Comunicación científica [2]

Clasificadas de una u otra manera, con unos u otros nombres, las funciones de la comunicación científica están claras. Corresponden a una estructura institucional bastante consolidada de las comunidades investigadoras, y hasta el momento, sea cual sea el canal, medio o contenedor utilizado para transmitirse la información, tales funciones no se han visto demasiado alteradas en lo esencial.

La comunicación científica ha sido y sigue siendo un fenómeno interno y consustancial a la ciencia, caracterizado por la reciprocidad o casi perfecta simetría entre emisores y receptores, por ser una intercomunicación, un intercambio entre pares, entre especialistas.

Sin embargo, cada vez se habla más de comunicación científica en un sentido secundario o derivado, pero importante: podríamos decir comunicación científica [2]. Este segundo y nuevo sentido de la comunicación científica sí es el resultado de los cambios recientes producidos en la práctica investigadora, como consecuencia de las transformaciones tecnológicas y, por ende, sociales. El surgimiento de las empresas tecnocientíficas, la industrialización de la investigación, la posición preeminente adquirida por el conocimiento científico-técnico como fuente de poder y de riqueza, como fuerza productiva básica de las sociedades actuales (¿Qué es la tecnociencia?), hacen aparecer la comunicación científica [2].

La comunicación científica [2] es el intercambio de información y la transferencia de conocimiento entre la tecnociencia como subsistema social y la sociedad en su conjunto. Se trata de una interacción no recíproca ni simétrica, pero sí relevante para ambos polos. La permeabilidad entre ciencia y sociedad conviene seguramente a ambas: la necesita la tecnociencia para legitimarse socialmente y la necesita la sociedad para aspirar a un cierto control sobre su propia evolución. Pero es una de las cosas más difíciles que pretenderse pueda (Entre ingenieros y ciudadanos).

Quienes de una u otra forma trabajan en esa interfaz ciencia-sociedad, en esa membrana, facilitando la ósmosis entre ambos líquidos, tienen una complicada tarea, en un terreno pantanoso y lleno de peligros. La comunicación científica [2] cuenta, por tanto, con una extensa agenda de cuestiones que abordar, que en otra ocasión comentaré.

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