La fuerza del anhelo, o Google

31 octubre 2009

Viene a decir Zygmunt Bauman en su Modernidad líquida (*) que la actual es una sociedad de individuos formalmente emancipados, en la que todas las regulaciones y constricciones se han disuelto y el destino de cada cual está en sus manos. Como las identidades no vienen dadas y completas, los individuos deben alcanzarlas por sí mismos a lo largo de su vida. Por eso, se vuelven consumidores perpetuamente insatisfechos, anhelantes perseguidores de su propia identidad entre las múltiples ofertas del (super/hiper)mercado.

Cada cosa que se consigue da ocasión a buscar otra, como en una carrera, de forma que “ningún premio es absolutamente satisfactorio”. “El deseo se convierte en su propio objetivo, un objetivo único e incuestionable”, dice Bauman. Se trata sobre todo de seguir en carrera, en pos de nuevos logros que puedan culminar, perfeccionar nuestra anhelada identidad, pero que no consiguen hacerlo nunca. “El arquetipo de la carrera que corre cada miembro de la sociedad de consumidores […] es la actividad de comprar” (*).

Y el arquetipo del deseo globalizado y masivo, me parece a mí, es Google. En un mundo desregulado, donde el poder es evasivo y extraterritorial, quien pone las cosas en orden, permite perseguir los deseos y articula las preferencias de vida es Google. La máquina de buscar sirve para intentar rellenar la brecha que Bauman sitúa entre nuestra condición de individuos de iure y nuestras posibilidades de ser individuos determinados de facto, con una identidad propia y libremente adquirida. Es un instrumento clave del capitalismo suave.

La límpida interfaz de Google, rápidamente exitosa e imitada, significa mucho: traduce en internet la ausencia de atributos del individuo dado, en pos de su concreción. Y no en vano la esencia de internet, hasta las redes sociales, ha sido unos años la búsqueda: donde nos buscamos. Google gestiona el menú del “gran buffet del mundo” (Bauman) en que los consumidores van decantándose y eligiendo su vida como viajeros, madres, geeks, esquiadores, singles, coleccionistas, profesionales, gays, gourmets, amigos, apostantes, espectadores, u otras muchas identidades.

El buscador nos ordena el menú en función de lo que compran otros consumidores, según la popularidad de los productos, para que tomemos posición relativa. Restablece así un principio de autoridad en una cultura donde las prefencias, principios y prioridades no vienen ya dados por la tradición. (La autoridad queda luego expuesta a confrontación, más allá del buscador, en las redes sociales). Y Google, sobre todo, satisface nuestros deseos, o lo procura; al instante si es posible, o lo antes que se pueda, para que el deseo satisfecho genere otro nuevo enseguida. Estimula, en realidad, el anhelo, la fantasía que va incluso más allá del deseo (Bauman).

A pesar de su visión idealista de lo humano, tiene razón Bauman en lo de la sociedad líquida. Pero no dice que la causa de la licuefacción es la fluidez, intensidad y aceleración de las dinámicas informativas que sostienen a las poblaciones y culturas de los homosapiens. La cual no crea individuos soberanos, sino dependientes del magma colectivo de procesos informativos, de la inteligencia reticular y ciborg de la especie, en la que Google es un primer y destacado agente (como después lo están siendo las redes sociales).

(*) BAUMAN, Zygmunt. Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2008, p. 78-81.


Las nuevas rutas de la seda

10 octubre 2009

Kyong Park (Corea del Sur, 1955) expone en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), en la ciudad de León (España), Las nuevas rutas de la seda, su “proyecto de estudio e investigación” y de documentación sobre el urbanismo global, o la globalización urbana, en las ciudades de Asia. La iniciativa rememora la antigua ruta comercial de la seda como “uno de los primeros ejemplos de globalización” y muestra “los efectos espaciales y físicos” de la globalización actual. La exposición se acompaña de la celebración de un simposio, Nuevas rutas, nuevas condiciones urbanas, precisamente hoy, 10 de octubre de 2009.

