Difusión de información en red

12 noviembre 2009

Informa SINC, el Servicio de Información y Noticias Científicas de la FECYT, que dos investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid e IBM acaban de publicar en Physical Review Letters, una revista de primera línea, un estudio sobre la difusión de la información en las redes sociales. Creo que el trabajo está despertando bastante atención; desde luego a mí me interesa (con toda la modestia de mero aficionado) y, en un caso más de replicación de información en la red, me quiero hacer eco de ello.

Los autores explican al comienzo de su artículo que modelizar las dinámicas sociales como el resultado emergente de la interacción informativa entre individuos es habitual hoy en día, con la ayuda de la física estadística. Así se hace con fenómenos como la extensión de las epidemias, la difusión de las innovaciones, la formación de la opinión pública, las dinámicas culturales, los virus informáticos, la propagación de rumores o modas, el marketing viral, etc.

El artículo aborda en concreto los procesos de difusión de la información y la influencia en ellos de comportamientos humanos diferenciados. Y la principal conclusión parece ser que la información se propaga de una forma relativamente lenta casi siempre, lo que se debe a los muy diversos tiempos de respuesta de los individuos, cuya conducta altera cualitativamente la dinámica de la propagación informativa a nivel colectivo. Esta heterogeneidad parece deberse a la diferente relación entre la información y el individuo, que crea usuarios de respuesta rápida y de respuesta lenta.

El estudio supone un avance destacable en el análisis, medición y predicción matemáticas de los procesos de difusión de la información y, en definitiva, en la modelización científica de fenómenos humanos colectivos. Lo que más interesante me parece es la idea general de que los complejos sistemas psicosociales pueden estudiarse desde los procesos informacionales subyacentes, desde un punto de vista físico y naturalista.


La ciencia en castellano

6 noviembre 2009

Hace pocos días, el Instituto Cervantes y la Fundación Santillana han publicado y presentado un libro titulado El español: lengua para la ciencia y la tecnología. Con él parece que pretenden eso mismo, promover la extensión del español como idioma para la ciencia y la tecnología, noble intento alrededor del cual articulan otras propuestas convergentes (nuevos y distintos índices de evaluación de las revistas científicas, etc.) Al respecto se me ocurren unos pocos comentarios.

Una lengua sirve para la comunicación entre un grupo de individuos. Aunque no todos estimarían esto evidente, es más fácil que un grupo de individuos se entiendan en una lengua común que usando varias.

Las comunidades científicas de alcance internacional o mundial, no regional o nacional, con miembros de muchos países, es lógico que acepten una misma lengua como medio para relacionarse con más facilidad. Una comunidad científica global y multilingüe no es nada probable, y menos en los apresurados tiempos que vivimos.

La lengua común de un grupo tenderá a ser la que conocen un mayor número de miembros, sobre todo si la utilizan intensa y activamente. En el caso de las comunidades científicas será la de aquellos subgrupos lingüísticos que más han publicado históricamente y en la actualidad, y que resultan más influyentes por cantidad y/o calidad.

La ciencia siempre ha usado una lingua franca diferente de las lenguas particulares: durante una larga época fue el latín; luego el francés; el alemán incluso durante un breve periodo tuvo cierta prevalencia; y por fin, después de la segunda guerra mundial, el inglés. La lingua franca, inevitablemente ha expresado el predominio o la supremacía intelectual de los científicos hablantes de esa lengua. Hoy el inglés predomina porque del mundo angloparlante proviene mayoritariamente la innovación y la creación científica y cultural.

Es legítimo desear que el español sea lengua de la ciencia, pero para ello creo que sólo valdría el camino largo y difícil de hacer la mayor y mejor ciencia internacional en castellano: conquistar la hegemonía de la ciencia, de modo que los demás aprendan español para comunicarse con los científicos hispanohablantes: la importancia del idioma va de la mano de la supremacía intelectual. Otras soluciones baratas me parecen con poco fundamento: esto no es una tarta que se reparta por trozos y la difusión cultural en la historia de los homosapiens, como el calor en termodinámica, fluye de los lugares con “más” a los lugares con “menos”.

