Esto se acabó

31 octubre 2010

Bueno, es evidente, aunque debería haberlo dicho hace mucho tiempo, debería haberme despedido, debería haber rematado el trabajo. Este blog llegó a su final. Todo tiene principio y fin, qué se le va a hacer. Duró tres años y me gustó y me fue útil mientras tanto. Ahora me orientaré por las estrellas.


Scholarly information practices

17 diciembre 2009

Los procedimientos de trabajo intelectual de los investigadores son un tema de estudio tanto para las diversas ramas de los estudios sociales de la ciencia como para la documentación, en cuanto técnica aplicada. En mi perspectiva, se trataría de mirar cómo la información científica se depura y replica progresivamente a través de mecanismos sociocognitivos y computacionales. Pero entre la literatura del campo de la documentación, con interés práctico en las bibliotecas, etc., está el siguiente informe de OCLC:

Se trata de un review que repasa y presenta el estado del arte en cuanto a “information behaviors” o “practices” en el mundo de la investigación, con el fin de identificar direcciones y prioridades para los servicios de información digital o bibliotecas académicas. Además de recorrer un amplio elenco de los estudios publicados en los últimos años sobre estos temas, aporta una visión comparativa de las diversas disciplinas académicas, fijándose en el diferente comportamiento de los investigadores en cada comunidad científica, aunque profundizando poco en cada una de ellas.

Pero lo más característico del informe es que, frente a la enorme complejidad y abigarramiento de las conductas informacionales, presenta una estructura o esquema muy organizado y sistemático de las mismas: define y desarrolla veinte actividades básicas de información agrupadas en seis tipos que sintetizan el conjunto de procesos intelectuales de manejo de información científica:

  • Búsqueda: localización/identificación; seguimiento de citas y recomendaciones bibliográficas; hojeo y navegación; rastreos en campos ajenos o nuevos; acceso/obtención. 
  • Recolección: acopio; organización.
  • Lectura: exploración preliminar; evaluación y selección; relectura en profundidad.
  • Escritura: construcción de textos; coautoría; difusión o publicación.
  • Colaboración: coordinación; interconexión en redes; consultas y asesoría.
  • Transversales: Seguimiento y alerta informativa; anotaciones informales; traducción interdisciplinar; gestión de datos primarios.

Por su carácter de review, repasa mucha literatura y concreta poco de manera sustancial; aunque muy organizado, resulta poco concluyente. Los apartados finales sobre estrategia en bibliotecas y documentación ofrecen orientaciones sugerentes en forma de tabla, pero por ello mismo son esquemáticas, simples y aisladas entre sí. El informe vale como cartografía de las cuestiones en juego, proporciona estructura, pero su contundencia es escasa.

En cualquier caso, toda esta problemática remite a la e-ciencia, a la ciberinfraestructura científica, lo que Borgman trata en Scholarship in the digital age. Pero tengo para mí que su desarrollo no se produce realmente, digamos, mediante una planificación sistémica, sino como una morfogénesis o acreción orgánica. Esto es lo que hay que tener en cuenta, la naturaleza biológica de la expansión informacional.


James Clerk Maxwell

27 noviembre 2009

El logro principal del británico James Clerk Maxwell (1831-1879) fue su teoría unificada de la electricidad y el magnetismo. Con ella consiguió una gran síntesis explicativa de múltiples fenómenos, experiencias y conocimientos. Su profundidad, alcance y rigor matemático lo ponen, suele decirse, casi a la altura de Newton o Einstein, en la dirección de lo que en el siglo XX sería la búsqueda de teorías unificadas de campos.

Sin embargo, Maxwell fue también uno de los fundadores de la física o mecánica estadística, junto con Ludwig Boltzmann. Dicha rama de la física intenta dar explicaciones de los fenómenos macroscópicos como el intercambio de calor y energía a partir de los comportamientos de las mútiples partículas que constituyen los sistemas. Las propiedades macroscópicas se ven como el resultado de la dinámica de lo microscópico, la termodinámica se explica en perspectiva estadística desde la mecánica.

