SINC, actualidad científica

21 abril 2008

El panorama de los sitios web relacionados con I+D+I en España cambia con frecuencia, sobre todo en la administración pública. Hay que anotar, al menos, que ha desaparecido el portal Tecnociencia y se han creado la Oficina Europea MEC, el Servicio de Información y Noticias Científicas y la Red de Unidades de Cultura Científica. Dado que, como cada cuatro años, cambie o no el partido gobernante, se acaba de reestructurar la configuración ministerial de la política científica, tal vez haya pronto más novedades en este terreno.

El Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), de la FECYT, lleva funcionando algunos meses y es una plataforma “para gestionar y producir contenidos informativos de actualidad científica destinados a los medios de comunicación, a la comunidad científica y a la propia ciudadanía”; “tiene una vocación de servicio público y se sustenta sobre una herramienta en software libre”. 

La finalidad esencial de SINC es dar a conocer el resultado del trabajo de los investigadores españoles, dentro del país o en el extranjero. Cuenta con una parte de contenidos abiertos al público en general y otra de acceso controlado para periodistas y profesionales que trabajan en el sector de la comunicación y divulgación científicas. Como sitio web, SINC tiene unas funciones claramente definidas y es sencillo de utilizar y consultar, a diferencia de como era el portal Tecnociencia.

La Red de Unidades de Cultura Científica, también de la FECYT, coordina unas cincuenta oficinas o dependencias de difusión de la cultura científica en los organismos de investigación españoles, que actúan como mediadoras entre los centros de I+D y la sociedad, promoviendo el conocimiento de la ciencia y la tecnología entre los jóvenes y los adultos. Su web es un pequeño sitio informativo sobre la red, sus miembros, actividades y recursos.

Ambas iniciativas o servicios atienden a la comunicación científica [2], o a algunos de los temas incluidos en la agenda de relaciones ciencia – sociedad. Sumariamente dicho, se trata de establecer mediaciones que, de forma ambivalente, (i) fortalezcan la conformidad social (apoyo, legitimidad, consenso) con el liderazgo histórico de la tecnociencia y su despliegue industrial, y (ii) mejoren la capacidad de evaluación social (control, discernimiento crítico) de las opciones científico-técnicas y, por ende, económico-industriales, culturales, morales, etc.

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Demarcación y comunicación [2]

23 octubre 2007

Son bastantes, ciertamente, los asuntos que se debaten en la relación ciencia-sociedad, donde tiene lugar lo que podría llamarse la comunicación científica [2], por distinguirla de aquella primaria comunicación entre expertos que produce el conocimiento cualificado que denominamos ciencia.

Pero además de esa agenda de asuntos, hay otro problema fundamental y en cierto modo previo, diríamos: la vieja y filosófica cuestión de la demarcación de la ciencia o, en términos más actuales, de la calidad y evaluación de la ciencia. Cuando se trabaja en la interfaz ciencia-sociedad, en la membrana de la ósmosis, como agentes educativos, en los medios, formando jóvenes, haciendo divulgación científica, canalizando expectativas o demandas sociales, etc., hay que controlar qué se filtra en una dirección y qué en otra, qué atraviesa la aduana y si hay contrabando.

La comunicación científica [2] encierra para educadores, divulgadores y comunicadores compromisos y responsabilidades en cuanto a la demarcación de qué es y qué no es ciencia, qué es fiable y hasta qué punto, a qué nos referimos con información científica y cuánta credibilidad, fundamento y transparencia tienen los datos que se transmiten… Pueden citarse muchos ejemplos prácticos:

  • Proliferación de todo tipo de información y confusión en Internet
  • Pseudociencias y saberes anticientíficos promovidos públicamente
  • Divulgación demagógica o distorsionada de la ciencia en los medios
  • El vidrioso campo de la salud como sector industrial y epistémico
  • Intereses económicos y manipulación de resultados científicos
  • Fraudes y picaresca profesional en la investigación
  • Propaganda, publicidad y marketing sobre necesidades sociales
  • La difícil separación entre conocimiento e interés, ciencia e ideología

Todos estos temas tienen que ver con la evaluación, calidad y, en definitiva, con la demarcación de la ciencia. Incluso diría que evocan un difícil y escurridizo problema, nada posmoderno, aun más antiguo que el de la demarcación, y desde luego tampoco resuelto, llamado de la verdad. La comunicación ciencia-sociedad no puede dar la espalda a estas complicaciones.

En todo caso, desde luego, por muchas razones, la preocupación por la comunicación científica [2] está aumentando con rapidez, como pone de manifiesto la próxima celebración en Madrid del IV Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia, bajo el lema “Cultura científica y cultura democrática”.


Ciencia y sociedad: agenda

18 septiembre 2007

Escribía hace poco que la comunicación científica [2], es decir, la interacción ente el conocimiento experto y la sociedad en su conjunto, tiene lugar en un terreno muy complicado, en el que se ventila una amplia agenda de asuntos difíciles. Apunto unos cuantos:

(i) Control democrático. Dado el volumen de la financiación pública de la ciencia y la tecnología, cómo se fijan las prioridades y fines y cómo se evalúa la consecución de objetivos en los planes públicos de investigación y desarrollo, con qué clase y grado de intervención de las instancias políticas democráticamente representativas.

(ii) Tecnocracia. Inversamente, qué participación expresa debe tener el conocimiento tecnocientífico en el gobierno de los asuntos públicos y en las decisiones políticas de sociedades altamente complejas, desarrolladas e informacionales.

(iii) Participación social. En el establecimiento de líneas de investigación y en el seguimiento o transferencia de sus resultados, qué participación tiene la sociedad civil, qué agentes sociales intervienen y cómo lo hacen, cómo influye en la investigación la ciudadanía (o la clientela, en otra perspectiva).

