“Publish or Perish” de Harzing

30 agosto 2008

Ann-Will Harzing es una profesora de International Management, nacida en Holanda pero que trabaja ahora en la Universidad de Melbourne, Australia. Aunque es experta en gestión de recursos humanos en ambientes internacionales y multiculturales, está muy interesada por los temas de comunicación y edición científica, evaluación de la investigación, etc., como se comprueba en su web. Y es una defensora convencida de la utilidad de Google Scholar para los análisis métricos de la ciencia.

Desde 2006, con notable éxito, Harzing ofrece un programa elaborado con su ayuda por la empresa Tarma Software Research, que se llama Publish or Perish, con el que se reúnen citas y calculan datos métricos extraídos del buscador Google Scholar. Es una pequeña aplicación muy sencilla, que se puede descargar desde el sitio web de Harzing gratuitamente si es para uso personal. (Su nombre, por cierto, me parece algo más que una evocadora gracieta).

Publish or Perish ejecuta búsquedas en Google Scholar que pueden ser de tres tipos: Author impact analysis (referencias de un autor con sus citas), Journal impact analysis (citas a una revista) y General citation search (búsqueda de referencias concretas y sus citas). Presenta en pantalla listas de referencias breves, que enlazan a páginas de resultados de Google Scholar y se pueden marcar y desmarcar como pertinentes o no para nuestro rastreo, así como ordenar por diferentes criterios.

A partir de las referencias y citas, Publish or Perish calcula y presenta datos como: número total de artículos y de citas; citas por artículo, por autor, por año; artículos por autor y autores por artículo; índice g, índice h en diversas versiones y otros indicadores concebidos recientemente. Dispone de un módulo de gestión y archivo de las búsquedas realizadas (Multi-query center) y también permite copiar y exportar los resultados estadísticos y las referencias bibliográficas (en BibTex y otros formatos). Cuenta, además, con una ayuda muy profesional, bien articulada, completa y práctica.

Publish or Perish hereda las ventajas y los defectos de Google Scholar, del que depende absolutamente. A nadie a quien no convenga usar el buscador para análisis de citas le interesa esta aplicación. Y por supuesto quien la emplee encontrará las mismas dificultades con los nombres de persona, las mismas incertidumbres sobre el alcance de los análisis o los mismos errores que acudiendo de forma directa a Google Scholar…

Pero con el programa de Harzing se aprovechará más eficazmente de la capacidad del buscador científico para “husmear” en toda la Red. Constituye una ayuda estupenda para procesar y utilizar la información que se deriva del buscador y que, de otra manera, hay que tratar “a mano”. Aporta, pues, a Google Scholar, exactamente, la métrica, la explotación de los datos cuantitativos.

He encontrado más información sobre Publish or Perish en el blog Bibliometría, en el blog Software científico y técnico y en The Australian.

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Galileo no fue el primero

25 agosto 2008

Entre las supersticiones que acompañan a la ciencia, de las que no consigue desembarazarse, está el mito sobre sus orígenes: un mito creacionista, según el cual el Espíritu humano (o alguna encarnación suya) creó de la nada la Ciencia en el Renacimiento, algo sin precedentes, nunca visto.

Como en una antigua cosmogonía, este mito cuenta cómo hubo un Primer Hombre que descubrió el infalible Método Científico, instaurando en medio de las tinieblas el Reino de la Claridad, y pasó la luz sagrada a sus sucesores. El Primer Hombre generalmente es Galileo, aunque en otras versiones del mito puede ser Copérnico o incluso Newton. O tal vez es un colectivo de Pioneros el que inauguró para siempre el camino seguro a la Verdad, del que los seguidores ya nunca se apartaron. De épocas anteriores al santo advenimiento se salvan como mucho Euclides, Arquímedes y algún otro, en calidad sólo de admirables Precursores. Queda todo lo demás señalado como “especulación filosófica” o con similares etiquetas.

Toda profesión o grupo humano tiene sus héroes. Un poco de mitomanía es normal y hasta sano para la moral colectiva. Honrar a los santos patrones es una buena costumbre de gremios agradecidos, y Galileo lo merece. Pero otra cosa es creer un conjunto de leyendas que constituyen una visión anticientífica sobre la propia ciencia.

