“Digital consumers” y jóvenes

30 enero 2009

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Digital consumers: Reshaping the information professions empieza siendo incisivo y contundente en su título, llamando a las cosas por su nombre: no trata de usuarios de la información, sino de consumidores digitales, a los que considera que actúan realmente como e-shoppers, electores nada cautivos de una oferta sin exclusividades, saturada, competitiva y global. En información, como en las demás mercancías.

El objetivo de la obra es ayudar a los profesionales de la información a volver conectar con la realidad, que ha cambiado tanto y tan rápido que los ha puesto en peligro de extinción. Sin embargo, aunque Digital consumers vale como llamada de atención y ofrece información útil sobre lo que está pasando, es insuficiente en cuanto a directrices y recomendaciones para remodelar la profesión; no se sabe si por falta de convicción efectiva al respecto de los autores o por alguna otra causa.

Lo más interesante del libro son quizá los capítulos 6 y 7, dedicados a los hábitos de los universitarios y de los jóvenes, respectivamente, como consumidores digitales. Resumo a continuación la caracterización de la conducta de los jóvenes buscando información:

  • La competencia informacional de los jóvenes no ha mejorado con más tecnología, su facilidad aparente con el ordenador disfraza problemas importantes, hay un gran déficit en este terreno.
  • Tienen una comprensión escasa y limitada de sus necesidades de información y no planean sus indagaciones con antelación.
  • Usan técnicas de búsqueda simples: muy pocos términos, sin sinónimos o alternativos, preguntas explícitas en lenguaje natural, no recurren a las ayudas o facilidades avanzadas, etc.
  • Examinan las páginas web por encima y pulsan muchos vínculos, saltando rápidamente de página a página sin apenas lectura secuencial ni anotaciones (hojeo superficial y precipitado).
  • Evalúan escasamente o con dificultad tanto las fuentes de información como los resultados obtenidos en cuanto a su relevancia, exactitud, calidad o autoridad.
  • Prefieren las herramientas de búsqueda más fáciles y cómodas; los recursos de información online sufragados por las bibliotecas les resultan poco intuitivos, demasiado complejos.
  • Tienen con frecuencia una idea simple de internet, sin apreciar que es una colección de recursos interconectados de diferentes proveedores, o sin distinguir bien el buscador de la red.
  • Desconocen la estructura y organización de las publicaciones científicas, los géneros y niveles del conocimiento formal, lo que obvian de entrada al usar sólo buscadores de manera simple.
  • La utilización física de las bibliotecas está en declive, su imagen permanece asociada a los materiales impresos, y la sensación con ellas suele ser que requieren mucho trabajo y mucho tiempo.
  • El uso universal de los motores de búsqueda generalistas implanta a una edad temprana un modelo de recuperación de la información que condiciona el desarrollo posterior de los jóvenes.

Los autores concluyen que se necesita una educación informacional solvente en las etapas de la enseñanza escolar, y que en la universidad es ya demasiado tarde.

Sobre Digital consumers puede leerse también la reseña de T.D. Wilson en Information Research.

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Dialnet, un caso singular

24 enero 2009

Dialnet es un producto o servicio peculiar, atípico en el ecosistema español. No ha nacido como resultado de un macroproyecto financiado por algún modernizador programa europeo; no es fruto de un complejo esfuerzo cooperativo, confederativo o consorciado por parte de diferentes instancias políticas, geográficas, administrativas o empresariales; no se mantiene tampoco hospedado en un nicho de los presupuestos públicos por la pura inercia de una larga trayectoria discutiblemente fecunda… Es además algo surgido entre bibliotecarios, desprovisto, a pesar de su importante proyección, de bendiciones políticas o glamour tecnovanguardista.

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En realidad, por su curriculum, Dialnet parece norteamericano, algo forjado por sí mismo. Lo crearon en La Rioja para solucionar sus problemas y se ha ido desarrollando en función de las necesidades, siguiendo un hilo conductor, pero con pocos apriorismos. De hecho, Dialnet es un recurso singular (y hasta difícil de definir), que no copia sin más modelos ajenos, en contra de lo que es frecuente en España. Aunque expuesto a las influencias y las tendencias, ha abierto y recorre su propio camino: creciendo, progresando y extendiéndose de abajo arriba, de dentro afuera, de menos a más. Con liderazgo claro y sin perder el timón, desde La Rioja han ido agregando voluntades, aunando esfuerzos, incorporando socios y contenidos… demostrando que no se trata de un producto de temporada.

