“La ciencia y nosotros”

24 septiembre 2009

Mea culpa.

En la revista española El profesional de la información acaba de publicarse un texto del que soy responsable, “La ciencia y nosotros”, que constituye una reflexión sobre la evolución de la ciencia y la información científica y sobre el papel actual/futuro que en ellas pueden tener los profesionales de la información. En dicho trabajo se recogen algunas ideas que a lo largo de los últimos meses o años he ido ensayando o construyendo en este blog. Pero, paradójicamente, he olvidado un aspecto importante que sí he tratado aquí y del que es buen testimonio el propio contenido del número de la revista donde se publica el texto.

El artículo en cuestión finaliza afirmando que la posición de los profesionales de la información en el panorama de la nueva comunicación científica es débil o incierto, a causa de la actual preponderancia de la mediación computacional en la formación de la inteligencia científica de la especie, en la ciencia industrializada. Pero que dichos profesionales tienen oportunidades: 1) reconvirtiéndose en ingenieros de la información, 2) participando o liderando plataformas informativas específicas de carácter científico donde su contribución sea relevante, y 3) compitiendo individualmente como mediadores documentales en el difícil mercado libre de la información científica.

Pues bien, hay una cuarta dimensión significativa, no explícitamente contenida en la tercera, que he omitido, lo que resulta tanto más imperdonable por cuanto he escrito de ella no sólo en este blog, sino en una nota de ThinkEPI publicada hace unos meses bajo el título “Bibliometría y Academia”. Los profesionales de la información pueden tener un amplio campo de actuación en el análisis métrico de la información, una actividad muy relevante para el trabajo tecnocientífico. La métrica, la evaluación matemática de la ciencia, es un instrumento esencial para una gestión de la investigación orientada a la eficiencia y la rentabilidad, y por tanto para la correcta administración empresarial de la I+D, pública o privada, que se lleva a cabo en ese nuevo contexto de la ciencia al modo industrial.

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“Digital consumers” y jóvenes

30 enero 2009

9781856046510

Digital consumers: Reshaping the information professions empieza siendo incisivo y contundente en su título, llamando a las cosas por su nombre: no trata de usuarios de la información, sino de consumidores digitales, a los que considera que actúan realmente como e-shoppers, electores nada cautivos de una oferta sin exclusividades, saturada, competitiva y global. En información, como en las demás mercancías.

El objetivo de la obra es ayudar a los profesionales de la información a volver conectar con la realidad, que ha cambiado tanto y tan rápido que los ha puesto en peligro de extinción. Sin embargo, aunque Digital consumers vale como llamada de atención y ofrece información útil sobre lo que está pasando, es insuficiente en cuanto a directrices y recomendaciones para remodelar la profesión; no se sabe si por falta de convicción efectiva al respecto de los autores o por alguna otra causa.

Lo más interesante del libro son quizá los capítulos 6 y 7, dedicados a los hábitos de los universitarios y de los jóvenes, respectivamente, como consumidores digitales. Resumo a continuación la caracterización de la conducta de los jóvenes buscando información:

  • La competencia informacional de los jóvenes no ha mejorado con más tecnología, su facilidad aparente con el ordenador disfraza problemas importantes, hay un gran déficit en este terreno.
  • Tienen una comprensión escasa y limitada de sus necesidades de información y no planean sus indagaciones con antelación.
  • Usan técnicas de búsqueda simples: muy pocos términos, sin sinónimos o alternativos, preguntas explícitas en lenguaje natural, no recurren a las ayudas o facilidades avanzadas, etc.
  • Examinan las páginas web por encima y pulsan muchos vínculos, saltando rápidamente de página a página sin apenas lectura secuencial ni anotaciones (hojeo superficial y precipitado).
  • Evalúan escasamente o con dificultad tanto las fuentes de información como los resultados obtenidos en cuanto a su relevancia, exactitud, calidad o autoridad.
  • Prefieren las herramientas de búsqueda más fáciles y cómodas; los recursos de información online sufragados por las bibliotecas les resultan poco intuitivos, demasiado complejos.
  • Tienen con frecuencia una idea simple de internet, sin apreciar que es una colección de recursos interconectados de diferentes proveedores, o sin distinguir bien el buscador de la red.
  • Desconocen la estructura y organización de las publicaciones científicas, los géneros y niveles del conocimiento formal, lo que obvian de entrada al usar sólo buscadores de manera simple.
  • La utilización física de las bibliotecas está en declive, su imagen permanece asociada a los materiales impresos, y la sensación con ellas suele ser que requieren mucho trabajo y mucho tiempo.
  • El uso universal de los motores de búsqueda generalistas implanta a una edad temprana un modelo de recuperación de la información que condiciona el desarrollo posterior de los jóvenes.