(iv) Necesidades sociales. Cuando alguien declara que satisfacer las necesidades sociales es el objetivo de la investigación, hasta qué punto, en qué proporción, se está refiriendo a las demandas del mercado (oportunidades de negocio) o a fines y valores generales, a largo plazo (intereses de la especie), en el otro extremo.

(v) Legitimidad social. En la comunicación ciencia-sociedad, la primera busca el consentimiento de la segunda, que necesita para su expansión como subsistema social y para ejercer su liderazgo como fuerza productiva fundamental, que transforma a la propia sociedad.

(vi) Educación y formación. Hay una obvia pero no poco problemática comunicación de la ciencia a los niños y jóvenes a través del sistema educativo y de canales no reglados, muchas veces obligada a conjurar tanto el pánico a la desmotivación como el abuso del aprender jugando.

(vii) Cultura científica. El desarrollo tecnocientífico también requiere aumentar la preparación y motivación del conjunto de la ciudadanía, para que todos se integren y participen en dicho desarrollo o tengan criterios propios a la hora de valorar la ciencia, o al juzgar o consumir los avances científicos concretos.

(viii) Vocaciones y mano de obra. Es otro problema de comunicación, o de relaciones públicas, despertar entre los jóvenes universitarios vocaciones investigadoras, que permitan, a través de una trabajosa carrera, incorporar futura mano de obra cualificada para el sistema tecnocientífico.

(ix) Ética de la investigación. Los conflictos entre fines y valores con vigencia social, por un lado, y los objetivos de los proyectos de innovación científico-industrial, por otro, constituyen una fuente de problemas en la relación ciencia-sociedad. 


Comunicación científica [2]

4 septiembre 2007

Clasificadas de una u otra manera, con unos u otros nombres, las funciones de la comunicación científica están claras. Corresponden a una estructura institucional bastante consolidada de las comunidades investigadoras, y hasta el momento, sea cual sea el canal, medio o contenedor utilizado para transmitirse la información, tales funciones no se han visto demasiado alteradas en lo esencial.

La comunicación científica ha sido y sigue siendo un fenómeno interno y consustancial a la ciencia, caracterizado por la reciprocidad o casi perfecta simetría entre emisores y receptores, por ser una intercomunicación, un intercambio entre pares, entre especialistas.

Sin embargo, cada vez se habla más de comunicación científica en un sentido secundario o derivado, pero importante: podríamos decir comunicación científica [2]. Este segundo y nuevo sentido de la comunicación científica sí es el resultado de los cambios recientes producidos en la práctica investigadora, como consecuencia de las transformaciones tecnológicas y, por ende, sociales. El surgimiento de las empresas tecnocientíficas, la industrialización de la investigación, la posición preeminente adquirida por el conocimiento científico-técnico como fuente de poder y de riqueza, como fuerza productiva básica de las sociedades actuales (¿Qué es la tecnociencia?), hacen aparecer la comunicación científica [2].

La comunicación científica [2] es el intercambio de información y la transferencia de conocimiento entre la tecnociencia como subsistema social y la sociedad en su conjunto. Se trata de una interacción no recíproca ni simétrica, pero sí relevante para ambos polos. La permeabilidad entre ciencia y sociedad conviene seguramente a ambas: la necesita la tecnociencia para legitimarse socialmente y la necesita la sociedad para aspirar a un cierto control sobre su propia evolución. Pero es una de las cosas más difíciles que pretenderse pueda (Entre ingenieros y ciudadanos).

Quienes de una u otra forma trabajan en esa interfaz ciencia-sociedad, en esa membrana, facilitando la ósmosis entre ambos líquidos, tienen una complicada tarea, en un terreno pantanoso y lleno de peligros. La comunicación científica [2] cuenta, por tanto, con una extensa agenda de cuestiones que abordar, que en otra ocasión comentaré.


CSA Discovery Guides

25 abril 2007

La serie de Discovery Guides de Proquest CSA es sin duda un inteligente ejemplo de valor añadido por parte de un proveedor de información de pago. Con las Discovery Guides, Proquest CSA proporciona interesantes contenidos accesibles para cualquier persona al tiempo que atrae a posibles usuarios a sus recursos de información y muestra las potencialidades de estos recursos para la gestión y recuperación de documentación científica.

Las Discovery Guides son pequeños pero valiosos artículos, por supuesto muy bien documentados, que inician a los lectores en un tema de investigación de actualidad. Sirven como primera lectura de aproximación y como introducción bibliográfica a un estudio más en profundidad. Cada guía ofrece un resumen de los principales aspectos del tema en cuestión, incluyendo los más recientes desarrollos. Además, se incluyen referencias con resúmenes de las bases de datos CSA, enlaces a sitios web seleccionados, imágenes, gráficos y tablas sobre el asunto de que se trata, y un glosario de términos específicos de cada artículo. También se puede descargar una versión pdf del artículo, para imprimir, etc.

Las Discovery Guides aparecen mensualmente; están publicadas y accesibles unas 120, sobre los temas más diversos, pero siempre de actualidad en el momento en que se publican: ambiente, energía, astronomía, materiales, salud, economía, lenguaje, informática, etc. Las cuestiones ambientales son de las más abordadas, de acuerdo con las fortalezas de CSA Illumina en cuanto a recursos de información (ASFA, Environment Science & Pollution Abstracts, etc.)

Muy reciente y recomendable es la Discovery Guide de marzo pasado: Scientific communication and the dematerialization of scholarship, a cargo de Douglas Brown. Trata de las recientes tendencias en materia de e-ciencia, investigación cooperativa en la red y acceso abierto. Muy en relación con esto, otra Guide de hace pocos meses aborda el tema de la Grid computation.