Extraño también es que, exagerando, la Universidad de la Rioja casi podría llegar a ser conocida en el mundo como el lugar desde cuya Biblioteca se puso en marcha Dialnet. Siendo quizá la universidad pública más pequeña de España, de la más pequeña región, es muy notable que dirija una empresa así, que en el ámbito de los negocios podría considerarse un líder global en su sector.

No voy a comentar aquí las prestaciones o el funcionamiento de Dialnet, pues me interesa más su peculiar biografía, su estilo como especimen informacional en el paisaje español. Seguramente no hace todo bien, no es perfecto. Tampoco todas sus decisiones son dignas de aplauso. Pero es algo especial por su recorrido y por los resultados que ha alcanzado.

La verdad es que siempre he tenido la incómoda sensación de no saber bien qué es, o adónde va, Dialnet. Siempre me ha parecido un poco desdibujado, sin perfiles nítidos, sin objetivos claros. Pero esta ambigüedad o indefinición tal vez es parte de su éxito, una inconcreción que le abre puertas y posibilidades. Quizá entre los servicios gratuitos, en línea, no sea tan necesario delimitar perfectamente los productos y mercados como contar con masa crítica: suficientes contenidos, prestaciones y usuarios.

El caso es que una finalidad al menos siempre ha estado clara: gracias a Dialnet mucha de la producción científica hispana es visible y accesible en internet, a través de buscadores, etc. Ello lo convierte en un importante foco de difusión cultural en la red, con un sentido abierto e integrador, universalista y eficaz al tiempo. Su propia definición y vocación como “hispano” es sin duda sensible y singular, inteligente y bien trabada, uno de sus muchos aciertos.


WikiGenes, ¿la ciencia wiki?

20 enero 2009

Hace casi un año comentaba la noticia sobre una sugerencia para desarrollar GenBank al estilo “Wikipedia”. Han aparecido otras iniciativas y experimentos en esa línea, casi siempre en las ciencias de la vida: PDBWiki, Proteopedia, Topsan, WikiPathways, WikiGenes, SNPedia, etc. (*) Pero no está claro que la ciencia wiki vaya a despegar como nuevo género o formato de comunicación científica; tal vez sólo sirva para el saber consolidado, el conocimiento común: ¿demasiada competencia en la frontera para aportaciones desinteresadas?

Hoy día hay tecnología para cultivar la producción, acumulación y mejora colectivas del conocimiento a partir de contribuciones individuales. Y en algunas ramas del saber muy productivas, en biología y medicina sobre todo, se necesitan grandes fuentes de información actualizada y sintética, con datos e interpretaciones, que podrían crecer de forma continua y cooperativa. Sin embargo, desarrollar una gran base de conocimiento especializado a partir de numerosas aportaciones sucesivas y graduales encierra dificultades metodológicas (evaluación, integración y coherencia del nuevo conocimiento) y organizativas (en el sistema institucionalizado de investigación interesa que la responsabilidad de cada investigador quede de manifiesto, por múltiples razones).

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WikiGenes representa un curioso intento: es una wiki en la que la autoría importa, en la que se puede identificar cada aportación al desarrollo de la fuente de información. Se trata de una plataforma para que la comunidad científica reúna, difunda y evalúe información científica sobre genes, proteínas, sustancias químicas, enfermedades y otros temas de biología y medicina en general, en acceso abierto. Su pretensión es llegar a ser una herramienta científica rigurosa a través de la revisión continua y colectiva de sus contenidos.

Una nota publicada en Nature Genetics hace meses por Robert Hoffmann, uno de sus responsables, explica que WikiGenes surge de abajo arriba, desde la colaboración individual de los investigadores, y que se plantea como un híbrido de publicación científica tradicional y de publicación dinámica y cooperativa (wiki). WikiGenes ha arrancado, como substrato, de unos cien mil artículos generados automáticamente a partir de otra fuente de información, IHOP.

WikiGenes permite al lector, pulsando las diferentes palabras y con menús contextuales, ver con (cierta) claridad qué autor ha introducido o modificado cada fragmento de texto y qué textos ha interpolado cada autor, en un documento y en el conjunto de la fuente. Con ello se intenta atribuir a cada cual sus méritos y además prevenir el vandalismo anónimo. Las contribuciones de los investigadores, además, pueden ser evaluadas por los colegas mediante un sistema de puntuación, una forma de open peer review con la que se pretende reemplazar en cierto modo el refeering. Obviamente, para agregar contenidos es preciso registrase con una cuenta personal. Los procedimientos de edición son sencillos, y también es posible la gestión controlada de terminología científica para crear hipervínculos unívocos con los conceptos de genes, sustancias químicas, etc.

