ser aceptado, como autor o editor. La información aportada por los autores es revisada por grupos de trabajo de editores organizados muy sistemáticamente por disciplinas. La finalidad de todo ello es, pues, controlar la calidad de los artículos y ofrecer fiabilidad a los lectores. El impulsor de la iniciativa, Larry Sanger, es uno de los fundadores de Wikipedia.

No he conseguido averiguar el tamaño actual de Citizendium, pero es claro que está empezando y hay pocos artículos aún, los que son fundamentales en cada disciplina científica, parece, y poco más. Estos artículos principales ya completados sirven para establecer el armazón del proyecto. Tienen la inmensa mayoría de los conceptos con hipervínculo en rojo, pendientes de que se redacte su propia explicación. Son escasos los que figuran ya en azul, con enlace a sus páginas. Muchos de los contenidos, además, están tomados de Wikipedia, o basados en ella, a modo de punto de partida. De momento, todo está en inglés, mientras se constata si el proyecto se consolida y progresa.

Si Citizendium consigue movilizar a autores y editores algún día podrá rivalizar con Wikipedia, aunque el recorrido es largo e incierto. La iniciativa, obviamente, parece muy interesante y sólidamente organizada. La cuestión es si logrará combinar la amplia accesibilidad de Wikipedia con el rigor y la seguridad de las enciclopedias tradicionales. O de otra manera, como ellos mismos dicen, si conseguirá sintetizar la cultura hacker con la cultura académica.


Internet y la imprenta

27 abril 2007

Sorprende que un autor dedique más de 500 páginas al nacimiento de la cultura científica, de la ciencia moderna, y de la propia Modernidad, desde sus raíces en el siglo XIII hasta el siglo XVII, explicando exhaustivamente, supongo, cómo se produce, y que no de con la razón de por qué ocurre todo ello. Según leo en una reseña del libro en Nature: “Why the changes that Graukroger describes should have ocurred in seventeenth century Europe remains largely unanswered”. Menos mal que promete más volúmenes para intentar aclarar mejor la cuestión. Graukroger no ha leído a Elizabeth Eisenstein, o le resbala, porque siempre es más elevada una historia del espíritu que de la realidad.

En cambio, me ha alegrado leer un informe de 30 páginas, de 1998, donde su autor, James A. Dewar, interpreta la actual revolución o era de la información a la luz de lo sucedido con la imprenta y sobre la base principal de las explicaciones de Eisenstein. Gracias a ella, Dewar parece más atinado en su análisis del presente que Graukroger en su explicación del origen de la cultura científica. Aunque su artículo es de hace ¡nueve años!, casi todas sus ideas esenciales me parecen atinadas.

Dewar cree que la era de internet es similar en bastantes aspectos a la de la imprenta. Para probarlo, examina diversos paralelismos entre una y otra revolución infotecnológica. Ambas representan importantes avances en la capacidad de comunicarse de los homosapiens: la imprenta creó la comunicación uno-a-muchos y la interconexión de ordenadores la comunicación muchos-a-muchos. Ambas revoluciones introducen cambios drásticos en la forma en que se preserva, actualiza, difunde, recupera y adquiere el conocimiento; y en ambos casos se reestructura la manera en que el conocimiento pertenece a alguien, es propiedad intelectual.

Según Dewar, siguiendo a Eisenstein, la imprenta desencadenó cambios profundos y extensos: un Renacimiento consolidado y transformador, la Reforma protestante (y su contrapartida católica) y, andando los años, la revolución de la ciencia moderna. Sucedieron como consecuencias no previstas ni deseadas de la imprenta, desbordando completamente los efectos intencionados de la invención. Dados los paralelismos, la interconexión de ordenadores provocará cambios socioculturales enormes, que tal vez no se perciban del todo hasta dentro de unas décadas, dominando las consecuencias no deseadas a la extrapolación simple de las tendencias actuales.

De la historia de la imprenta, Dewar extrae sus propias lecciones para el presente. No conviene regular demasiado la internet, asegura, para evitar que suceda como a los países que restringieron la libertad de imprenta (España, entre ellos), que quedaron eclipsados en la Modernidad. Y cree preferibles las políticas de experimentación libre y abierta, de abajo arriba, atentas a lo imprevisto, con estándares de facto o acordados desde la base, más que las planificaciones globales y coercitivas.


CSA Discovery Guides

25 abril 2007

La serie de Discovery Guides de Proquest CSA es sin duda un inteligente ejemplo de valor añadido por parte de un proveedor de información de pago. Con las Discovery Guides, Proquest CSA proporciona interesantes contenidos accesibles para cualquier persona al tiempo que atrae a posibles usuarios a sus recursos de información y muestra las potencialidades de estos recursos para la gestión y recuperación de documentación científica.

