Presencial e informacional, alfin

29 mayo 2007

Las tecnologías informáticas, ya lo he escrito, por su capacidad para industrializar la transferencia de información y conocimiento, tienen en las universidades, y en la enseñanza en general, un suculento mercado. Es natural, por tanto, que se popularicen los sistemas de enseñanza virtual, e-learning, etc., que además ofrecen algunas ventajas prácticas para la docencia. Y es natural, también, que dichos sistemas se apliquen a las mismas enseñanzas informacionales, que así reciben el actualmente tan cotizado label de lo innovador.

Pero las universidades, en general, son presenciales, a menos que quieran dejar de serlo y entrar todas en una competencia por la educación a distancia donde sobrevivirían pocas. Si ello no sucede, es decir, en el marco de una enseñanza universitaria predominantemente presencial y que valora lo presencial como un activo, una enseñanza informacional asimismo presencial tiene una primera y gran fortaleza: se acomoda a la forma natural del resto de la docencia, se integra con el resto de las enseñanzas.

Pero yo creo que, además de esta ventaja esencial, una enseñanza informacional presencial tiene otras virtudes interesantes:

  • Es interactiva, se imparte mediante el diálogo vivo entre el educador y el alumno, mediante la copresencia física.
  • Se realiza en tiempo real, sin desfases entre el tempo del educador y el del alumno, con perfecta simultaneidad en línea.
  • Favorece la realimentación sobre la marcha en cuanto a métodos y contenidos docentes, permitiendo flexiblemente cambios a la medida de las necesidades que se detecten.
  • Facilita la personalización de la enseñanza en alto grado, la atención a la diversidad de intereses, actitudes y aptitudes de los alumnos.
  • Estimula la autonomía cognitiva de quienes aprenden respecto al mundo electrónico, y por tanto el distanciamiento consciente y crítico entre el sujeto y la herramienta.
  • Posibilita la empatía personal entre educador y alumno, que estimula los procesos de aprendizaje, aportando calidez y calidad.
  • Crea sinergias a largo plazo entre instancias educativas y estudiantes, establece lazos duraderos entre enseñantes y enseñados que son útiles para la instituciones y las personas.

(Está claro, por otra parte, y aunque no tenga nada que ver con el asunto, que no me convence la denominación oficial ALFIN, ni la abreviatura ni su desarrollo. Me parece más soportable enseñanza o educación informacional.)

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Europa, ERC y EIT

27 mayo 2007

Parece que el European Research Council, ERC (Consejo de Investigación Europeo), ha nacido con éxito, con fuerza, o al menos despertando grandes expectativas. En la primera convocatoria de financiación de iniciativas de investigación se han presentado miles de solicitudes, muchas más que las previstas. Y aunque sin grandes alharacas en cuanto a su dotación presupuestaria, el ERC suscita en general los parabienes y esperanzas de todos: de sus miembros, de las instituciones europeas, de los científicos… Así lo expresaba también de algún modo hace unos días Oscar Marín, miembro del Consejo Científico del ERC, en un artículo publicado en un diario español.

En realidad, el European Research Council es una rara avis en la política científica europea, como el propio Marín viene a reconocer: ha surgido de la demanda de los científicos, se orienta a la ciencia básica y tiene como único criterio la calidad científica de los proyectos. Y, sobre todo, es una institución única para Europa, no una de las habituales plataformas, redes, conglomerados y constelaciones a que nos tiene acostumbrados la Unión. Puede, también, que consiga escapar a un destino gris como ente para la satisfacción clientelar y corporativa de la ciencia académica si es suficientemente selectivo e independiente, si, más que repartir, moviliza, estimulando la emulación de los mejores.

La otra cara de la moneda es un nuevo ejemplo de la impotencia europea para ir más allá de las estructuras concurrentes, los consorcios integrados y las plataformas reticulares: el European Institute of Technology, EIT (Instituto Europeo de Tecnología). Al final parece que, en vez de seguir de verdad la senda del MIT americano, va a ser un sistema de “Knowledge and Innovation Communities”, regido por un “Government Board”. O sea, en la línea acostumbrada: otra red virtual mediatizada por los repartos de cuotas, la burocracia y la telemática. Nature dedicaba hace poco también un implacable editorial al tema, Blurred vision, con toda la razón.