Sin embargo, es frecuente entre divulgadores y propagandistas de la ciencia, incluso autores serios y reputados, y por supuesto entre muchos científicos de a pie y de a caballo, confiar más o menos en estos mitos. Cultivadas personas que no creerían en el influjo de los dioses sobre las leyes naturales, o en los malos espíritus que se apoderan del cuerpo mórbido, se imaginan que una singularidad espiritual aconteció el el XVI, o en el XVII, por generación espontánea.

Una visión racional de la ciencia debería reconocer que ésta forma parte del patrimonio informacional transmitido culturalmente, no heredado en los genes, con que los individuos de la especie Homo sapiens se enfrentan y responden al medio. Como parte de ese patrimonio, la ciencia es difícil de segregar del conjunto; desde que ha habido homosapiens han existido representaciones del mundo cada vez más atinadas y fiables.

Es difícil, por tanto, establecer un origen temporal o una demarcación lógica de la ciencia, aunque sea razonable identificar como tal a aquel segmento del patrimonio informacional de los homosapiens que describe la realidad y lo hace de manera más precisa, rigurosa, eficiente, progresiva, crítica y objetiva. O sea, al sector de información culturalmente transmitida que representa el mundo y que más se ha depurado, decantado y perfeccionado lo llamamos ciencia.

La información científica en los homosapiens ha progresado a través de muchos cerebros, algunos excepcionales sin duda, y a lo largo de todas las épocas y sociedades, aunque en ciertas ocasiones de forma extraordinaria, desde luego. Pero se ha desarrollado continuamente, coincidiendo los mayores saltos con los grandes avances en materia de técnicas de registro y transmisión de la información, como es natural (la imprenta, la escritura fonética, las grandes bibliotecas, etc.)


MICINN, instrumento económico

17 agosto 2008

Hace años, gobernando en España otro partido político, se creó un Ministerio de Ciencia y Tecnología que duró poco tiempo. Aparte de la función propagandística de la iniciativa, en buena medida se trataba de dirigir el sector de la investigación desde los ámbitos políticos responsables de la economía, la industria y las empresas. Creo que no sólo fue una experiencia breve, sino también tímida, confusa y hasta caótica, quizá insatisfactoria precisamente porque se quedó corta en sus planteamientos.

Al conseguir el poder en 2004 un partido político distinto, no se continuó avanzando en esa dirección, sino que el nuevo gobierno restauró el orden tradicional de las cosas, devolviendo la investigación al como siempre Ministerio de Educación y Ciencia. De esta manera, los “académicos” retomaron el control principal de la política científica, dejando para el Ministerio de Industria las subvenciones a las empresas para innovar y esas cosas…

Pero hete aquí que, victorioso de nuevo tras las últimas elecciones generales de marzo pasado, el mismo partido gobernante (caído del caballo, supongo) ha virado 180 grados, retornando al rumbo anterior, pero en esta ocasión a toda vela hacia la (así llamada) economía del conocimiento. Ahora, con mayor coherencia y determinación, han pasado a depender del recién estrenado Ministerio de Ciencia e Innovación (MICINN), un departamento esencialmente económico, hasta las universidades y por supuesto prácticamente todo lo que tenga que ver con la I+D+i, muchos OPIs y demás. Incluso (cielos) el Instituto de Salud Carlos III y el CDTI se han traspasado al MICINN.

A pesar de la encomiable labor desarrollada por el anterior Secretario de Estado de Universidades e Investigación, los “académicos” han sido despojados del poder científico (estarán, presumiblemente, recelosos). Ahora lo ejercen, parece, los científicos emprendedores, con una científica-empresaria a la cabeza para dar ejemplo. Y biotecnóloga, para simbolizar mayor contundencia modernizadora. ¿En la órbita, por más señas, del nuevo ministro de Industria, Comercio y Turismo?

