Ciencia y sociedad: agenda

Escribía hace poco que la comunicación científica [2], es decir, la interacción ente el conocimiento experto y la sociedad en su conjunto, tiene lugar en un terreno muy complicado, en el que se ventila una amplia agenda de asuntos difíciles. Apunto unos cuantos:

(i) Control democrático. Dado el volumen de la financiación pública de la ciencia y la tecnología, cómo se fijan las prioridades y fines y cómo se evalúa la consecución de objetivos en los planes públicos de investigación y desarrollo, con qué clase y grado de intervención de las instancias políticas democráticamente representativas.

(ii) Tecnocracia. Inversamente, qué participación expresa debe tener el conocimiento tecnocientífico en el gobierno de los asuntos públicos y en las decisiones políticas de sociedades altamente complejas, desarrolladas e informacionales.

(iii) Participación social. En el establecimiento de líneas de investigación y en el seguimiento o transferencia de sus resultados, qué participación tiene la sociedad civil, qué agentes sociales intervienen y cómo lo hacen, cómo influye en la investigación la ciudadanía (o la clientela, en otra perspectiva).

(iv) Necesidades sociales. Cuando alguien declara que satisfacer las necesidades sociales es el objetivo de la investigación, hasta qué punto, en qué proporción, se está refiriendo a las demandas del mercado (oportunidades de negocio) o a fines y valores generales, a largo plazo (intereses de la especie), en el otro extremo.

(v) Legitimidad social. En la comunicación ciencia-sociedad, la primera busca el consentimiento de la segunda, que necesita para su expansión como subsistema social y para ejercer su liderazgo como fuerza productiva fundamental, que transforma a la propia sociedad.

(vi) Educación y formación. Hay una obvia pero no poco problemática comunicación de la ciencia a los niños y jóvenes a través del sistema educativo y de canales no reglados, muchas veces obligada a conjurar tanto el pánico a la desmotivación como el abuso del aprender jugando.

(vii) Cultura científica. El desarrollo tecnocientífico también requiere aumentar la preparación y motivación del conjunto de la ciudadanía, para que todos se integren y participen en dicho desarrollo o tengan criterios propios a la hora de valorar la ciencia, o al juzgar o consumir los avances científicos concretos.

(viii) Vocaciones y mano de obra. Es otro problema de comunicación, o de relaciones públicas, despertar entre los jóvenes universitarios vocaciones investigadoras, que permitan, a través de una trabajosa carrera, incorporar futura mano de obra cualificada para el sistema tecnocientífico.

(ix) Ética de la investigación. Los conflictos entre fines y valores con vigencia social, por un lado, y los objetivos de los proyectos de innovación científico-industrial, por otro, constituyen una fuente de problemas en la relación ciencia-sociedad. 

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