Es una exposición en conjunto magnífica, que aborda plástica y documentalmente una reflexión intelectual sobre el desarrollo de una urbe que es ya en realidad un orbe: urbe global, aldea global… una única ciudad descrita a través de 19 ejemplos de ciudades de toda Asia, visitadas por el artista en varios viajes.

Lo que más me llama la atención es la equivalencia que propone y exhibe visualmente entre el desarrollo urbano (la forma de crecer y extenderse las ciudades) y la proliferación biológica: “una sola ciudad que está diseminada como un virus por el mundo”, “las ciudades se comportan más como formas orgánicas que como las máquinas…”.

En efecto, morfogénesis orgánica y morfogénesis urbana siguen similares patrones de generación de complejidad: los patrones de la morfogénesis informacional, las dinámicas comunes de proliferación de la información. Y es espectacular verlo materializado en algunas de las instalaciones de la exposición, donde se puede contemplar cómo la ciudad-ciudades se propaga sobre el mapa.


Redes y complejidad

2 julio 2009
 
“Lo complejo nos rodea y forma parte de nosotros. ¿Qué define esta complejidad? […] De una parte, la ya mencionada presencia de propiedades emergentes, que no pueden explicarse acudiendo a las propiedades de sus componentes. De otra, la existencia de una cierta invariancia del todo pese a los cambios y fluctuaciones en sus partes. […] Sus propiedades e identidad como sistema se mantienen. […] un orden de nivel superior que no podemos comprimir. Este orden irreductible es la esencia de lo complejo […] El origen de esta irreductibilidad reside en la presencia de interacciones entre elementos. Todo sistema complejo posee elementos qe en una forma u otra, intercambian información entre sí a través de algún medio. Este flujo de información es generado por los elementos constituyentes, y a su vez cambia el estado de estos últimos, en un círculo lógico que no podemos romper”.
 
Solé, R. Redes complejas: del genoma a internet. Tusquets, 2009. P. 20.

Los sistemas complejos, así pues, exhiben comportamientos y  propiedades emergentes, que son resultado de la interacción reticular de sus elementos, pero no se reducen simplemente a ellos. Redes de comunicación, células, ecosistemas, epidemias víricas, sistemas neuronales, genomas, mercados, sociedades, lenguajes, etc., en versión natural o artificial, son ejemplos de sistemas complejos.

El cerebro es de por sí una red compleja de neuronas interactuando, o sea, el resultado de flujos y conexiones informativas entre sus componentes, en equilibrio dinámico. Nada de raro tiene pensar, pues, en una inteligencia colectiva y reticular, externa y neurodigital, masivamente industrializada. O ver la cultura como un sistema adaptativo complejo.


Sistemas adaptativos complejos

21 diciembre 2008

He descubierto en arXiv un artículo titulado On selfish memes que me ha llamado la atención. Su autor es Hokky Situngkir, un joven científico indonesio que se dedica a la economía y la sociología computacional. Es un working paper de 2004 que según CiteBase no ha recibido ninguna cita. Así que por lo menos lo voy a citar yo aquí.

Situngkir aborda un intento de análisis de la cultura mediante la memética, con la que traslada, en cierto modo, las categorías de la genética y la evolución biológicas al terreno sociocultural. El meme, inventado por Richard Dawkins, es una unidad de replicación cultural, mediante cuya reproducción o imitación la cultura se transmite en el espacio y en el tiempo. Pero Situngkir emplea el término meme exclusivamente como herramienta analítica, como un instrumento para la modelización de los procesos de difusión, propagación y evolución sociocultural, no como una unidad física u objeto realmente existente.

Formalizada su propia conceptualización de la memética, Situngkir construye una simulación computacional, genera una cultura artificial mediante un algoritmo, para analizar su comportamiento. Como resultado, encuentra que el contagio de los memes y por tanto la evolución cultural constituyen un sistema adaptativo complejo. Y concluye que la memética puede ser muy valiosa para el desarrollo de la teoría social, usando simulaciones y sociedades artificiales.

