Demarcación y comunicación [2]

Son bastantes, ciertamente, los asuntos que se debaten en la relación ciencia-sociedad, donde tiene lugar lo que podría llamarse la comunicación científica [2], por distinguirla de aquella primaria comunicación entre expertos que produce el conocimiento cualificado que denominamos ciencia.

Pero además de esa agenda de asuntos, hay otro problema fundamental y en cierto modo previo, diríamos: la vieja y filosófica cuestión de la demarcación de la ciencia o, en términos más actuales, de la calidad y evaluación de la ciencia. Cuando se trabaja en la interfaz ciencia-sociedad, en la membrana de la ósmosis, como agentes educativos, en los medios, formando jóvenes, haciendo divulgación científica, canalizando expectativas o demandas sociales, etc., hay que controlar qué se filtra en una dirección y qué en otra, qué atraviesa la aduana y si hay contrabando.

La comunicación científica [2] encierra para educadores, divulgadores y comunicadores compromisos y responsabilidades en cuanto a la demarcación de qué es y qué no es ciencia, qué es fiable y hasta qué punto, a qué nos referimos con información científica y cuánta credibilidad, fundamento y transparencia tienen los datos que se transmiten… Pueden citarse muchos ejemplos prácticos:

  • Proliferación de todo tipo de información y confusión en Internet
  • Pseudociencias y saberes anticientíficos promovidos públicamente
  • Divulgación demagógica o distorsionada de la ciencia en los medios
  • El vidrioso campo de la salud como sector industrial y epistémico
  • Intereses económicos y manipulación de resultados científicos
  • Fraudes y picaresca profesional en la investigación
  • Propaganda, publicidad y marketing sobre necesidades sociales
  • La difícil separación entre conocimiento e interés, ciencia e ideología

Todos estos temas tienen que ver con la evaluación, calidad y, en definitiva, con la demarcación de la ciencia. Incluso diría que evocan un difícil y escurridizo problema, nada posmoderno, aun más antiguo que el de la demarcación, y desde luego tampoco resuelto, llamado de la verdad. La comunicación ciencia-sociedad no puede dar la espalda a estas complicaciones.

En todo caso, desde luego, por muchas razones, la preocupación por la comunicación científica [2] está aumentando con rapidez, como pone de manifiesto la próxima celebración en Madrid del IV Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia, bajo el lema “Cultura científica y cultura democrática”.

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