Comercialización de la ciencia

Una de las maneras en que se industrializa el conocimiento social y, en concreto, su segmento más cualificado, la ciencia, es a través de la preponderancia de la llamada tercera misión de las universidades (segunda en los centros públicos de investigación que no imparten enseñanza). Se trata de la labor de transferencia de conocimiento, de aplicación de las innovaciones a los sectores productivos, que se lleva a cabo mediante valorización y comercialización, licencias y contratos de tecnología, creación de spin-offs, etc.

Es lógico plantearse cómo afecta esta nueva función emprendedora de la investigación pública a la eficacia, calidad y también a los valores y criterios con que se desempeñan las otras tareas: la creación de conocimiento y la educación (si es el caso). Comentando otro artículo, ya he escrito sobre esto en una entrada anterior. Esta vez me ha llamado la atención un trabajo reciente al respecto, que estudia una amplio periodo temporal (1980-2004), está centrado en los principales investigadores de una institución alemana tan representativa como la Max Planck Gessellschaft y se presenta con un título sugerente.

Buenstorf realiza un análisis empírico y cuantitativo del que concluye que la actividad inventiva de los investigadores considerados coincide con un mejor rendimiento científico por su parte (número de publicaciones y citas recibidas). También, el trabajo de comercialización de innovaciones mediante licencias con empresas correlaciona positivamente con una mayor productividad e impacto en artículos científicos. Sin embargo, la implicación en spin-offs suele representar a largo plazo una contracción en la producción científica de los emprendedores.

El autor explica que sus resultados son consistentes con otros estudios anteriores, confirmando que las tareas de invención, innovación y comercialización, con la salvedad de la responsabilidad sobre las spin-offs, repercuten más positiva que negativamente en el desempeño científico de los investigadores, considerados sólo desde un punto de vista individual. Sin embargo, Buenstorf no consigue probar que esto se deba a un incremento del aprendizaje derivado del contacto con el sector privado, ni a un aumento de los recursos debido a las licencias, etc. Las causas permanecen, pues, escondidas. 

Tampoco salen a la luz en el estudio de Buenstorf otras repercusiones de la función emprendedora en la ciencia: el cambio en las prioridades de la investigación, la alteración de los ritmos de publicación, la variación en los niveles de independencia con que se enfocan trabajos y conclusiones, el puesto que debe ocupar la evaluación social de la tecnología, etc.

Tomamos, pues, nota de que diversos análisis empíricos parciales abonan la hipótesis de que a más comercialización, más ciencia, sin que se conozcan ni las causas del fenómeno, ni las determinaciones y condicionantes de la ciencia resultante. Parece que todo aboca a nuevas e imaginativas sinergias e hibridaciones entre financiación pública del conocimiento, creación social de riqueza y oportunidades de negocio particulares. O sea, una fecunda reelaboración vanguardista del complejo militar-industrial de la posguerra.

Una respuesta a Comercialización de la ciencia

  1. Guillermina Barrios Muñoz dice:

    –a mas comercializacion mas ciencia.,,, gracias

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