Desde luego WikiGenes es técnicamente ingenioso. Pero me quedan dudas de si para una gran fuente textual el sistema de control de la autoría resulta inteligible y manejable, útil y atractivo, práctico, etc. Habrá que esperar y ver lo que la comunidad científica decide.

La ciencia wiki en general es un tema que mueve a la reflexión y plantea incertidumbre. Se trata de otra forma de inteligencia colectiva y de ciencia 2.0… Y parece una manera de fomentar la producción industrializada, rápida y a gran escala, de conocimiento. Pero no sé, y creo que no se sabe, si es viable o no pasa del experimento.

(*) Waldrop, M. 2008. Big Data: Wikiomics. Nature, 455(7209):22-25.

P.S. 02-07-09: Sobre este tema he escrito también en ThinkEPI esto: Academia y ciencia colectiva.


El piquituerto metafísico

15 enero 2009

En su célebre obra divulgativa sobre la evolución y la investigación evolucionista El pico del pinzón (*), Jonathan Weiner pone el hermoso título de El piquituerto metafísico al capítulo que dedica en concreto a la especie humana.

En él Weiner afirma que igual que el pájaro en cuestión encontró en su singular pico retorcido la adaptación que le ofreció la oportunidad de propagarse con contundente éxito, la expansión cerebral ha sido la principal y más reciente herramienta de los homosapiens para prosperar. El cerebro les ha permitido aprender y enseñar, ha facilitado que la información se codifique, acumule y transmita, generando una evolución cultural intensa y otorgando a esta especie una capacidad adaptativa tan vigorosa y versátil que la ha llevado incluso a transformar radicalmente el propio medio. La ciencia es parte de esa adaptabilidad biológica, explica Weiner (p. 453):

Como ha escrito el evolucionista Ernst Mayr, nos hemos “especializado en la desespecialización”. (…) … hemos desarrollado una extraordinaria capacidad de aprender, de modo que, como especie, colectivamente, podemos aprovecharnos de esa variedad de nichos, y seguimos encontrando más y más oficios. Ocupamos más nichos ecológicos y alimenticios que cualquier otro animal.

Ello es lo que nos permite proseguir con ese épico juego del aprendizaje que llamamos ciencia. La ciencia formaliza nuestra especial clase de memoria colectiva, o la memoria de la especie, en la que cada generación edifica sobre lo que aprendieron los que la precedieron, siguiendo los pasos del otro. Cada generación valora lo que puede aprender de la anterior, y también valora los descubrimientos que transmititirá a la siguiente, para de ese modo poder ver cada vez más lejos, escalando una montaña infinita. 

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(*)  Weiner, Jonathan. El pico del pinzón: una historia de la evolución en nuestros días. Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2002.


Inteligencia colectiva, Foldit

11 enero 2009

He reparado en esta noticia publicada hace poco en el diario El País:

La inteligencia colectiva se pone al servicio de la ciencia a través de Internet. –  La Universidad de Washington invita a los internautas a resolver rompecabezas para contribuir a comprender las proteínas y ayudar a salvar vidas – Sigue los pasos de Seti@home y Rosetta@home. – R. BOSCO / S. CALDANA 08/01/2009.  

Se trata de Foldit, un proyecto de investigación sobre proteínas que estudia el plegamiento de las mismas a través de computación distribuida. El sistema se basa en la colaboración de miles de voluntarios, profanos en biología, que no sólo ponen sus ordenadores al servicio de la ciencia, sino que además resuelven puzles con representaciones de las moléculas, cuyas soluciones, masivamente acumuladas, contribuyen al progreso de la investigación. La resolución de los puzles se articula como un juego competitivo que aúna el esfuerzo de los participantes y estimula la mejora en los resultados. Para más información puede consultarse también Folding Home.

El asunto es en efecto muy interesante: un brillante ejemplo de uso de la computación distribuida en la investigación científica y, como explica la noticia, de aplicación de la inteligencia colectiva o compartida al desarrollo del conocimiento. En Foldit se produce además una ergonómica integración entre sistemas cognitivos naturales y artificiales, de manera que a través de algoritmos de juego y de manipulación geométrica dispuestos por el autor del sistema, máquinas y cerebros procesan y depuran información, suministrando datos fiables base del nuevo conocimiento.