“The hand of science” de Cronin

26 mayo 2007

En The hand of science, Blaise Cronin, especialista en ciencia y métrica de la información, descubre y explica algunas tendencias y fenómenos que caracterizan a la ciencia contemporánea:

  • La investigación se basa, y se basa cada vez más, en la colaboración, sea ésta formal o informal. Los textos científicos son fruto de redes de interacción personal y profesional. La ciencia tiene un carácter social, es resultado de una cognición distribuida, de una práctica colectiva.
  • La naturaleza social del conocimiento científico se revela y se puede estudiar no sólo a través de la coautoría, y de las citas, sino también mediante los agradecimientos que se incluyen en los textos por colaboraciones o apoyos. Y en el futuro, los análisis métricos indagarán las redes sociales del conocimiento escrutando la presencia, hipervínculos y relaciones de los objetos digitales en la red.
  • La multiautoría en ciencia se hace común (textos con más de 100 autores en biomedicina o física de altas energías, como máximo ejemplo), y subvierte la noción clásica de autor, entraña retos y complicaciones, difumina las responsabilidades y los méritos, crea autores corporativos,…
  • Las disciplinas y comunidades científicas poseen estructuras sociocognitivas, culturas epistémicas, diferentes, que en interacción con las cambiantes TICs dan lugar a modelos plurales y dinámicos, heterogéneos, de discurso y de publicación. No es probable que aparezca un sistema único de comunicación científica, más bien tendremos un caleidoscopio de géneros y formatos.
  • El análisis de citas es eficaz para la evaluación de la calidad, influencia y productividad científica y para predecir y justificar la asignación de recursos y de recompensas, de prestigio y de éxito profesional entre los investigadores. Los mapas de citas son especialmente útiles para estudiar y representar las redes sociales y estructuras sociocognitivas de las disciplinas.
  • Las citas son una unidad de capital simbólico para los científicos, sirven para pagar y cobrar reconocimiento intelectual dentro de una economía de la atención idealmente recíproca y equitativa, un comercio justo.

Aunque Blaise Cronin pone bien de relieve la naturaleza social del conocimiento científico (cognición distribuida), no aclara igual por qué razón ahora esa dimensión colaborativa de la ciencia está aumentando, como él mismo muestra que sucede. Yo creo que no distingue del todo entre el fenómeno estructural (todo conocimiento es social) y las tendencias actuales (aparición de las tecnociencias), atribuyendo difusamente estas a las causas de aquél. Sólo en alguna ocasión alude al parecido de la ciencia actual con la producción industrial, pero no desarrolla la idea.

En mi opinión, por otra parte, la cognición es distribuida y escribir textos científicos es un acto social porque es la información la que se propaga, contagia y procesa en los distintos cerebros y en los medios escritos o electrónicos: el sujeto es la información, igual que los sistemas biológicos son gobernados por la información codificada genéticamente, registrada en macromoléculas de DNA.

Predicando con el ejemplo, Cronin presenta en The hand of science un abrumador volumen de citas y referencias, que hacen la lectura un poco fatigosa para el simple aficionado a estos temas. También es algo repetitivo, quizá por el origen diverso de los textos incluidos como capítulos, que a veces reiteran las mismas ideas por haber sido escritos para sitios y en momentos diferentes. Es el caso, por ejemplo, cuando dice una y otra vez que los agradecimientos han sido poco estudiados en sociología de la ciencia. No obstante lo cual, es una obra sumamente interesante y sugestiva, que me ha gustado mucho.

Isabel Gómez ha publicado hace poco en la Rev. Esp. Doc. Cient. una amplia crítica sobre The Hand of science


“Web research”, de M. Radford

24 mayo 2007

Una de las principales virtudes de Web research es su brevedad, dicho sea sin ironía. Es un libro que realmente podrían leer (o consultar, por lo menos) los post-adolescentes que pueblan las universidades, que es a quienes se dirige. Se trata de un texto sencillo, de fácil y rápida lectura, bien organizado, presentado de manera didáctica, útil y práctico. Su lenguaje y redacción lo configuran como una herramienta adecuada para los estudiantes. Al estilo norteamericano, incluye recuadros de consejos (tips), tablas, gráficos, listas, sumarios, vocabulario… Y estos son sus capítulos:

  1. Using the web as a research tool
  2. Search engines, subject directories and virtual libraries
  3. Content evaluation
  4. Visual evaluation
  5. Copyright issues and the web
  6. When and how to cite web sources

Pero lo más interesante es la perspectiva, el enfoque. Aborda la enseñanza informacional desde la realidad de las cosas, que es el uso masivo de internet por los jóvenes como instrumento básico de información, como ventana desde la que se contempla el mundo. Y a partir de ahí procura dirigir a los estudiantes hacia la información de calidad, hacia su evaluación y uso responsable. Aunque escrito por bibliotecarias, Web research no mira el mundo desde dentro de la biblioteca, sino las bibliotecas desde el mundo, como elementos valiosos para el aprendizaje. Aunque centrado en la búsqueda de información en internet, conduce sobre todo a los lectores al análisis crítico y al uso inteligente de la red.