P.S.: Álvaro Cabezas también comenta este tema en su blog, desde un enfoque paralelo.


Modelos de edición científica

28 octubre 2009

A través de Research Information me entero de que SPARC (Scholarly Publishing and Academic Research Coalition) ha publicado una guía sobre modelos de negocio para sostener publicaciones científicas en acceso abierto, Income Models for Open Access, de la que es autor Raym Crow.

Aunque no he entrado en una lectura detallada del documento en cuestión, desde luego muy valioso y pormenorizado, a partir de  los menús de la página web indicada, el prefacio del texto y otros preliminares y apartados, me llama la atención lo siguiente:

  • SPARC propone muchos y está a la búsqueda de más sistemas de financiación de las publicaciones abiertas, lo que denota que el open access requiere diversificación y puede no ser trivial.
  • SPARC reconoce con rigor las dificultades“It remains to be seen whether the social and economic limitations of the current market –and models– for distributing research literature will lead to a comprehensive, systemic change in funding for scholarly and research, or to a multiplicity of new, alternative business models” (Heather Joseph, Exec. Director SPARC). 
  • Expresamente, el informe establece dos grandes tipos de modelos de financiación: basados en la oferta (los autores, en definitiva) y en la demanda (los lectores, en definitiva), lo que resulta llamativo, porque, si bien algunos de los primeros sistemas consisten en subvenciones y mecenazgo, los segundos (user-triggered fees y demás) no son tan distintos de los característicos de publicaciones lector-paga.
  • Todo el documento deja traslucir una sensación de pluralismo y de complejidad, de que las posibilidades realistas no son simples, generales y dicotómicas, sino especializadas, particulares y en una amplia escala de grises. Que puede haber modos de evolución gradual hacia sistemas más abiertos y no una solución universal.

Durante mucho tiempo he pensado que lo natural era que la información científica tendiese a ser cada vez más abierta, en virtud del principio de acceso y de la propensión intrínseca de la información a propagarse. Pero hoy creo que es posible que subsistan modelos económicos (como tecnológicos) diferentes y que sobrevivan zonas de contenidos de acceso mediante pago. Quizá sea sensato esperar para bastante tiempo un esquema de bipolaridad gradual: publicaciones “para autores” vs. “publicaciones para lectores”, con una extensa gama de posiciones y posibilidades intermedias, en un acusado polimorfismo.


¿Artículos del futuro?

10 septiembre 2009

Los prototipos de Article of the Future, lanzados en julio pasado por Cell Press, un sello editorial del grupo Elsevier, constituyen una forma renovada de presentar los papers científicos en la web. El contenido de los artículos en versión html deja de ofrecerse como una larga columna de texto con imágenes intercaladas para organizarse mediante un sistema de pestañas. Se enriquece el componente gráfico del documento y se integra mejor el material suplementario, audiovisual, datos, etc. El artículo adopta un estilo más estructurado, menos lineal, más propiamente web, que lo distancia de las versiones impresas o pdf.

La iniciativa parece que está cosechando algunas críticas adversas, por cuanto Elsevier estaría intentando vender como futuro algo que técnica y comunicativamente no es tan novedoso. Tal reproche está justificado en parte: es cierto que vende futuro. Pero la empresa holandesa busca adaptarse a sus clientes, no desbaratar el canon clásico IMRYD. No pretende revolucionar, desde luego, el panorama de la comunicación científica, sino fortalecer y conservar sus mercados de autores y lectores, introduciendo los cambios que le permitan mantener o acrecentar su influencia. Creo que hay que juzgar el asunto desde este punto de vista, teniendo en cuenta estas consideraciones:

  • Las comunidades científicas no son tan revolucionarias como se supone a veces, tienden a conservar su sistema de comunicación e investigación, basado en reglas sociales e instituciones muy consolidadas.
  • El cambio propuesto por Elsevier no es un alarde tecnológico, pero es un progreso desde el tradicional artículo científico impreso o en simple texto html corrido. Así hay que verlo, no comparándolo con otras tecnologías o sectores.
  • Aun a pesar de todo, son los primeros, que yo sepa, en avanzar en esta línea, y por tanto se trata de una actuación táctica beneficiosa para el posicionamiento relativo de su plataforma informativa entre los competidores.