Los autores concluyen que se necesita una educación informacional solvente en las etapas de la enseñanza escolar, y que en la universidad es ya demasiado tarde.

Sobre Digital consumers puede leerse también la reseña de T.D. Wilson en Information Research.


Scholarship in the digital age

19 marzo 2008

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Scholarship in the digital age está escrito desde la perspectiva de los “estudios sobre información” (Information studies), con un enfoque cercano a la Documentación. Desde ese ángulo examina el desarrollo de lo que, simplificando, puede llamarse e-ciencia, la ciencia en el mundo digital y sus infraestructuras tecnológicas. Describe su evolución, sus problemas y las vías de solución o mejora para el futuro. Reseño los aspectos que a mí me parecen más destacados.

Reivindicación de los contenidos. Borgman reivindica ante todo el valor de la propia información científica, de los contenidos, así como la necesidad de promover, cuidar y desarrollar organizada y eficazmente la “content layer” de la e-ciencia, la infraestructura para la información, y no sólo la infraestructura técnica (equipos, comunicaciones, sistemas, cálculo, etc.) Una llamada de atención al instrumentalismo.

Importancia de las fuentes de datos. La autora destaca con acierto la relevancia creciente, en particular, de los datasets de la investigación (“data deluge”), los archivos de datos observacionales, experimentales, de modelización informática, etc., como contenidos de la e-ciencia (Open data, etc.) Sin embargo, no trata este fenómeno en relación con la computación científica (Grid, etc.), que cita sólo al inicio del libro.

E-ciencia y ciencia abierta. Borgman entiende, con razón, que, siguiendo una antigua tradición (Principio de acceso), la e-ciencia está destinada a procurar la comunicación y uso compartidos de los recursos intelectuales, y que por tanto está vinculada, por unos u otros caminos, a la idea de ciencia abierta, de acceso abierto al conocimiento.

TICs y normas sociales de la ciencia. Las instituciones, pautas y procedimientos por los que se rige la investigación están cambiando mucho menos que la tecnología informacional. Borgman propone que las futuras novedades dirigidas a desarrollar la e-ciencia tengan muy en cuenta las dinámicas sociales del sistema, para conseguir sus objetivos transformadores.

“Vamos a construir la e-ciencia”. Todo el libro está imbuido de la idea de que vivimos un momento crítico en el que podemos y debemos planear y organizar cómo será globalmente en el futuro una infraestructura estable y duradera de la información científica. Yo creo, al contrario, que el éxito de las innovaciones no se puede programar y que el complejo mundo digital no se planifica de una vez, sino que crece y se desarrolla más bien como la madreselva. Tampoco es de esperar nada estable, duradero o uniforme.

Cadena de valor y tecnociencia. Inteligentemente, Borgman apela al concepto de “cadena de valor” para defender la necesidad de una e-ciencia integrada y coherente. En buena ingeniería de procesos, una tecnociencia industrial y productiva exigiría una cadena de valor bien organizada para la elaboración sistemática y rentable de conocimiento, frente a la proliferación desordenada de contenidos. Y sin embargo …

Organizando el saber humano. Bajo los rigurosos análisis y descripciones de Borgman late el viejo ideal de avanzar en la organización del saber humano, un (mito) clásico entre profesionales de la información. Me parece que Borgman está defendiendo para estos (legítimamente) un lugar al sol de la e-ciencia, entre tantos y tantos “stakeholders” como tiene el invento.


