Internet y la imprenta

Sorprende que un autor dedique más de 500 páginas al nacimiento de la cultura científica, de la ciencia moderna, y de la propia Modernidad, desde sus raíces en el siglo XIII hasta el siglo XVII, explicando exhaustivamente, supongo, cómo se produce, y que no de con la razón de por qué ocurre todo ello. Según leo en una reseña del libro en Nature: “Why the changes that Graukroger describes should have ocurred in seventeenth century Europe remains largely unanswered”. Menos mal que promete más volúmenes para intentar aclarar mejor la cuestión. Graukroger no ha leído a Elizabeth Eisenstein, o le resbala, porque siempre es más elevada una historia del espíritu que de la realidad.

En cambio, me ha alegrado leer un informe de 30 páginas, de 1998, donde su autor, James A. Dewar, interpreta la actual revolución o era de la información a la luz de lo sucedido con la imprenta y sobre la base principal de las explicaciones de Eisenstein. Gracias a ella, Dewar parece más atinado en su análisis del presente que Graukroger en su explicación del origen de la cultura científica. Aunque su artículo es de hace ¡nueve años!, casi todas sus ideas esenciales me parecen atinadas.

Dewar cree que la era de internet es similar en bastantes aspectos a la de la imprenta. Para probarlo, examina diversos paralelismos entre una y otra revolución infotecnológica. Ambas representan importantes avances en la capacidad de comunicarse de los homosapiens: la imprenta creó la comunicación uno-a-muchos y la interconexión de ordenadores la comunicación muchos-a-muchos. Ambas revoluciones introducen cambios drásticos en la forma en que se preserva, actualiza, difunde, recupera y adquiere el conocimiento; y en ambos casos se reestructura la manera en que el conocimiento pertenece a alguien, es propiedad intelectual.

Según Dewar, siguiendo a Eisenstein, la imprenta desencadenó cambios profundos y extensos: un Renacimiento consolidado y transformador, la Reforma protestante (y su contrapartida católica) y, andando los años, la revolución de la ciencia moderna. Sucedieron como consecuencias no previstas ni deseadas de la imprenta, desbordando completamente los efectos intencionados de la invención. Dados los paralelismos, la interconexión de ordenadores provocará cambios socioculturales enormes, que tal vez no se perciban del todo hasta dentro de unas décadas, dominando las consecuencias no deseadas a la extrapolación simple de las tendencias actuales.

De la historia de la imprenta, Dewar extrae sus propias lecciones para el presente. No conviene regular demasiado la internet, asegura, para evitar que suceda como a los países que restringieron la libertad de imprenta (España, entre ellos), que quedaron eclipsados en la Modernidad. Y cree preferibles las políticas de experimentación libre y abierta, de abajo arriba, atentas a lo imprevisto, con estándares de facto o acordados desde la base, más que las planificaciones globales y coercitivas.

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