Por otro lado, estamos ante un experimento. Es fácil de ver que a los prototipos les faltan incluso prestaciones que se ofrecen en sus equivalentes versiones de ScienceDirect: enlaces a información sobre conceptos incluidos en el artículo a través de NextBio (genes, sustancias, biosecuencias, enfermedades, etc.), prestaciones de exportación de la referencia, análisis de citas, feeds, 2Collab, etc.

Muchos investigadores prefieren y usan habitualmente de hecho las versiones pdf de los artículos (Ay, el pdf). Elsevier les ofrece ahora todas las ventajas de la web para usar esa información (¡sin suprimir, no obstante, por si acaso, el pdf!). La editorial renueva la forma de mirar un artículo, pero no alborotará su propio gallinero.


Guía sobre pagos Open Access

2 mayo 2009

Leo en Research Information que acaba de salir a la luz en el Reino Unido una guía con recomendaciones sobre el pago de publicaciones científicas en acceso abierto: Paying open access publications charges: Guidance for higher education and research institutions, publishers and authors. La publica la Research Information Network (RIN) y contiene directrices dirigidas a las instituciones académicas que abonan los costes para que sus investigadores den a conocer el resultado de sus trabajos en revistas electrónicas abiertas. La guía incluye también orientaciones destinadas a los propias editoriales, a los autores y a las entidades que sufragan la investigación.

paying1

El crecimiento de la publicación abierta, impulsado por los organismos de financiación de la investigación pública, ha dado lugar a múltiples modelos económicos entre los editores y a una gran diversidad de procedimientos, poco organizados, para articular estos gastos por parte de los centros de investigación. La motivación del documento es, pues, promover una mayor coherencia y sistematismo. Es un texto de carácter práctico, dirigido a racionalizar la gestión del gasto en acceso abierto, a través de unas pautas que son resultado de la coordinación y consenso entre todos los sectores implicados: editores, bibliotecas, gestores, etc.

La guía me parece un documento útil y conveniente, aunque quizá necesariamente poco preciso en muchos aspectos.

  • Se vuelve a poner de manifiesto una vez más el polimorfismo de la comunicación científica, la variedad y complejidad de canales, géneros y modelos de propagación y crecimiento de la ciencia.
  • Los costes de la publicación abierta y su gestión eficiente aparecen como un asunto no trivial; la simplicidad del acceso gratuito requiere de un aparato administrativo, presupuestos y responsables específicos, etc.
  • Es especialmente oportuna la recomendación a las editoriales sobre transparencia en sus modelos de negocio, en sus ingresos por suscripción y por publicación y acerca de cómo fijan unas y otras tarifas y el balance entre ambas en caso de revistas híbridas.
  • No obstante, el mundo de las editoriales y revistas en acceso abierto es a su vez tan heterogéneo que va más allá del marco de la guía, centrada en las publication fees, ya que abarca desde grandes empresas comerciales con opción “autor paga” hasta iniciativas que no cobran al autor porque se financian con fondos públicos, asociativos, mecenazgo, etc.
  • Por otro lado, la curiosa simetría entre pagar cuotas por acceso a contenidos y cuotas por publicación de contenidos, a veces entre el mismo cliente, la biblioteca académica, y el mismo proveedor, una editorial, abre sitio a acuerdos como el de las bibliotecas de la University of California y Springer, un big deal del open access.
  • Sobre la transcendencia de algunos detalles no abordados en la guía, posibles problemas del sistema “autor paga”, puede leerse la entrada sobre este tema del blog The scholarly kitchen.
  • Stevan Harnad critica de la guía que las universidades puedan organizar el pago de cuotas de publicaciones abiertas sin que antes establezcan y declaren obligatorio el depósito de su producción científica en repositorios institucionales.