Concretamente Maxwell propuso la fórmula estadística para hallar la distribución de velocidades que se dan entre las moléculas de un gas. Su planteamiento fue generalizado por Ludwig Boltzmann, dando lugar a la Ley de Maxwell-Boltzmann. Tal función de distribución aboca a una interpretación probabilística de la termodinámica. Y la contribución de Maxwell resultó decisiva para asentar la concepción del calor como movimiento de las partículas, energía cinética.


Tendencias en las patentes

23 noviembre 2009

El último número de la revista Science and Public Policy está dedicado íntegramente al sistema europeo de patentes, aunque también se refiere a la problemática en Estados Unidos y a las circunstancias comunes del sistema de patentes en el mundo. La situación actual parece aconsejar u obligar a emprender reformas, cuando no a cuestionar la concepción del sistema. Y en todo caso resulta urgente estudiarlo desde enfoques no sólo jurídicos, sino también políticos y socioconómicos, cosa que hasta recientemente no se ha hecho.

A la luz de los artículos reunidos, especialmente los de Susana Borrás y Brian Kahin, o los de Matthhew J. Elsmore, podríamos resumir, de manera muy simple, las tendencias y situación del sistema de patentes, en lo siguiente:

  • Existe un conflicto entre la territorialidad de las patentes y la globalización de la economía y la innovación; este contrasentido conduce entre otras cosas a la proliferación de las solicitudes de patente en las diferentes oficinas nacionales.
  • El intenso crecimiento y diversificación de la investigación, las nuevas áreas de conocimiento abiertas, provocan el aumento de las solicitudes de patente y crean incertidumbres (económicas, técnicas, morales) sobre el alcance de lo patentable.
  • Por sí mismo, el aumento espectacular de las solicitudes de patente en todas las oficinas lleva a retrasos y dificultades en su gestión, encarece los procedimientos, perjudica la calidad y, como vía de solución, llama a la cooperación entre las distintas oficinas.
  • Europa se enfrenta además a su propia complejidad estructural al poseer un “sistema de sistemas” de patentes (EPO), las oficinas nacionales y un proyecto siempre abierto de patente comunitaria (UE), todo ello en constante perspectiva de reforma. 
  • Los Estados Unidos afrontan, en cambio, problemas específicos de calidad y permisividad en sus patentes y de conflictos entre los diferentes actores públicos y privados implicados en el sistema.
  • La creciente especialización de la innovación introduce cada vez más diferencias en la utilidad o aplicación de las patentes en cada sector, y cuestiona la viabilidad de un régimen unitario de patentes para la industria sanitaria, la biotecnología, las TIC, etc.
  • El sistema de patentes padece una cierta insularidad, ha llegado a ser un instrumento demasiado legalista, una cuestión de títulos de propiedad, orientada a los procesos y aislada de las políticas socioeconómicas y los problemas de la innovación.
  • El desarrollo del derecho de propiedad industrial propende, por mecanismos internos, a que las patentes sean más bien intrumentos de influencia y dominio de los intermediarios y de las grandes empresas tenedoras de carteras de patentes.
  • No pocas veces es cuestionado que las patentes sirvan para promover la innovación y el bienestar socioeconómico, frente al dominio público o los sistemas abiertos; entre otras razones por su frecuente utilización táctica o abusiva.
  • Las disfunciones acumuladas y las dificultades para promover reformas sustanciales en procesos tan burocráticos hacen que se hable incluso de un agotamiento o al menos de un “calentamiento global de las patentes” (EPO).

Las patentes, derechos exclusivos sobre la aplicación práctica de piezas de información, están sometidas casi a los mismos avatares y tensiones que los derechos de autoría o que la transmisión de información mediante la educación: los que se derivan de la creciente fluidez de las dinámicas informacionales en el medio TIC. La veloz y masiva replicación y comunicación de la información dificulta mantener regulaciones o métodos más sólidos y estructurados, propios de otra época. ¿El Derecho también es, como la Educación, cosa de otra época? ¿A qué velocidad puede cambiar el Derecho (o la Educación)?


