“Web research”, de M. Radford

Una de las principales virtudes de Web research es su brevedad, dicho sea sin ironía. Es un libro que realmente podrían leer (o consultar, por lo menos) los post-adolescentes que pueblan las universidades, que es a quienes se dirige. Se trata de un texto sencillo, de fácil y rápida lectura, bien organizado, presentado de manera didáctica, útil y práctico. Su lenguaje y redacción lo configuran como una herramienta adecuada para los estudiantes. Al estilo norteamericano, incluye recuadros de consejos (tips), tablas, gráficos, listas, sumarios, vocabulario… Y estos son sus capítulos:

  1. Using the web as a research tool
  2. Search engines, subject directories and virtual libraries
  3. Content evaluation
  4. Visual evaluation
  5. Copyright issues and the web
  6. When and how to cite web sources

Pero lo más interesante es la perspectiva, el enfoque. Aborda la enseñanza informacional desde la realidad de las cosas, que es el uso masivo de internet por los jóvenes como instrumento básico de información, como ventana desde la que se contempla el mundo. Y a partir de ahí procura dirigir a los estudiantes hacia la información de calidad, hacia su evaluación y uso responsable. Aunque escrito por bibliotecarias, Web research no mira el mundo desde dentro de la biblioteca, sino las bibliotecas desde el mundo, como elementos valiosos para el aprendizaje. Aunque centrado en la búsqueda de información en internet, conduce sobre todo a los lectores al análisis crítico y al uso inteligente de la red.

Es significativo al respecto el capítulo 4, uno de los más largos, dedicado al diseño y presentación de los sitios web. Introduce a los jóvenes en los rudimentos de una visual literacy muy útil. Enseña a defenderse de la manipulación comercial o propagandística, a no dejarse seducir por los trucos del diseño web. Inicia al estudiante en un conocimiento explícito sobre la calidad de la presentación, navegación y usabilidad, haciéndole consciente sobre estos aspectos, que a menudo nos pasan desapercibidos y cuyos resultados nos inundan en avalancha, sin dejar sitio para la reflexión distanciada.

Naturalmente, la selección de herramientas y sitios de internet recomendados pertenece al ámbito norteamericano, y otros muchos aspectos corresponden también a esa cultura y no son trasladables sin más. Para empezar, por ejemplo, “research” no tiene, claro, el mismo sentido fuerte que en español “investigación”; por tanto, no es un libro para aprender a “investigar”.

La autora principal, Marie Radford, tiene su propia web y colabora en un blog, Library Garden. Y la aparición de esta segunda edición de Web research ya fue comentada por Lluís Codina en Servicio de Alerta. No vendría mal, por cierto, que hubiera algo equivalente en castellano.

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