El continuo informacional

Ya he escrito en otra entrada que el surgimiento y evolución de sistemas crecientemente complejos (físicos, biológicos, sociales…) consiste en el aumento del grado de organización de la materia, y se realiza mediante un consumo de energía que permite vencer la entropía. El grado de organización de la materia es información, al fin y al cabo: lo contrario del ruido y el desorden. Cuanto más complejo es un sistema, más energía incorpora, y más información. Ya los sistemas físico-químicos (átomos, moléculas, redes cristalinas…) portan información, pero en los organismos vivos, la información codificada en los genomas es mucho más importante.

La propia evolución biológica ha construido los sistemas neuronales, donde la información se basa en configuraciones de las neuronas, estados de conexión sináptica entre células nerviosas, mediante activación electroquímica. Esta es una forma de gestionarse la información más flexible y versátil que las macromoléculas de DNA.

Cuanto más evolucionados y complejos son los organismos, más se pueden modificar a lo largo de su vida sus estados neuronales. Con el homosapiens el aprendizaje, o registro de nueva neuroinformación, ha llegado por ahora a su máximo desarrollo biológico, gracias al lenguaje y sus derivados (escritura, etc.) Con el lenguaje se manipulan y comparten los estados neuronales mediante signos sonoros (o sus correlatos mentales, gráficos, etc.) Así, la información no deja de ser organización de la materia, pero se llega a un alto grado de sublimación o mediatización simbólica.

A su vez, los sistemas psicosociales (comunidadades de homosapiens) han creado, artificialmente desde su punto de vista, sistemas electrónicos de mayor y creciente densidad informacional. En estas estructuras la “intención” es que la información no sea sólo la cualidad organizacional de la materia, sino que deliberadamente la materia sea un medio para la información, para su propagación intensiva.

Reconocer este continuo informacional creo que permite (i) superar los dualismos, espiritualismos y humanismos, (ii) situar a la información en su justo lugar ontológico como cualidad de la materia pero sujeto de muchos devenires y evoluciones, y (iii) mirar con un enfoque naturalista la sociedad de la información y sus tecnologías.

En esto he vuelto a dar después de leer Deconstruyendo a Darwin, de Javier Sampedro (Crítica, 2002), un libro interesante y donde lo que más me ha sorprendido es el efecto Baldwin como origen de la competencia lingüística, aparte de aprender que no toda evolución es darwiniana, regida por la selección natural, porque hay evolución modular (que explica el origen de la célula eucariota o de los animales bilaterales).

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