ResearchTrail, buscar experto

14 marzo 2008

Parece sensato pensar que volúmenes de información mayores suponen una dificultad creciente para recuperar información pertinente. Ha pasado siempre, de forma inapelable, con cualquier medio de registro de la información. Cuando la tecnología de recuperación de repente mejora gana terreno un tiempo, hasta que la tecnología de producción de contenidos (que es básicamente la misma) satura de nuevo el ambiente, restaurando el equilibrio inestable. Y viceversa. Es aquello de las disoluciones, los solutos y los disolventes, algo físico, algo natural.

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Una de las estrategias a las que se está recurriendo, o volviendo a recurrir, ahora, para encontrar información entre tanta información, es utilizar organizamente a buscadores humanos expertos. Un ejemplo reciente, recién puesto en marcha, es el de ResearchTrail, subtitulado Expert Powered Search, y que tiene como lema “Stop searching. Start Finding”.

ResearchTrail se define como una comunidad de búsqueda, un entorno de colaboración entre personas expertas en buscar información y personas que necesitan información. O sea, intenta ser un lugar de encuentro donde individuos y empresas puedan intercambiar tanto apoyo gratuito como prestaciones comerciales en materia de servicios y búsquedas de información.

La formulación más sugerente de la finalidad de ResearchTrail, en sus propios términos, es que pretende cubrir el hueco que hay entre (i) el extenso y profundo conocimiento de las fuentes de información y de las técnicas de búsqueda que tienen los especialistas en información y (ii) el planteamiento de “meter un par de palabras en Google” con que la mayoría de la gente afronta las búsquedas, con las consiguientes deficiencias en la calidad de los resultados. Intuyo que en esta descripción del asunto no andan descaminados.

Obviamente, los promotores de ResearchTrail son profesionales de la información que quieren abrir un espacio de actividad y un mercado para los conocimientos profesionales de quienes están especializados (SearchPros) en buscar información y pueden ser útiles, por solidario amor al arte o facilitando sus servicios mediante una tarifa.

Entre los riesgos que se pueden atisbar en ResearchTrail está la excesiva complejidad, tanto desde el punto de vista técnico como funcional, al pretender incluir demasiadas cosas: ofertantes y demandantes de información, prestaciones gratuitas y comerciales, de diferentes categorías y niveles, difíciles de normalizar y empaquetar inteligiblemente. Otro de los peligros es el de la proliferación de las menudencias y trivialidades: por el momento en ciencia y tecnología los temas (Trails) dominantes (entre seis, a día de hoy) son las plantas de interior en habitaciones con poca luz y cómo evitar las peleas entre hamsters.

Ignoro cuánto recorrido puede tener por delante esta iniciativa, pero ha llamado mi atención, entre otras cosas, por el coraje que demuestran los profesionales norteamericanos.


Google y los bibliotecarios

1 julio 2007

La publicación por parte de la revista Library Philosophy and Practice de un número especial, Shape Shifters: Librarians evolve Yet Again in the Age of Google, es interesante y oportuna. Según su propio editorial, escrito por Mariana Regalado, un primer grupo de artículos trata de diversas formas en que los bibliotecarios aprovechan Google para sus tareas y trabajos. Otro grupo de contribuciones muestra cómo las bibliotecas desarrollan herramientas y servicios competitivos y adaptados al mundo googleiano. El tercer tipo de artículos, de más enjundia, aborda el comportamiento de los bibliotecarios ante el cambio de hábitos informativos de sus usuarios: cómo afrontan la educación informacional y las cuestiones sobre validez y valor de la información. La autora expresa confianza en la capacidad de los bibliotecarios para sobrevivir y adaptarse a ambientes radicalmente nuevos como el que supone la época de Google, transformándose adecuadamente (shape shifters), pero manteniendo a través del cambio una misión esencial, constante y reconocible.