Difusión de información en red

12 noviembre 2009

Informa SINC, el Servicio de Información y Noticias Científicas de la FECYT, que dos investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid e IBM acaban de publicar en Physical Review Letters, una revista de primera línea, un estudio sobre la difusión de la información en las redes sociales. Creo que el trabajo está despertando bastante atención; desde luego a mí me interesa (con toda la modestia de mero aficionado) y, en un caso más de replicación de información en la red, me quiero hacer eco de ello.

Los autores explican al comienzo de su artículo que modelizar las dinámicas sociales como el resultado emergente de la interacción informativa entre individuos es habitual hoy en día, con la ayuda de la física estadística. Así se hace con fenómenos como la extensión de las epidemias, la difusión de las innovaciones, la formación de la opinión pública, las dinámicas culturales, los virus informáticos, la propagación de rumores o modas, el marketing viral, etc.

El artículo aborda en concreto los procesos de difusión de la información y la influencia en ellos de comportamientos humanos diferenciados. Y la principal conclusión parece ser que la información se propaga de una forma relativamente lenta casi siempre, lo que se debe a los muy diversos tiempos de respuesta de los individuos, cuya conducta altera cualitativamente la dinámica de la propagación informativa a nivel colectivo. Esta heterogeneidad parece deberse a la diferente relación entre la información y el individuo, que crea usuarios de respuesta rápida y de respuesta lenta.

El estudio supone un avance destacable en el análisis, medición y predicción matemáticas de los procesos de difusión de la información y, en definitiva, en la modelización científica de fenómenos humanos colectivos. Lo que más interesante me parece es la idea general de que los complejos sistemas psicosociales pueden estudiarse desde los procesos informacionales subyacentes, desde un punto de vista físico y naturalista.


La ciencia en castellano

6 noviembre 2009

Hace pocos días, el Instituto Cervantes y la Fundación Santillana han publicado y presentado un libro titulado El español: lengua para la ciencia y la tecnología. Con él parece que pretenden eso mismo, promover la extensión del español como idioma para la ciencia y la tecnología, noble intento alrededor del cual articulan otras propuestas convergentes (nuevos y distintos índices de evaluación de las revistas científicas, etc.) Al respecto se me ocurren unos pocos comentarios.

Una lengua sirve para la comunicación entre un grupo de individuos. Aunque no todos estimarían esto evidente, es más fácil que un grupo de individuos se entiendan en una lengua común que usando varias.

Las comunidades científicas de alcance internacional o mundial, no regional o nacional, con miembros de muchos países, es lógico que acepten una misma lengua como medio para relacionarse con más facilidad. Una comunidad científica global y multilingüe no es nada probable, y menos en los apresurados tiempos que vivimos.

La lengua común de un grupo tenderá a ser la que conocen un mayor número de miembros, sobre todo si la utilizan intensa y activamente. En el caso de las comunidades científicas será la de aquellos subgrupos lingüísticos que más han publicado históricamente y en la actualidad, y que resultan más influyentes por cantidad y/o calidad.

La ciencia siempre ha usado una lingua franca diferente de las lenguas particulares: durante una larga época fue el latín; luego el francés; el alemán incluso durante un breve periodo tuvo cierta prevalencia; y por fin, después de la segunda guerra mundial, el inglés. La lingua franca, inevitablemente ha expresado el predominio o la supremacía intelectual de los científicos hablantes de esa lengua. Hoy el inglés predomina porque del mundo angloparlante proviene mayoritariamente la innovación y la creación científica y cultural.