Las Discovery Guides son pequeños pero valiosos artículos, por supuesto muy bien documentados, que inician a los lectores en un tema de investigación de actualidad. Sirven como primera lectura de aproximación y como introducción bibliográfica a un estudio más en profundidad. Cada guía ofrece un resumen de los principales aspectos del tema en cuestión, incluyendo los más recientes desarrollos. Además, se incluyen referencias con resúmenes de las bases de datos CSA, enlaces a sitios web seleccionados, imágenes, gráficos y tablas sobre el asunto de que se trata, y un glosario de términos específicos de cada artículo. También se puede descargar una versión pdf del artículo, para imprimir, etc.

Las Discovery Guides aparecen mensualmente; están publicadas y accesibles unas 120, sobre los temas más diversos, pero siempre de actualidad en el momento en que se publican: ambiente, energía, astronomía, materiales, salud, economía, lenguaje, informática, etc. Las cuestiones ambientales son de las más abordadas, de acuerdo con las fortalezas de CSA Illumina en cuanto a recursos de información (ASFA, Environment Science & Pollution Abstracts, etc.)

Muy reciente y recomendable es la Discovery Guide de marzo pasado: Scientific communication and the dematerialization of scholarship, a cargo de Douglas Brown. Trata de las recientes tendencias en materia de e-ciencia, investigación cooperativa en la red y acceso abierto. Muy en relación con esto, otra Guide de hace pocos meses aborda el tema de la Grid computation.


Tecnociencias emergentes

22 abril 2007

La colonización sistemática de nuevas zonas de conocimiento responde a la búsqueda de oportunidades de negocio por parte de la industria, con más o menos estímulo político. Explorar nuevas regiones de la realidad permite innovar en productos y servicios, y por tanto crear nuevas necesidades y mercados. En el momento presente, a mi parecer, hay tres grandes áreas en la frontera de la investigación tecnocientífica, tres grandes espacios abiertos a la indagación y ocupación científico-empresarial:

  • La infotecnología, que consiste en la explotación industrial de los memes, la información generada y transmitida por los homosapiens, es decir, la realidad neuro-simbólica, lingüístico-cultural; se trata de artefactos y servicios dedicados al tráfico y manejo de toda clase de contenidos.
  • La biotecnología, que consiste en la explotación industrial de los seres vivos, incluyendo los propios homosapiens, no sólo desde el nivel celular, sino desde el nivel genético y biomolecular (proteínas…); la biotecnología alimenta, entre otros, al importante sector de la industria de la salud.
  • La nanotecnología, que consiste en la explotación industrial de lo pequeño, de la materia desde el nivel molecular, una región de la realidad física recién abierta a la manipulación técnica y al aprovechamiento económico; la nanociencia además tiene aplicación en los otros dos ámbitos anteriores.

Aparte de estas tres áreas de prospección y de negocio, debe tenerse en cuenta una cuarta igualmente importante, que es condición de posibilidad de las demás y requisito crítico para que la especie humana continúe aumentando en complejidad sociocultural (tamaño de la población, riqueza, consumo, bienestar, medias de supervivencia, etc.) Es el campo de la energía, la investigación y la industria energética en su amplia diversidad.


Profesionales en información, 4

18 abril 2007

Las tecnologías de control de la información caminan de la mano con las de su propagación, desde siempre. Por eso siempre ha sido, y sigue siendo, un ideal imposible el sistema universal y único de control y recuperación de la información, llámese catálogo de los libros del mundo, Repertorio Bibliográfico Universal, Control Bibliográfico Universal, digital-universal-lo-que-sea, o Google… Se persigue un sueño inalcanzable, porque tanto como progresa el control, aumenta la producción y la proliferación de contenidos. Y las exigencias del acelerado ritmo del trabajo intelectual reducen el tiempo disponible para buscar y conseguir, entre tanta información, la información precisa y preciosa.

De ahí que la figura del guía humano capaz de orientar a los exploradores extraviados en la selva de la información, permanezca a lo largo de la historia como un estereotipo duradero, con el ejemplo célebre de la Misión del bibliotecario de Ortega. Este bibliotecario es un superviviente en medio de la barahúnda y el tráfago de la última modernidad, un resistente con tal vez algunas perspectivas de futuro.

En el campo de la actividad científica y tecnológica, cada vez más compleja y exigente en plazos y resultados, basada en equipos multidisciplinares y amplias redes de cooperación, un avezado conocedor de los vericuetos y atajos del intrincado territorio informacional podría ser un interesante compañero de viaje, una ayuda aprovechable fundamentalmente para ahorrar tiempo a quienes colonizan nuevas regiones del conocimiento. Tal vez, tal vez.

Pues, como dice Bernabé Zea en un interesante artículo con el que estoy de acuerdo: “Sin embargo me parece indiscutible que la gran cantidad de información especializada existente exige tener un conocimiento real de la materia a buscar (química, ingeniería, patentes, negocios, etc.) para poder recuperar y seleccionar la información que precisa el usuario. (…) debe conocer a fondo, no sólo el lenguaje de recuperación y el contenido de las bases de datos, sino también, la materia que se pretende buscar y herramientas para la edición posterior de la información obtenida” (Zea, B. Futuro de los profesionales de la información: nuevos productos conllevan nuevos roles”. El profesional de la información, 2006, 15(6):408-410).