Supuesto que el axioma darwiniano-lampedusiano de cambiar para permanecer, es, en términos generales, inatacable, quedan aún así muchas dudas y dilemas sobre la relación de los bibliotecarios con Google y su mundo:

  • Una cuestión de grado: cuánto deben cambiar las bibliotecas y bibliotecarios para asegurar óptimas oportunidades de éxito adaptativo: ¿mutaciones radicales del genotipo, bajo el riesgo de la desnaturalización, o desarrollos graduales, fieles a la propia trayectoria pero susceptibles de quedarse cortos?
  • Un dilema comercial: las oportunidades de los bibliotecarios ¿mejoran cambiando para parecerse a Google, haciendo como hace Google, o más bien diferenciándose de Google, buscando nichos de mercado y métodos alternativos?
  • Una terrible sospecha: la frase “los bibliotecarios siempre han sabido adaptarse al cambio” suena como “los dinosaurios fueron millones de años los reyes de la naturaleza”. Todo depende de la magnitud del meteorito cataclísmico; al final pueden triunfar los roedores.
  • La fuerza de la voluntad: ¿cuánto esfuerzo y sacrificio serán capaces los bibliotecarios de poner en las futuras y dolorosas metamorfosis necesarias para sobrevivir, o renacer, frente a la dulce languidez del dejarse extinguir lentamente?
  • Y ¿qué pasa si a pesar de todo es Google el que fracasa, si se lo lleva el viento de la historia, o de la competencia, como genio de la lámpara desvanecido después de concedernos simplemente nuestros tres primeros deseos, y es sustituido por otro mutante descomunal, diferente y repentino?

Este número de Library Philosophy and Practice arroja luz sobre estas y otras cuestiones, dado que al menos se pone a reflexionar monográficamente sobre algo que es “el tema de nuestro tiempo” para los bibliotecarios, cuando se empiezan ya a cerrar bibliotecas (en EUA) y Google se ha convertido en un verbo común (en inglés).

Son muy interesantes los artículos de Mariana Regalado (sobre la autoridad de la información en los procesos de aprendizaje y la función del bibliotecario); de Genevieve Williams (Google como aliado incómodo de los bibliotecarios: la evaluación de la información y los problemas de la educación informacional); y de Steven Ovadia (sobre la autoridad de la información que se construye socialmente mediante vínculos, votos, consultas…).


Profesionales en información, 4

18 abril 2007

Las tecnologías de control de la información caminan de la mano con las de su propagación, desde siempre. Por eso siempre ha sido, y sigue siendo, un ideal imposible el sistema universal y único de control y recuperación de la información, llámese catálogo de los libros del mundo, Repertorio Bibliográfico Universal, Control Bibliográfico Universal, digital-universal-lo-que-sea, o Google… Se persigue un sueño inalcanzable, porque tanto como progresa el control, aumenta la producción y la proliferación de contenidos. Y las exigencias del acelerado ritmo del trabajo intelectual reducen el tiempo disponible para buscar y conseguir, entre tanta información, la información precisa y preciosa.

De ahí que la figura del guía humano capaz de orientar a los exploradores extraviados en la selva de la información, permanezca a lo largo de la historia como un estereotipo duradero, con el ejemplo célebre de la Misión del bibliotecario de Ortega. Este bibliotecario es un superviviente en medio de la barahúnda y el tráfago de la última modernidad, un resistente con tal vez algunas perspectivas de futuro.

En el campo de la actividad científica y tecnológica, cada vez más compleja y exigente en plazos y resultados, basada en equipos multidisciplinares y amplias redes de cooperación, un avezado conocedor de los vericuetos y atajos del intrincado territorio informacional podría ser un interesante compañero de viaje, una ayuda aprovechable fundamentalmente para ahorrar tiempo a quienes colonizan nuevas regiones del conocimiento. Tal vez, tal vez.