Es legítimo desear que el español sea lengua de la ciencia, pero para ello creo que sólo valdría el camino largo y difícil de hacer la mayor y mejor ciencia internacional en castellano: conquistar la hegemonía de la ciencia, de modo que los demás aprendan español para comunicarse con los científicos hispanohablantes: la importancia del idioma va de la mano de la supremacía intelectual. Otras soluciones baratas me parecen con poco fundamento: esto no es una tarta que se reparta por trozos y la difusión cultural en la historia de los homosapiens, como el calor en termodinámica, fluye de los lugares con “más” a los lugares con “menos”.

P.S.: Álvaro Cabezas también comenta este tema en su blog, desde un enfoque paralelo.


La fuerza del anhelo, o Google

31 octubre 2009

Viene a decir Zygmunt Bauman en su Modernidad líquida (*) que la actual es una sociedad de individuos formalmente emancipados, en la que todas las regulaciones y constricciones se han disuelto y el destino de cada cual está en sus manos. Como las identidades no vienen dadas y completas, los individuos deben alcanzarlas por sí mismos a lo largo de su vida. Por eso, se vuelven consumidores perpetuamente insatisfechos, anhelantes perseguidores de su propia identidad entre las múltiples ofertas del (super/hiper)mercado.

Cada cosa que se consigue da ocasión a buscar otra, como en una carrera, de forma que “ningún premio es absolutamente satisfactorio”. “El deseo se convierte en su propio objetivo, un objetivo único e incuestionable”, dice Bauman. Se trata sobre todo de seguir en carrera, en pos de nuevos logros que puedan culminar, perfeccionar nuestra anhelada identidad, pero que no consiguen hacerlo nunca. “El arquetipo de la carrera que corre cada miembro de la sociedad de consumidores […] es la actividad de comprar” (*).

Y el arquetipo del deseo globalizado y masivo, me parece a mí, es Google. En un mundo desregulado, donde el poder es evasivo y extraterritorial, quien pone las cosas en orden, permite perseguir los deseos y articula las preferencias de vida es Google. La máquina de buscar sirve para intentar rellenar la brecha que Bauman sitúa entre nuestra condición de individuos de iure y nuestras posibilidades de ser individuos determinados de facto, con una identidad propia y libremente adquirida. Es un instrumento clave del capitalismo suave.

La límpida interfaz de Google, rápidamente exitosa e imitada, significa mucho: traduce en internet la ausencia de atributos del individuo dado, en pos de su concreción. Y no en vano la esencia de internet, hasta las redes sociales, ha sido unos años la búsqueda: donde nos buscamos. Google gestiona el menú del “gran buffet del mundo” (Bauman) en que los consumidores van decantándose y eligiendo su vida como viajeros, madres, geeks, esquiadores, singles, coleccionistas, profesionales, gays, gourmets, amigos, apostantes, espectadores, u otras muchas identidades.

El buscador nos ordena el menú en función de lo que compran otros consumidores, según la popularidad de los productos, para que tomemos posición relativa. Restablece así un principio de autoridad en una cultura donde las prefencias, principios y prioridades no vienen ya dados por la tradición. (La autoridad queda luego expuesta a confrontación, más allá del buscador, en las redes sociales). Y Google, sobre todo, satisface nuestros deseos, o lo procura; al instante si es posible, o lo antes que se pueda, para que el deseo satisfecho genere otro nuevo enseguida. Estimula, en realidad, el anhelo, la fantasía que va incluso más allá del deseo (Bauman).

A pesar de su visión idealista de lo humano, tiene razón Bauman en lo de la sociedad líquida. Pero no dice que la causa de la licuefacción es la fluidez, intensidad y aceleración de las dinámicas informativas que sostienen a las poblaciones y culturas de los homosapiens. La cual no crea individuos soberanos, sino dependientes del magma colectivo de procesos informativos, de la inteligencia reticular y ciborg de la especie, en la que Google es un primer y destacado agente (como después lo están siendo las redes sociales).

(*) BAUMAN, Zygmunt. Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2008, p. 78-81.


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