Es significativo al respecto el capítulo 4, uno de los más largos, dedicado al diseño y presentación de los sitios web. Introduce a los jóvenes en los rudimentos de una visual literacy muy útil. Enseña a defenderse de la manipulación comercial o propagandística, a no dejarse seducir por los trucos del diseño web. Inicia al estudiante en un conocimiento explícito sobre la calidad de la presentación, navegación y usabilidad, haciéndole consciente sobre estos aspectos, que a menudo nos pasan desapercibidos y cuyos resultados nos inundan en avalancha, sin dejar sitio para la reflexión distanciada.

Naturalmente, la selección de herramientas y sitios de internet recomendados pertenece al ámbito norteamericano, y otros muchos aspectos corresponden también a esa cultura y no son trasladables sin más. Para empezar, por ejemplo, “research” no tiene, claro, el mismo sentido fuerte que en español “investigación”; por tanto, no es un libro para aprender a “investigar”.

La autora principal, Marie Radford, tiene su propia web y colabora en un blog, Library Garden. Y la aparición de esta segunda edición de Web research ya fue comentada por Lluís Codina en Servicio de Alerta. No vendría mal, por cierto, que hubiera algo equivalente en castellano.


Chemical Abstracts cumple 100

20 mayo 2007

Chemical Abstracts Service (CAS), otro de los grandes monumentos de la documentación y de la ciencia, cumple cien años: fue creado en 1907 por la American Chemical Association. En un momento en que Alemania dominaba el panorama internacional en la química, y en otras ciencias, se iniciaba el despegue hacia el liderazgo de los EUA. En el primer año CAS publicó 12.000 resúmenes, mientras que en la actualidad se incorporan anualmente alrededor de un millón. Es la mayor base de datos científica del mundo, con información de unos 30 millones de sustancias, 27 millones de documentos y 12 millones de reacciones químicas.

Chemical Abstracts nació con la misión de difundir resúmenes de toda la literatura mundial en química, incluyendo la química industrial. E incluyendo también las patentes, lo que siempre ha distinguido a CAS frente a otros repertorios similares. Desde mediados del s. XX se convirtió en la fuente bibliográfica internacional por antonomasia en el sector químico, al desaparecer diversos índices y boletines de resúmenes que se publicaban en Europa. A lo largo de toda su historia CAS ha tenido gran éxito comercial, con una fuerte orientación e implantación en la industria químico-farmacéutica, las empresas privadas, lo que ha marcado su filosofía de trabajo.

En 1965 Chemical Abstracts empezó a desarrollar Registry, un archivo de sustancias con el que no sólo ofrece datos sobre sus propiedades, características y la documentación asociada, sino que ha establecido una identificación unívoca de los compuestos, frente a la complejidad y ambigüedad de la nomenclatura química. El CAS Registry Number es usado universalmente como código estandard de las sustancias. Registry abrió paso a la representación y recuperación electrónicas de información química mediante gráficos de las estructuras y subestructuras moleculares. Desde 1993 Registry incluye biosecuencias de los polímeros biológicos.

CAS creó en 1983 en colaboración con FIZ Karlsruhe (Fachinformation Zentrum) el distribuidor de información electrónica STN International A mediados de los 90, puso en marcha SciFinder, un servicio pionero en la búsqueda amigable de documentación química, dirigido a los científicos, que ya no necesitan recurrir tanto a documentalistas para consultas complejas. En 1997 empezó a funcionar ChemPort, un proveedor de documentos primarios también de CAS.

Las elevadas tarifas de SciFinder para el mundo académico, el control suspicaz sobre su uso en las bibliotecas, la radical oposición a toda forma de acceso abierto y la defensa agresiva de su cuota de mercado han erosionado la imagen de CAS, haciéndole aparecer como un resistente del Antiguo Régimen. Es célebre su polémica con los NIH por su base de datos abierta PubChem, sobre moléculas de interés biológico. Como sucede a todos los editores secundarios, que ofrecen servicios de gran calidad y coste, y a otros mediadores de la comunicación científica, su posición está amenazada en el nuevo escenario de internet, pero CAS responde tal vez con más rigidez que habilidad adaptativa. Sobre todo esto, recomiendo leer el artículo de David Flaxbart, una esclarededora reflexión sobre el pasado y la actual encrucijada de CAS, que ayuda a comprender muchas cosas.

Pese a todos los claroscuros y posibles pecados, Chemical Abstracts es una obra intelectual digna de admiración, uno de los principales motores de la técnica y la tecnología documental y un hito de la historia reciente de la ciencia y de la industria.