Dejando otra vez al margen la dimensión propagandística del cambio, asociar la ciencia con la industria, por un lado, y el Ministerio de Educación con las políticas sociales, por otro, es una agrupación más acorde con el espíritu de los tiempos, a favor de las ideologías y las tendencias económicas dominantes en el mundo. De acuerdo con ellas, es normal que las universidades estén vinculadas al aparato productivo, como generadoras de oportunidades de negocio y suministradoras de mano de obra para la sedicente nueva economía.

Algunos aún no comprenderán que la labor científica es un asunto de economía y producción industrial. Pero se ha adoptado en España la solución natural y lógica para configurar la investigación como una fuerza productiva, fuente de riqueza y de poder: consolidar la industrialización de la ciencia en el aparato político, promover una ciencia post-académica (Ziman), donde los investigadores sean empleados… Y propagar y legitimar pedagógicamente ante la sociedad la ideología de “saber es poder”, como decía, creo, un francés del siglo XIX anticipándose a los designios de la tecnociencia.


IN-RECS e IN-RECJ

10 agosto 2008

Hace ya varios años que funciona el Índice de impacto de revistas españolas de ciencias sociales IN-RECS, del que después se ha segregado también el Índice de impacto de revistas españolas de ciencias jurídicas IN-RECJ. Ambos son elaborados y mantenidos por el Grupo de investigación de Evaluación de la Ciencia y la Comunicación Científica EC3, de la Universidad de Granada, con el objetivo de determinar la relevancia e influencia científica de las revistas, artículos, autores e instituciones españolas en ramas del saber científico-social.

IN-RECS e IN-RECJ proporcionan, pues, información bibliométrica susceptible de usarse para evaluar la producción científica en unas áreas temáticas donde la investigación se realiza en el seno de comunidades científicas nacionales más que internacionales (salvo, quizá, en Psicología o Economía); unas áreas, por tanto, donde los instrumentos bibliográficos y métricos de la ciencia globalizada (Web of Science, Scopus, etc.) no son de plena aplicación.

La idea de IN-RECS e IN-RECJ  no ha podido ser más acertada y oportuna en un momento en el que la evaluación métrica de la ciencia es una actividad que se intensifica con las políticas públicas de investigación y el desarrollo de la sociedad tecnocientífica. IN-RECS e IN-RECJ compensan de algún modo a los especialistas españoles en ciencias sociales y son herramientas de medida útiles para los gestores y evaluadores académicos y científicos.

El alcance de IN-RECS e IN-RECJ  en cuanto a prestaciones y contenidos es ambicioso: ofrecen abundante información, ya de once años el primero y de seis el segundo. Como cualquier base de datos de este tipo, parten de una selección de revistas citantes, elegidas como principales en cada sector. Estas revistas fuente son unas 200 entre los dos índices, y constituyen la base para medir el impacto de unos 900 títulos en total.

Para la complejidad de los datos que suministran IN-RECS e IN-RECJ se agradecería que la interfaz de consulta fuera más clara y autoexplicativa. Proporcionan prolijos detalles sobre la justificación y metodología del proyecto, pero algunos aspectos y conceptos que uno se tropieza al utilizarlas carecen de suficiente orientación o asistencia. La extensa “Ayuda” es un tanto rudimentaria. Diríase que IN-RECS e IN-RECJ parecen un poco más enfocadas al bibliómetra que al usuario investigador.

La oportunidad de la iniciativa de IN-RECS se pone de manifiesto en la proliferación de plataformas similares (RESH, DICE, MIAR, etc.), con los mismos o parecidos propósitos, casi todas financiadas con cargo a proyectos de investigación particulares. Acerca de tal proliferación, un fenómeno típicamente español por otra parte, escribe Elea Giménez-Toledo en un artículo de ThinkEPI .

Como curiosidad, según IN-RECS las medias de citas por artículo para el periodo 1994-2006, por áreas temáticas, son:

  • Antropología: 0,50
  • Biblioteconomía y documentación:  0,21
  • Ciencia política y de la administración:  0,20
  • Comunicación:  0,13
  • Economía:  0,37
  • Educación:  0,27
  • Geografía:  0,31
  • Psicología:  0,65
  • Sociología:  0,22
  • Urbanismo:  0,50