Mediante Foldit miles de personas participan en la investigación científica, motivados además por el mensaje que se les recalca de que es en favor de la curación de enfermedades como el sida, el cáncer y el mal de Alzheimer. Quienes juegan a resolver los rompecabezas son enterados someramente en la web sobre la naturaleza y propósitos de la investigación y es de suponer que muchos de ellos sean personas aficionadas o interesadas por estos temas. Así pues, Foldit es también una forma de participación social en la ciencia, una forma innovadora y sugestiva, si bien un tanto paradójica: mucha gente interviene de manera activa en el progreso científico, pero aunque no sea totalmente lega, participa jugando, sin conocer realmente lo que se trae entre manos…

Foldit proporciona una cierta visión de cómo el conocimiento puede progresar a nivel colectivo, con la contribución organizada de muchas máquinas y cerebros, pero sin que la mayoría de las inteligencias individuales humanas aporten o conozcan nada realmente significativo. Foldit es, pues, un estupendo ejemplo de industrialización del conocimiento, en donde aparece incluso una masa de obreros sin cualificar que ajustan su pieza en la cadena de montaje (en este caso de forma digital, pero casi literal, realizando una tarea en principio destinada a las máquinas), obreros que carecen de dominio sobre el proceso completo y que aportan su materia gris por una mínima gratificación lúdica o satisfacción altruista.

Claro que podría decirse también que estas personas, profanas ab initio, se han acercado más a la ciencia de lo que estaban antes y que de alguna manera se han integrado más en los nuevos modos de producción de nuestra sociedad. Pero el caso del sistema Foldit, como otras tecnologías y herramientas, muestra que es factible la producción colectiva de mucho conocimiento manteniendo un nivel relativamente bajo, en comparación, de conocimiento individual. Extrapolando las cosas, vuelve a verse que la llamada sociedad del conocimiento tal vez no sea una sociedad de sabios.


“Piel digital”, de Juan Freire

7 enero 2009

He descubierto el blog de Juan Freire en Soitu.es, llamado Piel digital. De Juan Freire conocía su reciente y breve artículo en El profesional de la información, Redes sociales: ¿modelos organizativos o servicios digitales?, que me gustó mucho, la verdad, por dos razones: por las raíces hasta cierto punto naturalistas de su enfoque (al fin y al cabo, él es biólogo) y porque no viene a ser un publirreportaje de MySpace, Facebook y demás negocios 2.0.

Piel digital constituye también una lectura estimulante, ciertamente, y lo recomiendo a cualquiera. Trata sobre “lo digital”, así bastante en general: la cultura, la educación, la tecnología, la economía, el arte, la sociedad, las empresas, etc. Quede para otra ocasión comentar quizá algunos de los temas que trata en particular, muy interesantes,  como los cyborgs cognitivos, el comisariado digital, la educación informal, etc. Con algunas cosas estoy de acuerdo y con otras no.

Pero Piel digital lleva como lema o subtítulo “La tecnología nos hace humanos” y me parece que nada puede ser más contradictorio: la piel no nos puede hacer humanos. Es verdad que en la polifacética y casi enciclopédica proyección intelectual de Juan Freire también está el urbanismo y la arquitectura (publica en ADN otro blog: Ciudades enredadas). Y que, por lo que explica, bajo esa inspiración de los “espacios urbanos” ha elegido el título Piel digital. Pero yo creo que la biología ofrece claves (y metáforas) mucho más sólidas y fecundas para entender lo digital que el urbanismo.

Es muy cierto que la tecnología nos hace humanos, desde el momento en que el homosapiens surge fabricando y comunicándose sus “fabricaciones”. Pero no puede decirse que lo digital sea epidérmico y superficial (salvo en un sentido superficial), que nos circunde como un revestimiento o segunda piel, o como un simple ámbito o espacio en que nos movemos libremente… Lo digital es información, y es por tanto prolongación de lo neural y lo genético, de lo que nos constituye, no de lo que nos envuelve. Porque existimos y funcionamos como resultado de la información, de alguna clase, digital o no. Y otras perspectivas son ilusorias.

Por tanto, lo de la piel digital, es una imagen que me convence poco, que puede valer para el diseño urbano o el interiorismo, pero que difícilmente ayuda a comprender la evolución sociocultural. Al fin y al cabo la piel es un terminal bastante tonto del dispositivo neurológico y hasta como elemento de “relación” y de “percepción” resulta más bien rudimentario. O sea, que no me convence el título del blog, por muy interesante que sea su contenido.