En mi opinión, el recurso a un concepto o figuración como la de los memes sirve para poner de manifiesto la continuidad informacional de toda la realidad, que es además base de su complejidad. Y me sugiere que los fenómenos y sucesos sociales, en particular, son también el producto de procesos y dinámicas informacionales, altamente complejas, pero computables y calculables en principio en sus resultados macro, desde condiciones iniciales y reglas dadas.

¿El paroxismo informacional de la sociedad de la información hace esto evidente a simple vista? Creo que sí, la verdad.


ResearchGATE, red científica

13 diciembre 2008

No está claro si ResearchGATE es una red social 2.0 o si incluso ha traspasado ya los confines del mundo 3.0, como en algunos sitios se anuncia. Tal vez se encuentre en una zona 2,5.0, si ello es admisible.

El caso es que es algo nuevo, reciente, un lugar de internet pensado para que los científicos se inscriban y se relacionen, al estilo de otras comunidades virtuales, pero con fines en este caso académicos: intercambiar conocimientos, entrar en contacto con otros muchos investigadores, participar en foros y grupos, reunir, compartir y conectar información científica, etc. Y además tiene capacidad de “búsqueda semántica”, que es lo más hoy en día.

El usuario debe registrarse, rellenar su perfil personal con la mayor cantidad de datos posible, su curriculum, publicaciones propias, intereses científicos, bibliografía preferida, etc. A partir de aquí puede usar las herramientas de ResearchGATE y sus prestaciones de interconexión semántica de información, basadas en el perfil personal, que relacionan sus datos con los de otros investigadores, grupos o publicaciones. También se pueden realizar rastreos bibliográficos, que se ejecutan como metabúsquedas contra PubMed, CiteSeer, IEEE Xplore, arXiv, RePEc, NTRS, etc.

ResearchGATE no presta servicios de valor añadido cruciales, que se adapten a las necesidades y flujos de trabajo científico especializado, es sólo una herramienta de interacción social entre investigadores. No sé si puede llegar a ser algo eficaz y seriamente útil para la investigación, sin embargo está demostrando una cierta capacidad de penetración publicitaria y de crecimiento en su mercado, a los pocos meses de su lanzamiento. Pero toda su fuerza deriva de su función como plataforma de relación social para científicos. Y tampoco es la única, ni mucho menos: ahí están otras redes semejantes, como SciLink, SciBook, Nature Network, LabSpaces, etc. 

Es curioso, porque, dado que la actividad científica es esencialmente grupal, intrínsecamente societaria, cabe preguntarse por qué los investigadores, en lugar de conocerse y relacionarse a través de sus propias instituciones, asociaciones, reuniones, mecanismos y grupos organizados (físicos o virtuales), acuden ¿además? a un mediador tecnológico neutral como ResearchGATE u otras redes sociales, entidades para-académicas, extra-académicas, que surgen por similitud con Facebook, MySpace, Linkedin y demás familia.

ResearchGATE y otros servicios parecidos no creo que se dirijan a investigadores desarraigados,  pero probablemente deberán gran parte de su éxito a reclutar muchos usuarios entre quienes han crecido usando otras redes sociales y encuentran (más) fácil entablar relaciones de este modo, porque son científicos nativos digitales. Estos servicios aparecen como una nueva forma de sociabilidad científica creada por el propio poder de la tecnología.

Por otra parte, la virtud de ResearchGATE y sus compañeras ¿reside en que extienden las capacidades de relación más allá de las fronteras de los grupos naturales y tradicionales o en que descomponen y desestructuran éstos? ¿Quiebran autoridad, jerarquía y endogamia? En el futuro, ¿va a haber comunidades científicas technology driven, estrictamente germinadas y nutridas desde la web social, fuera de las tradiciones y organizaciones académicas? Sin duda, ello tendría consecuencias.

Las redes sociales de científicos tal vez muestran una incipiente nueva frontera para la sociología de la ciencia y por tanto para la (re)producción del conocimiento, como un género más dentro de la exuberante proliferación de variedades informacionales debida a la fecundidad de las TIC.

P.S. 02-07-09: Sobre este tema he escrito también en ThinkEPI esto: Academia y ciencia colectiva.