Scribd, autoedición social

8 abril 2009

La información registrada en documentos ofimáticos ha encontrado en Scribd, creo, un buen canal, 2.0, para su propagación, cooperativa y colectiva. Es sin duda un sitio impresionante, conocido por su similitud con YouTube, Flickr o SlideShare, pero orientado a otros contenidos. Nacido hace dos años, crece de forma muy acelerada.

scribd

En Scribd se pueden libremente alojar, difundir y consultar textos escritos y documentos similares, de diferente tamaño y carácter, conteniendo imágenes, números, gráficos, mapas y toda clase de información susceptible de aparecer impresa (libros, folletos, revistas, carteles, etc.) Admite archivos en formato pdf, ps, Word, Excel, PowerPoint, txt, rtf, OpenOffice, etc.

El valor de Scribd está en que, gracias a su herramienta de visualización en Flash, iPapers, permite presentar y manejar los documentos en la web, como los videos de YouTube, sin tener que necesariamente bajarlos y abrirlos en el ordenador propio con el programa correspondiente. De modo que proporciona un sistema de publicación 2.0, cooperativo, con el que se pueden insertar los documentos en las páginas web, así como mostrarlos y usarlos en los navegadores, todo ello de manera bastante flexible. Es decir, facilita al máximo la autoedición electrónica, en entornos web, de documentos textuales y similares.

  • Con Scribd  (y otros sitios parecidos: docstoc, Issuu), el texto puro y duro (y otros géneros concomitantes) se abre paso en el escenario de la información reticularmente generada y utilizada, “social”, lo que constituye un importante paso cualitativo. Se completa el panorama.
  • Scribd aumenta las facilidades para que cualquier información pueda publicarse, replicarse y propagarse en la red. Que cualquier texto, sea del tipo que sea, en cuanto a la forma o al contenido, tenga su lugar en la red es notable, contribuyendo a disolver la ya de por sí frágil diferencia entre conocimiento editado y no editado.
  • Scribd aparece como un contenedor versátil y promiscuo, un potente medio para alojar y multiplicar el volumen de la información social y digitalmente compartida, externalizada y virtual. Está asegurado que, al menos, la cantidad crece.
  • La actividad de Scribd puede afectar considerablemente a otras empresas o agentes dedicados a los contenidos, a la forma en que prestan sus servicios, a sus mercados y a sus productos (industrias del libro, prensa, educación, etc.) Ya empieza a firmar acuerdos con editores.

El libro como excepción

1 marzo 2009

Francia, que fue posiblemente el eje de la Modernidad, representa ahora la excepción occidental a la globalidad angloamericana: en política, idioma, cultura… Y Francia ha inventado la notable idea de excepción cultural, una aportación ya bastante considerable a la cultura contemporánea.

El concepto de excepción es utilísimo. Yo creo que sirve para interpretar y caracterizar no sólo a Francia y al francés en el seno de la universalidad googleleana, sino también, por ejemplo, para entender al libro como artilugio singular dentro del actual nivel de desarrollo del continuo informacional.

La excepción representa mucho más que la armonía en la diversidad o que el espejo roto del multiculturalismo. La excepción remite a la objeción de conciencia y a la deliberada autoafirmación de los heterodoxos. No siempre, por supuesto, lo excepcional es cualitativamente valioso, ni mucho menos, pero sí obstinadamente diferente.

Cualesquiera que sean sus cifras de negocio, el libro está perdiendo relevancia. Aparece ahora como un recurso especial de comunicación, quedando al margen de las impetuosas y fluidas dinámicas informativas digitales que dan forma al presente y ordenan la vida, el pensamiento o la educación de los homosapiens. Los tráficos y los procesos masivos de información que se producen a través de sistemas cognitivos naturales o artificiales utilizan el libro sólo de manera secundaria.

Y entonces, a medida que desaparece como norma, emerge el libro como excepción: como una vía peculiar, gradualmente extravagante, de información cosificada, empaquetada y paralelepípeda.

Su nuevo carácter excepcional altera los valores del libro. La comunicación mediante el libro se vuelve más intencionada, puesto que autor y lector escogen este canal de modo consciente, lo que favorece también la complicidad entre ambos. Al perder la fuerza de la universalidad, el libro circula entre convencidos, quienes se constituyen como minoría, con independencia de su número. El libro, en cuanto mero soporte, y en cuanto excepcional, adquiere significación propia, se convierte en signo. Asume un redoblado valor cultural, casi un valor etnográfico.