Es decir, unos profesionales de la información capaces de agregar valor (informacional) al proceso investigador codo con codo con los demás miembros del equipo de trabajo y, por tanto, adecuadamente especializados en materias científico-técnicas, podrían ser valiosos colaboradores en la empresa investigadora.

Puede verse también Profesionales en información, 1, Profesionales en información, 2 y Profesionales en información, 3.


Quaero, pero no puedo

17 abril 2007

En Europa el superavión de Airbus no acaba de despegar, el sistema Galileo de geoposicionamiento por satélite no consigue situarse, y el buscador de internet Quaero no se encuentra a sí mismo (hasta el punto de que no tiene ni web publicitaria). Grandes macroproyectos tecnocientíficos europeos dan muestras de impotencia.

No hablemos de la Constitución europea, pues no hay forma más fácil de no conseguir algo que no querer conseguirlo. Pero en lo que se refiere a grandes objetivos tecnológicos, Europa exhibe su desmayo y sus diatribas internas. Enredados entre las codiciadas ventajas de las economías de escala de la integración y los afanes de mando y protagonismo particularistas, los europeos parecen algo bloqueados, colgados del “¿qué hay de lo mío?” y del “¿a mí cuánto me toca?”.

La Comisión acaba de publicar un libro verde sobre el Espacio Europeo de Investigación (ERA, European Research Area) en el que describe los problemas existentes para superar la fragmentación y compartimentación y pide ideas al respecto a través de un proceso de consulta y debate públicos, con el objetivo de dar contenido a ese concepto de espacio único. Pero, ¿cómo integrar un ERA, si sólo en España hay 17 (por lo menos)?

Si supiera de termoquímica diría algo así como que cuando la energía de activación necesaria para que los componentes reaccionen es demasiado elevada, el proceso, la reacción, es muy lenta, o no tiene lugar, no hay productos. Si cuesta tanto o más poner de acuerdo a los partipantes como el beneficio que se puede obtener de su cooperación, la cuestión se presenta difícil.

Y es que, normalmente, las cosas serias o las hace alguien en representación y con la autoridad soberana de todos, que es lo suyo en el ámbito de lo público, o las hace cada cual a su aire, que es lo lógico en el mundo privado.

En Europa sólo faltaría que fracasara la Biblioteca Digital Europea. Cundiría el euroescepticismo, me lo imagino. Al menos, tiene web, que ya es algo.


¿Qué es la tecnociencia?

17 abril 2007

Así pues, según Javier Echeverría, en La revolución tecnocientífica, la tecnociencia es una forma de practicar la ciencia y la tecnología que surge en los años 80 en EUA y que se extiende a otros países. La tecnociencia convive con la ciencia y la tecnología convencionales, pero presenta según nuestro autor rasgos característicos:

  • La investigación se organiza y el conocimiento se gestiona de manera industrial o empresarial, como una cadena productiva orientada a la eficiencia y la rentabilidad, con financiación privada en su mayor parte y políticas públicas de estímulo.
  • El sujeto de la tecnociencia es híbrido, plural y complejo; una multitud de agentes participan a través de grandes equipos y amplias redes de investigación: científicos, ingenieros, técnicos, políticos, militares, empresarios, gestores, etc.
  • El conocimiento tecnocientífico no es un fin en sí mismo, tiene una función instrumental, es un medio para la acción, para la realización de intereses y objetivos. La búsqueda de la verdad es sólo uno de los valores en juego.
  • La tecnociencia es una forma, o una fuente, de poder y de riqueza. Sirve para la supremacía política o militar, para el desarrollo económico y empresarial; es un activo estratégico de los estados, las sociedades civiles y los emprendedores.
  • La informática y en general las TIC son las herramientas básicas para el desarrollo de la tecnociencia, su método de trabajo esencial, mediante procesos de simulación, cálculo, etc.
  • En la tecnociencia intervienen una pluralidad de valores. Los valores económicos, militares, políticos, epistémicos o técnicos suelen estar en su núcleo. Pero también actúan, más en su periferia, los valores jurídicos, sociales, ecológicos, morales, etc. Todo ello provoca frecuentes conflictos de valores.
  • El conocimiento deviene empresa, capital y mercancía, objeto de propiedad y comercio, la investigación se constituye como un sector económico decisivo, como forma de negocio y medio esencial del poder. Con la innovación basada en la investigación se busca crear nuevos productos que capten mercados y generen beneficios.
  • La tecnociencia se preocupa por su imagen pública, en busca de legitimidad y consenso, precisamente porque, de hecho, cambia más las sociedades humanas y la vida de las personas que la propia naturaleza.

Podríamos decir que la tecnociencia representa la plena absorción de la ciencia y la tecnología por parte del capitalismo, al que transforma. Actúa como fuerza productiva fundamental y característica de la sociedad informacional que ella misma ha creado en buena medida: una sociedad donde más que ciudadanos hay clientes, usuarios, consumidores.