Pues, como dice Bernabé Zea en un interesante artículo con el que estoy de acuerdo: “Sin embargo me parece indiscutible que la gran cantidad de información especializada existente exige tener un conocimiento real de la materia a buscar (química, ingeniería, patentes, negocios, etc.) para poder recuperar y seleccionar la información que precisa el usuario. (…) debe conocer a fondo, no sólo el lenguaje de recuperación y el contenido de las bases de datos, sino también, la materia que se pretende buscar y herramientas para la edición posterior de la información obtenida” (Zea, B. Futuro de los profesionales de la información: nuevos productos conllevan nuevos roles”. El profesional de la información, 2006, 15(6):408-410).

Es decir, unos profesionales de la información capaces de agregar valor (informacional) al proceso investigador codo con codo con los demás miembros del equipo de trabajo y, por tanto, adecuadamente especializados en materias científico-técnicas, podrían ser valiosos colaboradores en la empresa investigadora.

Puede verse también Profesionales en información, 1, Profesionales en información, 2 y Profesionales en información, 3.


Profesionales en información, 3

18 marzo 2007

La educación y la enseñanza pertenecen al tipo de fenómenos por los que una nueva información (descriptiva, normativa, valorativa, técnica, etc.) queda registrada en la mente de un homosapiens. En virtud de ello, como sucede con cualquier clase de propagación y replicación de información, la educación y la enseñanza pueden ser aceleradas por unas tecnologías de la información cada vez más potentes.

Los centros y actividades de enseñanza son, por tanto, un excelente mercado para la penetración y expansión de la industria electrónica e informática. Al aprovechamiento de esta oportunidad de negocio se debe fundamentalmente el intenso desarrollo que está teniendo, y tendrá sin duda en el futuro, la tecnología educativa en las universidades y otras instituciones. 

Por otra parte, las TIC permiten superar algunas limitaciones o condicionantes (co-presencia, lentitud, motivación, pasividad del receptor, etc.), favoreciendo la productividad y el rendimiento de los sistemas de enseñanza. Con la tecnología educativa, las universidades pueden buscar mayores cotas de éxito y eficiencia en la transmisión del saber. 

Además, las universidades (y otros centros de enseñanza) ven necesario utilizar con sus estudiantes las técnicas y sistemas en los que se desenvuelve su vida cotidiana. Se intenta que la experiencia formativa no quede aislada del mundo real y cuente con el imprescindible toque de modernidad que haga atractiva la oferta educativa a la menguante clientela que cada vez se ve más a sí misma como colectivo de consumidores.

En la enseñanza superior las TICs permiten transmitir conocimiento con didácticas más activas que las tradicionales clases magistrales, generando conductas de aprendizaje, frente a la mera recepción de información. Por todo esto, la tecnología educativa está tan presente en las propuestas del Espacio Europeo de Educación Superior.

La evolución de la enseñanza universitaria va, pues, exigiendo, además de maestros, infraestructuras de la formación y el aprendizaje, recursos y medios: comunicaciones, máquinas, sistemas de enseñanza asistida por ordenador, contenidos docentes en la red, software variado, herramientas multimedia, acceso a información y documentación, instalaciones para estudiar, salas de trabajo en grupo, facilidades para el esparcimiento y la formación no reglada, etc. Es lo que frecuentemente se resume en las expresiones Centros de Recursos para el Aprendizaje, Learning Centers, etc.

Todo esto indica, creo yo, que en Universidades y otros centros similares van a ser apreciados en el porvenir como profesionales de la información los expertos en tecnología educativa y en toda clase de apoyo instrumental al proceso tecnificado de aprendizaje y enseñanza: profesionales capaces de integrar una multiplicidad de recursos en un sistema medianamente coherente y en constante cambio, al ritmo de la industria de las TIC.

Puede verse también Profesionales en información, 1, Profesionales en información, 2 y Profesionales en información, 4.