P.S. 20-10-07:  En un artículo publicado en El Profesional de la Información trato con mayor detenimiento lo comentado en este post.


Biblioteca Electrónica de C. y T.

18 mayo 2007

Una manifestación del poder replicador de la información (de su naturaleza viral) es que en un país tan tradicional y crecientemente, por otra parte, desorganizado como España se pueda llegar a poner en pie un sistema de acceso a miles de revistas científicas (y bases de datos), abierto a toda la comunidad investigadora. Me refiero a la Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología (BECYT) que promueve por encargo del MEC la FECYT.

No es seguro que se consiga, por supuesto. Ya el año pasado se aseguró que la BECYT estaría disponible en 2007, y este año se afirma que será a comienzos del próximo. Puede que los demonios de la complejidad (financiera, política, burocrática…) bloqueen una propagación tan abierta del conocimiento científico por estos pagos. Pero el mero hecho de que el asunto sea posible, en un contexto tan hostil, atestigua la fuerza expansiva de la información.

Según una reciente presentación de la FECYT, en un seminario sobre el tema, dentro de un naturalmente alambicado sistema de aportaciones, negociaciones, asociaciones y acuerdos por las partes contratantes de la primera parte y las sucesivas partes, en una primera fase (2008) se contratarían las revistas electrónicas de Elsevier, Blackwell-Wiley, Springer-Kluwer, Taylor & Francis, Sage, Nature y Science. ¿Unos 5.000 títulos? En una segunda fase se estudia abordar el acceso a Emerald, JSTOR, ACS, ACM, AIP, IEEE, IoP, RSC, Lippincott… Puede leerse otro informe similar del mismo autor, José Manuel Báez, y también un comentario al respecto en el blog de SEDIC.

Desde mi perspectiva, ¿qué significaría la Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología si prosperase? (i) La información científica de estos grandes editores consolidaría su proliferación entre los científicos españoles; (ii) estos tendrían un acceso mucho más cómodo y abierto a los contenidos de dichos editores, un volumen enorme de documentación; (iii) las bibliotecas científicas y académicas quedarían liberadas de importantes responsabilidades de mediación en la comunicación científica; (iv) España se homologaría con países como el Reino Unido, Portugal y otros muchos, que caminan por delante a lo largo de la senda del super-big deal.


TechXtra, un metabuscador

15 mayo 2007

TechXtra es un producto más de la excelente factoría Herriott-Watt University Library, que impulsó la Edimburgh Engineering Virtual Library (EEVL) hasta su integración en Intute hace tiempo. TechXtra es un metabuscador de uso gratuito que permite en la actualidad buscar información, simultáneamente y de forma muy sencilla, en unas 30 diferentes bases de datos y recursos disponibles en la red, del ámbito anglosajón (Reino Unido, Australia, EUA, etc.) Asegura incluir unos cuatro millones de documentos y funciona desde hace un año, más o menos.

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TechXtra está orientado básicamente a la Ingeniería, las Matemáticas y la Computación. Entre las fuentes de información más importantes que rastrea están: ArXiv, CiteSeer, NDLTD, el catálogo COPAC, el Intute Repository Search (50 repositorios del Reino Unido), las revistas de IoP, DOAJ, Project Euclid, etc. En algunas de las fuentes, no obstante, lo que se consulta es el segmento de las mismas que tiene que ver con los temas de TechXtra. En muchos casos los textos completos están disponibles gratuitamente y en otros, según la fuente de información de que se trate, son de pago.

El tipo de documentos e información que abarcan los recursos en que TechXtra busca es también sumamente variado: libros, revistas, artículos, informes, tesis, materiales docentes, e-prints, páginas web, videos, etc. TechXtra también proporciona contenidos extra, como una serie de revistas y boletines comerciales, servicios de anuncios y noticias de la industria, ofertas de empleo, patentes y estándares a través de GlobalSpec, etc.

La recuperación en TechXtra es simple, al estilo Google. Se puede restringir por tipo de documentos. Las búsquedas se ejecutan con rapidez, y los resultados se presentan de manera clara y cómoda, distribuidos según los diversos recursos en que se obtienen. Al final, remiten al contenido original en cada base de datos fuente. 

TechXtra es una herramienta muy interesante para los campos que cubre, aunque en mi opinión agrega fuentes demasiado distintas por tipología, calidad y alcance como para competir con las bases de datos por separado, donde la recuperación es más precisa. Pero es una puerta común que conecta con los recursos, está en crecimiento y evolución, y resulta un servicio muy prometedor que conviene tener en cuenta para la internet profunda.

Un comentario más amplio sobre TechXtra, titulado The long tail of information technology puede leerse en el Sci-Tech Library Newsletter de Stanford University.